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La crueldad del 'narco'

Cadáveres sin manos ni pies, decapitados y cuerpos colgados de los puentes son los más recientes actos macabros de los carteles.

AFP / México
22 de mayo de 2012 - 10:00 p. m.

La creciente crueldad en las masacres atribuidas al narcotráfico en México no es obra de psicópatas sino el resultado calculado de la competencia por un titular entre capos de los carteles, la cual los lleva a decapitar, mutilar o colgar de puentes a decenas de personas. “No hay antecedentes en el mundo de estos niveles de violencia. En Italia, con la mafia, hubo un ejercicio de la violencia muy puntual, directo. En Colombia hay algunos casos como el llamado ‘asesino de la motosierra’, pero nada comparado con México”, comentó a la AFP Martín Barrón, investigador del estatal Instituto Nacional de Ciencias Penales.

Desde las cinco cabezas humanas arrojadas en la pista de baile en un bar de la localidad de Uruapan, en septiembre de 2006, considerado uno de los primeros asesinatos del narcotráfico con tintes macabros, la brutalidad de los narcotraficantes en México ha ido en aumento. El último y más brutal episodio fue el hallazgo, de 49 cadáveres en Cadereyta, en el estado de Nuevo León (norte), a los que les fueron cercenados manos, pies y cabeza, en lo que se presume es un intento por complicar la identificación de las víctimas.

Cuatro días antes, en las cercanías de Guadalajara, la segunda mayor ciudad del país, 18 cuerpos decapitados fueron localizados dentro de dos vehículos, mientras que el 4 de mayo Nuevo Laredo amaneció con nueve personas colgadas de un puente y se descubrieron 14 decapitados. Las autoridades atribuyen estas masacres a las disputas entre Los Zetas, militares que desertaron a mediados de 1990 para unirse al narcotráfico, y el Cartel de Sinaloa, que se presume está aliado con otras organizaciones, como el Cartel del Golfo.

Feggy Ostrosky, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México y una de las pocas que realiza perfiles psicológicos de asesinos, atribuye esta violencia a una profunda descomposición social resultado de fallas en las instituciones del Estado y de la familia. “Estas personas se incorporan al crimen organizado porque les ofrecen grandes sumas de dinero por ‘trabajos’ rápidos como asesinar, decapitar”, señala Ostrosky al subrayar que no se trata de locos ni de psicópatas con una predisposición genética a la violencia. “Son gente que nace con un sistema nervioso normal, sin alteraciones genéticas, pero empiezan a funcionar como verdaderos psicópatas porque ven a las personas como cosas a las que pueden maltratar”, añade la doctora en psicología.

Uno de los casos más macabros es el de Santiago Meza, El Pozolero, un albañil que difícilmente ganaba 50 dólares semanales pero que recibió 600 dólares por cada uno de los más de 300 cuerpos que disolvió en ácido por encargo. La brutalidad convertida en sello de los carteles, añade Barrón, es también una “muestra de fuerza” hacia el Estado y otros carteles, en medio de la feroz lucha por el control de las rutas de las drogas en México, donde, según recuentos periodísticos, la ola de violencia criminal deja más de 50.000 muertos desde diciembre de 2006.

Por AFP / México

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