¿Desinformación por una noble causa en campaña 'Kony 2012'?

El video que revela las atrocidades cometidas por Joseph Kony en Uganda tendría graves consecuencias en ese país.

A pesar del éxito en las redes sociales del video Kony 2012, la ONG Invisible Children ha sido foco de críticas por parte de la prensa (ugandesa e internacional), de otras organizaciones no gubernamentales e incluso de los habitantes del norte de Uganda, que lo han tildado de proyectar una mirada simplista y errónea del conflicto en África Central.

Es un hecho que en los últimos 20 años Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor (Lord’s Resistance Army, LRA) han perpetrado terribles violaciones de derechos humanos en la zona, particularmente en el distrito y la ciudad de Gulu, como el reclutamiento forzoso de menores, mutilaciones, violaciones y masacres. Es claro también que estas atrocidades deben detenerse cuanto antes, y que Invisible Children se ha embarcado en defender la más noble de las causas. Sin embargo, varias voces critican el documental (que describe más el trabajo de la organización que la compleja realidad de un conflicto que cumple 25 años) y utiliza información incompleta para difundir su mensaje y fortalecer una campaña de dudosa efectividad.

Desde los primeros minutos, el video muestra a Gulu como una ciudad asolada por Kony y su ejército, donde los niños tienen que esconderse para no ser secuestrados. Así fue hace unos años, pero hoy en día Gulu es una ciudad funcional, que se recupera lenta pero satisfactoriamente de su pasado traumático. La prostitución infantil, el sida y el desempleo son algunas de las dificultades sociales contra las que la población lucha actualmente (y quizá a donde las campañas deberían dirigirse); pero no la violencia.

Más importante aún es que Kony no ha aparecido en Gulu, ni en ninguna parte de Uganda, desde hace 6 años. En 2006 el LRA se movilizó a lo que hoy es Sudán del Sur, pero ni siquiera allí se ha reportado actividad reciente del grupo rebelde. La misión de Médicos Sin Fronteras en Yambio, Sudán del Sur, donde se registraron algunos ataques hace dos años, cerró el programa para niños secuestrados porque los casos llegaron casi a cero. “Ahora tratamos casos de malaria, pero el LRA ya no opera en Uganda ni Sudán del Sur”, me dijo en octubre Gassan, director de la misión de MSF en Yambio, “ahora están cerca de las fronteras de la República Democrática del Congo y la República Centroafricana”, agregó.

Según el video, el LRA está compuesto por 30.000 niños secuestrados obligados a matar a sus propios padres. Se calcula que tiene entre 200 y 300 miembros actualmente, que realizan ataques indiscriminados, en pequeños grupos, haciéndolos muy difíciles de predecir.

El video sugiere que de no ser por “nosotros” (el público que comparte el video y apoya la causa), y por la petición enviada por la ONG con el apoyo de estudiantes universitarios, el gobierno de Barack Obama jamás habría enviado tropas a Uganda, apoyando una causa humanitaria en la que no están en juego los intereses estadounidenses. En varias ocasiones Estados Unidos ha participado en operaciones militares en la zona: Operación Norte, en 1991; Operación Puño de Hierro, en 2002, y Operación Trueno Luminoso, en 2008. Todas fracasaron, y generaron terribles repercusiones en las comunidades locales por las retaliaciones del LRA.

En Kony 2012, Jason Russell, narrador del documental y cofundador de Invisible Children, describe el despliegue de cien tropas estadounidenses en el norte de Uganda, en octubre del año pasado, como un triunfo de su campaña de concientización. Desde hace varios años soldados y mercenarios de compañías privadas estadounidenses preparan a las tropas locales en el país para contrarrestar a las guerrillas que operan en la zona, y entrenan soldados ugandeses para combatir al grupo fundamentalista Al Shabaab en Somalia, según me lo confirmó el coronel Paddy Ankunda, vocero de la misión de la Unión Africana en Somalia.

Periodistas ugandeses como Rosebell Kagumire y Angelo Izama han escrito en sus blogs sobre las inquietudes que Kony 2012 ha generado en la población local, y califican el video como una campaña “altamente irresponsable”. Según lo han demostrado las misiones anteriores, y el modus operandi del LRA, apoyar la campaña significa promover la intervención militar estadounidense en Uganda, sin tener en cuenta sus consecuencias colaterales: venta de armas al Gobierno, militarización en áreas rurales, intensificación del conflicto, desplazamiento forzoso de civiles, retaliaciones del grupo rebelde sobre la población (más secuestros, más mutilaciones, más violaciones, etc.).

Apoyar al gobierno y al ejército de Uganda, otra de las causas por las que aboga Invisible Children, también tiene sus problemas. El Gobierno del país, liderado durante 26 años por el presidente Yoweri Museveni, se ha hecho célebre por la persecución a las minorías sexuales (el año pasado el Parlamento presentó un proyecto de ley para aplicar la pena de muerte a los homosexuales), y ha sido blanco de acusaciones por coartar la libertad de expresión, por fraude electoral y corrupción generalizada (Uganda ocupa el puesto 143 entre 182, según Transparencia Internacional).

Otras motivaciones

Aparte de “detener a Kony”, algunos bloggers adeptos a las teorías de la conspiración y el grupo de Facebook ‘Don’t fall for the Kony 2012 Deception’ (No te dejes engañar por Kony 2012) ya han sugerido que se trata de una fachada concebida por el gobierno de Obama para tomar control de una zona estratégica en África Central. Otros críticos han apelado al argumento del control de los recursos minerales en esta zona.

En febrero del año pasado, el periódico sudafricano Mail & Guardian publicó un reportaje sobre las enormes reservas petroleras encontradas en el noroeste de Uganda (2,5 billones de barriles); cerca de Gulu, cerca de donde opera el ejército estadounidense. Para muchos críticos de la campaña y de la intervención de ese país, el control de esta zona petrolera es la verdadera agenda de la Casa Blanca.

Otro de los puntos que se han criticado de Invisible Children es el de su manejo de las finanzas. Si bien es reprochable que la organización dedique sólo el 30% de sus recursos a proyectos comunitarios, es importante reconocer que aparentemente esas finanzas se han manejado con transparencia. No es claro, sin embargo, que se trate de una organización sin ánimo de lucro, ni es claro cómo se van a emplear los recursos que capte la campaña a través de donaciones y de la venta del kit para “hacer famoso a Joseph Kony”.

Rosebell Kagumire, reportera sobre conflicto y paz, reconoce que tanto Kony como las violaciones de derechos humanos deben detenerse, pero afirma “que la campaña está planteada de una manera que deja de lado a los verdaderos actores y víctimas del conflicto. Se están enfocando en una solución estadounidense para un conflicto africano”, escribe en su blog. El video, calificado como “pornoviolencia” por Angelo Izama, simplifica el conflicto y simplifica la solución, con posibles consecuencias peligrosas.

El video es poderoso y persuasivo, y ha logrado poner a Joseph Kony y sus atrocidades en el radar. Pero su mensaje, dicen sus críticos, es superficial y convierte a Kony en una celebridad del terrorismo mundial (si es que no lo era ya). Kony 2012 es quizá una de las campañas en derechos humanos más vanguardistas que África ha visto, pero está lejos de garantizar el éxito humanitario en una realidad compleja y desconocida.

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