Boston, en pie de resistencia

Este campamento se prepara para celebrar su primer mes de ocupación. La llegada del invierno es el próximo gran reto.

A escasos metros del muelle donde en 1773 se la lanzaron al mar cientos de toneladas de té en protesta a la opresión inglesa, en lo que sería el inicio de la insurrección popular que marcaría el destino de la nación americana, está localizada Dewey Square, una enorme plazoleta ocupada por más de trescientas personas que desde el pasado 30 de septiembre se han sumado al ascendente movimiento nacional de ocupación.

Justo como ocurre en Nueva York, donde nació este fenómeno el pasado 17 de septiembre, la rabia por la corrupción del sistema financiero y su injerencia en el gobierno, el desempleo, la crisis de vivienda, los altos créditos educativos y los sobrecostos de la salud y de la guerra mantienen de igual forma a este grupo de estudiantes, ancianos, mujeres y niños, provenientes de todos los rincones de la sociedad aireando sus problemas, frustraciones y miedos en un sofisticado caserío de tiendas de campaña en pleno corazón financiero de Boston.

Aquí, cada carpa es un pequeño universo de problemas y soluciones por descifrar. A la entrada de la plaza, quizá la mas enigmática de todas. El campamento Alex es una gruta construida con palos y lonas de colores. Su estructura, en su totalidad decorada por cientos de banderas, cartas y material de intendencia militar que contrastan con la tragedia de quien la habita.

“Cada abrazo de condolencia me alimenta para seguir aquí”, dice Carlos Arredondo, padre de Alex, quien murió a sus escasos 17 años en Nayab, Irak peleando una guerra, que según su padre no fue por la seguridad de este país sino por el petróleo y la codicia de unos cuantos. “La situación es tan difícil en Estados Unidos que para millones de jóvenes el ejercito es la única opción de empleo” añade el costarricense quien asegura que los que se benefician de estas guerras son las grandes corporaciones. “Por eso hay tantos veteranos y ex militares que se han unido a esta ocupación, no solo en Boston sino en el resto del país”, añade el hombre de 52 años quien tiene parte de su cuerpo quemado, luego que se prendiera en fuego el día que conoció sobre la muerte de su único hijo.

Mientras se continúan recortando recursos para la educación y la salud reportes sobre millonarias inversiones en tecnología militar siguen saliendo a la luz pública, justo como ocurre con la compra que se planea realizar de 2.400 bombarderos F-35 por un valor total de un trillón de dólares. “Esto es otra muestra más que el interés de unos pocos tienen a este país por los cuernos” explica Shawn Ricks, un estudiante universitario que debió abandonar las aulas debido a los altos intereses de su crédito educativo. “Acá todos somos parte del 99%”

Entre las carpas que reposan sobre estructuras de madera para evitar inundaciones en días de lluvia se encuentra de todo, una carpa tibetana dedicada a la mediación, otra destinada para discusiones trasgénero, un centro de salud con enfermeras y trabajadores sociales, un centro de asesoría legal así como una gigantesca biblioteca que se roba toda la atención en el oeste de la plaza. No muy lejos de allí la cocina, la cual sirve más de dos mil raciones de comida al día. “La solidaridad de la gente con este movimiento es algo increíble” asegura Dan Kontoff legendario activista de la ciudad.

Así lo confirma, Deborah de 56 años, quien religiosamente a las 6 de la mañana detiene su carro para descargar cuatro galones de café hirviendo y más de 200 rosquillas. “Estoy muy orgullosa de lo que está ocurriendo, la gente en todo el país se está agrupando para decir basta. Por eso contribuyo a diario con la causa”. Como ella son muchas las personas que se acercan constantemente a donar comida, ropa, mantas y libros.

“Esta es una lucha que apenas comienza, el trayecto hacia la victoria es un camino largo” aseguró proféticamente sobre el movimiento nacional de ocupación Noam Chomsky, reconocido académico de la universidad MIT ante más de tres mil personas que se congregaron el pasado sábado en el campamento para escuchar este tipo de charlas, en las que distintos académicos discuten con todo el campamento sobre los problemas que afligen a la nación.

Sin embargo hay problemas más inmediatos por resolver dentro de la ocupación. Vendedores de drogas que ven en la plaza un lugar perfecto para hacer su feria han puesto en problemas la tranquilidad de la plaza. “El comité se seguridad ha tenido que implementar un estricto sistema para remover a estas personas. No podemos poner en riesgo la continuidad de este movimiento por unos cuantos”, añade Kontoff quien asegura que hay que entender que en una comunidad donde habitan gran parte de personas de la calle, las drogas y el alcohol son un problema que entre todos hay que ayudar a contener.

Por su parte la policía, luego del arresto masivo de más de 141 personas el pasado 10 de octubre cuando el campamento trató de expenderse a un parque contiguo, se ha mantenido al margen de cualquier confrontación. En parte, gracias al reciente pronunciamiento del alcalde de la ciudad Thomas M. Menino quien ha dicho que se seguirá permitiendo la ocupación de Dewey Square.

Hoy con casi 30 mil dólares en donaciones la llegada del invierno es el próximo gran reto. “Estamos pensando en comprar carpas militares que soportan temperaturas hasta diez grados bajo cero. Tenemos que garantizar nuestra supervivencia cuando llegue la nieve y las tormentas” explica Alex del comité de medios de comunicación, el cual coordinó durante el fin de semana la primera asamblea general en un barrio marginal de Boston. “Nuestro objetivo es expandir el movimiento por toda la periferia de la ciudad, justo como ocurre por estos días en Nueva York”.