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El Mundo 9 Jul 2013 - 9:11 pm

EE.UU. está abierto al debate sobre drogas

'Colombia tiene más experiencia que cualquiera' en la lucha contra las drogas

El secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Narcotráfico de Estados Unidos, William Brownfield, asegura que los avances frente a la cocaína han sido notables en el país.

Por: Diego Alarcón Rozo
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William Brownfield fue embajador en Colombia entre 2007 y 2010. / Reuters

En agosto próximo habrán pasado tres años desde que William Brownfield dejó de estar al frente de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá, después de que llegara a ella en septiembre de 2007. Hoy dice que guarda muy buenos recuerdos de su paso por el país y que dentro de sus planes está volver de visita en “un futuro no muy lejano”. Lo hará en calidad de secretario de Estado Adjunto para Asuntos de Narcotráfico y Aplicación de la Ley, un cargo en el que afirma tener un diálogo bastante productivo con Colombia.

Ese es el puesto que ocupa en la actualidad y al que llegó tras su período de servicio en Bogotá. La vida de William Brownfield se desarrolla ahora en Washington, desde donde concedió una entrevista a El Espectador para tratar un tema que se roba muchas páginas en los últimos meses: el debate en torno a la posibilidad de crear un nuevo enfoque en el combate contra las drogas. El exembajador reafirma la posición de su gobierno de estar dispuesto al diálogo, aunque no considera que sea momento de cambiar las convenciones internacionales que rigen la lucha en la actualidad. Reconoce que el principal problema en Colombia sigue siendo la producción de cocaína, aunque es claro en resaltar los avances en esa materia. Adelanta, además, que Washington experimenta por estos días con el uso de drones —aviones no tripulados— para el monitoreo y recolección de inteligencia en el Caribe, como un arma para diezmar al narcotráfico.

El debate sobre la legalización en Estados Unidos ha girado principalmente alrededor de la marihuana. ¿Cree usted que puede ser la puerta de entrada hacia la regulación de otras sustancias?

Es un debate nacional en los Estados Unidos y en este momento está limitado, casi exclusivamente, a la cuestión de la marihuana. Dieciocho estados y el Distrito de Columbia permiten de alguna forma el uso de marihuana por razones medicinales. Hasta el momento no he escuchado la voz de alguien hablando en serio de legalización de cocaína, de heroína, de metanfetamina. Puede ser que haya algunos que piensen así, pero en este momento el debate que tenemos está limitado a la marihuana.

La Cumbre de las Américas de Cartagena (2012) marcó el inicio de una nueva visión para encarar el problema de las drogas ilícitas cuando varios líderes llamaron al debate. Para la historia, ¿este podría ser el punto de partida para un cambio?

Sin duda alguna la cumbre de Cartagena marcó un momento de hablar, de considerar un diálogo sobre reformas de la política antidroga en el hemisferio; pero es muy pronto para hablar de un resultado. En este momento hemos tenido varias oportunidades para dialogar más en esa área, incluyendo la asamblea general de la OEA el mes pasado en Antigua, la Comisión de la Droga Narcótica en Viena como elemento de las Naciones Unidas, y el informe de la OEA presentado en Bogotá hace mes y medio. Pero creo que es demasiado temprano para hablar de la cumbre como algo que produjo un cambio. Lo que produjo hasta el momento fue un diálogo.

Washington asegura estar dispuesto a dar el debate, pero a la vez no contempla cambios fundamentales en las convenciones internacionales. ¿Cómo conseguir cambios entonces?

En este momento la posición que he articulado, así como por supuesto lo han hecho otros representantes y voceros del gobierno de los Estados Unidos, es la siguiente: uno es dar la bienvenida al debate; dos, cuando hablamos de este tema hay que basar la conversación en evidencia y ciencia. La aspiración y la esperanza no pueden ser base para lograr cambios fundamentales de política, de ley o de convención. Y tres, que hay espacio en las tres convenciones globales existentes que permiten modificaciones, enmiendas y cambios. No deberíamos pensar en cambiar o escribir nuevas convenciones, por una razón bastante práctica: tardamos casi 50 años en conseguir consenso universal sobre las convenciones. Esperar otros 40 o 50 años para nuevas convenciones sería problemático, en mi opinión, para el resto del mundo.

En las últimas décadas la lucha de EE.UU. contra las drogas tuvo a la cocaína como protagonista. ¿Sigue siendo la principal sustancia a combatir? ¿Se combate a las drogas sintéticas con la misma intensidad actualmente?

El consumo de cocaína y también de metanfetamina en los Estados Unidos se ha reducido bastante en los últimos seis o siete años, y cuando digo sustancialmente hablo de 40 a 50%. Esto es significativo y por supuesto tiene un impacto en las áreas en las que priorizamos nuestros esfuerzos. Lo que vemos en EE.UU. es un aumento en el consumo de las drogas sintéticas, en el desvío de las drogas farmacéuticas y en el consumo de marihuana y un poco de heroína, pero a un grado mucho menor. La cocaína y la metanfetamina transitan por América Central y México hacia nuestro país. Las drogas sintéticas, las farmacéuticas y la marihuana son drogas que lamentablemente están siendo producidas en los Estados Unidos. La lógica entonces es que para nosotros hay menos necesidad de realizar esfuerzos en la zona de tránsito y más interés, por supuesto, en colaborar con los otros países del hemisferio que en este momento sufren del mismo problema de consumo.

¿Cómo se combate el problema cuando la producción se da de forma interna?

La diferencia en términos de nuestros esfuerzos, por supuesto, es cuestión de educación: educar al pueblo estadounidense sobre los peligros de las drogas sintéticas y, por otra parte, controlar y manejar las químicas necesarias para producir esas drogas.

En el hemisferio, la presión ejercida sobre los carteles estuvo acompañada por la aparición de nuevo focos. De Colombia se pasó a México y de México a Centro América. ¿Está apareciendo una región con un fuerte crecimiento en el tráfico ilegal?

No quiero llegar a conclusiones en este momento porque la industria narcotraficante es una industria bastante flexible que produce cambios en reacción a los esfuerzos de los gobiernos y los mercados. Pero lo que sí vemos es la reducción del cultivo y la producción de coca y cocaína en Colombia, y un aumento en los dos países andinos más hacia el sur: Perú y Bolivia. Colombia sigue siendo la fuente para la gran mayoría de la cocaína consumida en los Estados Unidos, pero se consume mucha menos cocaína en este momento. Colombia produce mucha menos cocaína en este momento. Lo que no vemos necesariamente es el aumento de producción en la zona de tránsito.

¿Cómo está África en el contexto de la lucha contra las drogas? Después del trabajo en América Latina, ¿se podría ver a África como la nueva prioridad de Washington para la lucha contra las drogas?

Sin duda alguna es una de las prioridades y la razón es bastante sencilla: mientras los países del hemisferio tenemos más éxito en interrumpir y reducir el movimiento de la droga ilícita del sur hacia el norte, vemos cómo una reacción lógica a ese éxito es más movimiento del producto del oeste al este. África Occidental es particularmente vulnerable a ese flujo de la droga ilícita, no porque represente un mercado importante sino porque representa un punto de tránsito para el producto que pasa de América del Sur y el Caribe hacia Europa Occidental. Lo que vemos en África en este momento son varios estados bastante vulnerables con instituciones débiles, y por tanto vulnerables a la penetración de carteles multibillonarios y transnacionales. Nosotros hemos dedicado más recursos y más esfuerzo a esa zona del oeste de África, con la participación, el apoyo y en algunos casos el liderazgo del gobierno colombiano.

¿Cuál ha sido la contribución de Colombia en ese sentido?

En 2011 comenzamos una iniciativa con participación de los cuatro continentes: la Iniciativa para la Seguridad Cooperativa en África Occidental. Hemos tenido cuatro reuniones patrocinadas por el gobierno de Washington, por el gobierno francés y por el gobierno británico. Colombia ha participado al nivel diplomático, pero también al nivel de la Policía Nacional en cada una de esas reuniones. Hemos desarrollado una estrategia, un plan de acción para los países contribuyentes y los países de África Occidental. Hemos establecido mecanismos que permiten compartir inteligencia, información, sobre el movimiento específico de droga ilícita por el Atlántico.

El FBI reconoció el uso de drones para la vigilancia dentro de Estados Unidos. ¿Estas aeronaves son usadas también para el control del narcotráfico?

Hemos experimentado un poco con eso en unos dos países del Caribe. No quiero sugerir que ya tenemos planes operacionales muy sofisticados. Hemos experimentado con su uso como mecanismo para monitoreo y recolección de inteligencia en tiempo real sobre el tránsito de droga. Es parte de nuestra visión para el futuro. Es una de las áreas donde queremos considerar más uso y más actividad en el futuro. Hay que pensar bien en cómo usarlos; son efectivos en algunas áreas, menos efectivos en otras. No hay posibilidad alguna de usar drones letales en este esfuerzo.

¿Dentro de los fines de las operaciones de espionaje masivo que reveló Edward Snowden estaba también la lucha contra las drogas?

Esa pregunta es muy difícil para mí porque el gobierno que represento no ha confirmado absolutamente ninguna declaración, ninguna sugerencia de información, por parte del señor Snowden. Lo que sí puedo decir es que queremos explorar el uso de toda la tecnología para resistir los esfuerzos, las operaciones, las actividades de los carteles y las organizaciones criminales transnacionales. ¿Por qué? Porque ellos también usan esa tecnología.

¿ nivel de Colombia, ¿cuál es la principal preocupación? ¿Siguen siendo la cocaína y sus organizaciones derivadas?

En este momento, el objetivo común de los gobiernos colombiano y estadounidense es asegurar que todo este magnífico progreso de los últimos 10 años se consolide de una manera irreversible. Sin duda alguna, quedan algunas organizaciones criminales en Colombia y en EE.UU. que tienen relaciones y que permiten la colaboración criminal. Ahora bien, no voy a ofrecer detalles tácticos de esto, porque, por supuesto, no quiero publicar nuestras áreas de enfoque, pero tenemos interés en algunas organizaciones y bacrim específicas. Espero que durante los meses que vienen podamos hablar de más éxitos policiales.

¿Qué le dejó su paso por la Embajada de Bogotá que pudiera enriquecer su rol como subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del Narcotráfico?

Espero tener la oportunidad de visitar de nuevo nuestra embajada en Bogotá en un futuro no muy lejano. Tenemos un diálogo bastante productivo, en el que participo yo, sobre cómo los dos gobiernos pueden colaborar con otros países, con otras regiones. Colombia puede ejercer una posición de liderazgo regional, hemisférico y global, donde claramente tiene más experiencia que cualquier otro gobierno y cualquier otro país en el mundo, en el combate del narcotráfico y del terrorismo, en capacitar policías y fuerzas de seguridad. Espero tener la oportunidad de tener más diálogos con las autoridades colombianas durante los meses que vienen y sobre cómo podemos colaborar aún más en esas áreas.

dalarcon@elespectador.com

@Motamotta

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