La década de los K

Los argentinos se preguntan qué pasó con el país con el que Néstor Kirchner soñó: su sucesora y viuda tampoco logra hacerlo realidad.

El kirchnerismo tiene listos actos en la Plaza de Mayo para celebrar la década de gobierno. La oposición también prepara manifestaciones para hoy. / AFP
El kirchnerismo tiene listos actos en la Plaza de Mayo para celebrar la década de gobierno. La oposición también prepara manifestaciones para hoy. / AFP

El kirchnerismo cumple hoy una década en el poder. Diez años de gobierno ininterrumpido en los que analistas resaltan que Argentina ha tenido un enorme crecimiento económico, con mejores sociales, pero con graves problemas de corrupción y debilidad financiera . Con un estilo desafiante, Néstor Kirchner y su esposa y sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, recibieron un país que tocaba fondo, un país sumido en una profunda crisis social, política y económica que, gracias a la habilidad política de Kirchner, supieron sortear.

En 2003 nadie se imaginaba que Néstor Kirchner, una figura política nueva y desconocida para muchos, iba a ser capaz de reconstruir un Estado todavía colapsado y golpeado por la grave crisis financiera de 2001. Sin embargo, este político oriundo de la Patagonia, que ganó en las urnas con sólo el 22% de los votos, supo arreglárselas para solucionar las falencias que sufrían los sectores humildes de la sociedad.

El camino no fue fácil, pero la estrategia dio excelentes resultados. Según la columnista Victoria Donda Pérez, del diario Infobae, como primera medida Kirchner reunió un equipo compuesto por los representantes mejor calificados de los partidos políticos existentes y se alió con los movimientos sociales que surgieron después de 2001. De este modo pudo remediar poco a poco los conflictos políticos y la insatisfacción general que había entre los argentinos.

Esta etapa de reconstrucción, reconoce Jorge Castro, analista político y director del Instituto de Planeamiento Estratégico de Argentina, se vio favorecida por un buen clima económico mundial que benefició a toda América Latina. Las grandes economías demandaban enormes cantidades de commodities (energía, agroalimentos, minerales, carnes), productos de los cuales Argentina posee un gran potencial, por tanto la situación atrajo un intercambio portentoso y la movilización de flujo de capitales sin precedentes.

De acuerdo con el reporte de la consultora económica Abeceb, desde 2003 hasta 2007 el gobierno de Néstor Kirchner logró resolver de manera exitosa tres puntos claves para apalancar el crecimiento del país sin dejar de lado la equidad: fomentó la inversión, generó empleo y desarrolló políticas de inclusión social. No obstante, falló en sentar las bases para sostener el desarrollo, ya que no hubo orden fiscal, monetario ni financiero suficiente, como no hubo una estrategia fuerte para procurar la inserción definitiva de Argentina en la economía global.

En 2007 Cristina Fernández asumió el legado de su marido, junto con todas sus inconsistencias, las cuales derivaron en época de escasez. Los paños de agua tibia ya no eran suficientes para sostener la economía. El análisis de Abeceb marca en este punto un desplome de la inversión, un mercado incapaz de generar puestos de trabajo en el sector privado —con lo que se vieron afectados los logros en inclusión social—, además de amenazado por una inflación que puso en alerta el poder adquisitivo de los argentinos.

A finales de 2011 ya no hubo escapatoria. Ante aquella estrategia de la no estrategia, como la designa Abeceb en su reseña, ante la falta de una política económica clara, de un todo organizador, temas de fondo como la inflación (que impacta tanto al común de los argentinos como a los empresarios y por la cual el Gobierno ha recibido sanciones por adulterar las cifras) y el desempleo (que se ubica en 7,2%) se han quedado hasta hoy sin resolver.

Castro asegura que todas estas condiciones mercantiles, sumadas a las denuncias por corrupción en las que se ha visto involucrada la presidenta, los conflictos que ha tenido con los sindicatos y la opinión pública, además de las medidas proteccionistas del mercado nacional, dejan una sensación en algunos sectores de la sociedad de que Cristina Fernández de Kirchner está gobernando de una manera aislada, y algunos se atreven a pensar que es también excluyente.

Analistas desechan la idea de la “década kirchnerista” o la “década ganada“, expresión del Gobierno que se contrapone a la de la “década perdida” para referirse a los años 80 en América Latina, y consideran que ese período está dividido entre la etapa de florecimiento económico de Néstor Kirchner y una actual de estancamiento.