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El Mundo 10 Dic 2011 - 9:00 pm

Entre la competencia y el llamado ‘poder suave’

Diplomacia por deporte

Para estrechar sus relaciones internacionales, la Cancillería colombiana incluye a los deportistas. Delegaciones nacionales ya se han desplazado a países como Jamaica y Argentina y la más reciente regresa mañana de Francia.

Por: Diego Alarcón Rozo
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    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/diplomacia-deporte-articulo-315904
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Imagen de los jóvenes atletas colombianos en Kingston, entrenándose en el mismo complejo deportivo en el que Usain Bolt se alista para los Juegos Olímpicos del próximo año. / Fotos: Cortesía Cancillería

José Manuel Diosa nació en Apartadó, Antioquia, una tierra tan fecunda para el cultivo del banano como para el nacimiento de atletas. Tierra fértil para la violencia también, que durante años ha manchado de sangre el verde bananero que se ve cuando los aviones viajan a la costa y el cielo está despejado. En Apartadó nació Caterine Ibargüen, la primera mujer colombiana en ganar una medalla en un mundial de atletismo de mayores.

Por décadas el Urabá antioqueño ha sufrido por el fuego y las balas. Primero fueron las Farc, luego las Auc y hoy sus vestigios, a los que llaman bacrim que, son bandas criminales. En uno de estos capítulos difíciles la familia Diosa tuvo que salir desplazada de Apartadó y se dirigió al que era el principal foco migratorio de la región: Medellín. Llegaron a los barrios a donde podrían llegar, con realidades igualmente difíciles de violencia urbana, microtráfico y otros vicios. Se instalaron en la Comuna 13, donde nacen muchos y otros juegan rugby o fútbol, o patinan o aprenden taekwondo: la Alcaldía de Medellín con su iniciativa Escuelas Populares del Deporte tiende manos a los jóvenes antes de que le empeñen el corazón a la violencia.

En París, el Proyecto Club Massy Essonne apunta a lo mismo, a la inclusión social de los vulnerables. Se presenta ante los jóvenes del gueto como la opción para evitar el que parece ser su destino de robo y pocas oportunidades. El rugby es el salvavidas. En la madrugada de mañana, José Manuel Diosa regresará de París, donde conoció el proyecto y a los dirigentes de la Federación Francesa de Rugby, y donde ayer pudo ver el partido entre el Racing Metro y el London Irish, un juego de la Copa Europea. Como es evidente, Diosa escogió el rugby y hoy es miembro de los Tucanes, como se llama la Selección Colombia; conoce a Los Pumas, la Selección Argentina, y tiene un destino común con jóvenes parisinos a miles de kilómetros de distancia. Muchos de sus amigos de infancia no tocaron un balón y hoy están muertos o en la cárcel. De no ser por el rugby, quizá mañana no podría contarle a nadie que París “es hermosa”, como dice ahora mientras habla por teléfono y acaba de entrar el Museo Francés del Deporte.

Diplomacia deportiva

Luis Armando Soto también está en París, acompañando a José Manuel Diosa y a Andrés Roberto Gómez, presidente de la Federación Colombiana de Rugby. Él está a cargo de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería colombiana y relata que al asumir el ministerio, la canciller María Ángela Holguín (agosto de 2010) quiso darle más vuelo a la diplomacia deportiva, porque “el deporte abre puertas muy generosas”. Diplomacia deportiva es acercarse a otros países, compartir y cooperar a través del deporte, aunque suene redundante.

Si Francia tiene proyectos similares a los que puede tener un país como Colombia, por qué no compartir las experiencias y trabajar juntos; por qué no intercambiar deportistas, conocer los proyectos; por qué no estrechar lazos. En un sentido simplista bastará con decir que el deporte, al menos, siempre será un tema para la conversación y de conversaciones nacen lazos y amistades. A fuerza de conversaciones, lazos y amistades, Brasil pudo convertirse en sede del Mundial de Fútbol de 2014 y Río de Janeiro en la ciudad para los Juegos Olímpicos de 2016. Se trató de un posicionamiento global liderado por Luiz Inácio Lula y cinco diplomáticos brasileños, vinculados con la Cancillería, que pensaban y repensaban día y noche en deporte.

De la misma manera en que Colombia ha recibido a más de 20 países del mundo —Reino Unido, España, Ecuador, Venezuela, Ghana y Sierra Leona a bordo— para definir convenios de cooperación en inteligencia, formación antisecuestro, control policial y combate al narcotráfico, el país puede —quiere— pedir y ofrecer un trato similar en otros frentes. El deporte, por supuesto. Deportistas como Diosa estaban en Buenos Aires hace tres semanas jugando con sus colegas y escuchando a sus entrenadores. El entrenador Jamer Ochoa, especialista en encontrar diamantes en los céspedes del Urabá, hace dos semanas estaba en Jamaica, viendo en Kingston las rutinas del récord mundial de los cien metros planos, Usain Bolt, al lado de 15 jóvenes colombianos que quieren seguir sus largos pasos. A comienzos del próximo año, un grupo de niños futbolistas de la fundación Vení y Jugá de Buenaventura viajarán a Uruguay y Paraguay a conocer los clubes de fútbol, a jugar con ellos, a competir. Buenaventura es una de las mejores fábricas de futbolistas que tiene Colombia, allí se criaron Fredy Rincón y Adolfo El Tren Valencia, sólo por citar a los que han llegado más lejos.

Los académicos le llaman ‘poder suave’, esos puentes de cooperación que trazan los gobiernos para intentar llevar su influencia más allá de sus fronteras, diplomacia. Soto está convencido: “el deporte es mágico porque en momentos de tensión baja los ánimos y si los ánimos están bien, los sube”. Quizá allí esté la explicación de por qué en diciembre del año pasado se pusieron en marcha los juegos fronterizos entre Colombia y Ecuador, en los que participaron deportistas de los departamentos de Putumayo y Nariño; y de Carchi, Esmeraldas y Sucumbíos. Y otro argumento más para advertir las razones por las cuales en mayo pasado los gobernadores de Norte de Santander y del estado venezolano de Táchira conversaron acerca de crear unos nuevos juegos. Las relaciones se estaban recomponiendo después de un juego airado y agresivo, un partido casi tan caliente como un Barcelona-Real Madrid de estos días.

dalarcon@elespectador.com

Mao y la diplomacia del ping-pong

Las partidas de tenis de mesa que más implicaciones políticas han tenido en la historia son sin duda las que se jugaron entre estadounidenses y chinos en 1971. El equipo estadounidense, invitado por el gobierno chino, se convertía en la primera delegación de este país en pisar Pekín desde 1949, cuando Mao Zedong llegó al poder y se inició el distanciamiento entre ambos países. La ‘diplomacia del ping-pong’ preparó las condiciones para que ese mismo año el entonces secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, visitara China, y para que el año siguiente el entonces presidente Richard Nixon también llegara al país asiático. Los anfitriones, como era de esperarse, vencieron a los invitados en partidas amistosas, pero en palabras del entonces primer ministro chino, Zhou Enlai, abrieron la puerta a “un nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre ambos pueblos”. Otros intentos de China de acercarse a países a través de la ‘diplomacia del ping-pong’ no han tenido el mismo éxito: la Asociación Indonesia de Tenis de Mesa, el mismo año en que los deportistas norteamericanos visitaron China, rechazó la invitación de Mao, sugiriendo aceptarla si hubiese mejorado la reputación del gobierno comunista.

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