EE.UU. abre una nueva era en defensa con aviones no tripulados

La Armada realizó su primer vuelo de manera completamente autónoma, guiado únicamente por un satélite de navegación.

Un avión no tripulado de última generación e invisible a radares X-47B luego de aterrizar de manera autónoma en el portaaviones George H.W. Bush., en aguas del Atlántico frente a las costas de Virginia (EE.UU.)
Un avión no tripulado de última generación e invisible a radares X-47B luego de aterrizar de manera autónoma en el portaaviones George H.W. Bush., en aguas del Atlántico frente a las costas de Virginia (EE.UU.)Efe

Un avión no tripulado de la Armada estadounidense realizó el pasado miércoles el primer aterrizaje en un portaaviones de manera totalmente autónoma, sin estar pilotado de manera remota por un ser humano. El acontecimiento es de suma trascendencia, no solo por las dificultades técnicas que entraña tomar tierra sobre la plataforma de un barco, sino por las nuevas posibilidades que se le abren a EE UU de ampliar su programa de drones al poder utilizarlos sin necesidad de contar con la autorización de Gobiernos extranjeros para disponer de sus bases desde las que realizar operaciones en el exterior.

El secretario de la Armada estadounidense, Ray Mabus, destacó esa importancia ante los medios en el portaaviones George H. W. Bush, donde aterrizó el drone X-47B. 'Acaban de asistir a la próxima generación de la aviación naval y las extraordinarias posibilidades que nos puede brindar', señaló Mabus. El aparato despegó de la base aéreo-naval de Patuxent, en Maryland, y, tras desplazarse durante casi 170 kilómetros escoltado por dos F-18, tomó tierra en la nave, frente a la costa de Virginia. A diferencia de los aviones no tripulados empleados por la CIA -el Predator y el Reaper-, que están controlados de manera remota por personas, el modelo empleado por la Armada realizó su vuelo de manera completamente autónoma, guiado únicamente por un satélite de navegación, un software de vuelo avanzado y una red de conexiones de alta seguridad.

El X-47B es tan solo un modelo experimental, con una réplica, fabricado por la compañía Northrup Grumman, fruto de un programa de 1.400 millones de dólares (1.070 millones de euros). Pese a tratarse de un prototipo, este drone ayudará a la Armada a transformar la aviación naval, permitiendo desarrollar portaaviones más versátiles y claves en la estrategia militar de EE UU en Oriente Próximo, el Norte de África y el Pacífico. El vuelo ha demostrado que los portaaviones pueden convertirse en bases permanentes y pistas de aterrizaje de los aviones no tripulados para desplegar, directamente desde su cubierta, operaciones de vigilancia y prevención antiterrorista, sin necesidad de depender de bases en suelo extranjero, como ocurre ahora con los drones con que sobrevuelan Irak, Afganistán, Pakistán y Yemen.

El aterrizaje se completó con éxito el mismo día en que el secretario de Defensa, Chuck Hagel, remitía una carta al Congreso para alertar del impacto que la entrada en vigor del recorte masivo del gasto público, el pasado marzo, ha tenido en el Ejército y de sus consecuencias si se prorroga en octubre. 'Nos veremos obligados a comprar menos naves, aviones, y destinar menos recursos a la investigación de la nueva generación de armamento', advirtió Hagel. La Armada ya ha prescindido de varios portaaviones, por su elevado coste de mantenimiento, y, como el resto de las ramas del Ejército, quiere demostrar, con pruebas como la del X-47B, su importancia en el esquema de defensa del Pentágono. La ampliación del programa de drones llega en medio de una creciente polémica, dentro y fuera de este país, por su uso secreto. El presidente Barack Obama anunció en mayo una disminución del número de operaciones con drones en el extranjero y una mayor transparencia.