Egipto, camino a la guerra

En medio de la crisis, movimientos civiles como el Tamarrod apoyan a los militares y defienden su lucha contra la “conspiración terrorista” de los Hermanos Musulmanes.

Miles de manifestantes se apoderaron ayer de las calles de El Cairo para protestar contra la brutal represión del ejército el pasado miércoles. / EFE
Miles de manifestantes se apoderaron ayer de las calles de El Cairo para protestar contra la brutal represión del ejército el pasado miércoles. / EFE

En Egipto, las mezquitas se convirtieron en morgues. Por las calles de las principales ciudades hay cuerpos calcinados. El país revive las escenas de represión militar que marcaron las protestas que terminaron por derrocar a Hosni Mubarak en 2011. El “viernes de la ira”, en el que los Hermanos Musulmanes llamaron manifestarse “pacíficamente”, dejó un saldo de al menos 70 muertos.

La cofradía musulmana llamó a la protesta para denunciar la “masacre” perpetrada por las fuerzas oficiales contra los manifestantes el pasado miércoles, la cual causó casi 900 muertos y más de 3.000 heridos. Pero, como era de esperarse, la movilización pacífica se convirtió en otro episodio de violencia descontrolada. Los choques entre islamistas y militares, desatados por el derrocamiento del presidente Mohamed Mursi, parecen llevar al país cada vez más cerca de la guerra civil.

La televisión nacional mostró imágenes de francotiradores disparando a las marchas que avanzaban hacia el centro de El Cairo. Según Al Jazira, el ejército afirmó que tenía órdenes de disparar con fuego real a todos los intentos de asalto a edificios oficiales.

El ejército egipcio recibe alrededor de US$1.300 millones anuales por parte de EE.UU., es uno de los más poderosos de la región y es el verdadero dueño de los poderes económicos del país. Tras el derrocamiento de Mubarak y la llegada de Mursi a la Presidencia, los militares esperaron en la sombra el momento de debilidad del Gobierno para recuperar el poder por la fuerza.

Pero la lucha contra quienes rechazan ese golpe militar del 3 de julio no sólo está en manos del ejército egipcio. El Tamarrod es un movimiento que promovió las gigantescas manifestaciones que llevaron a la destitución de Mursi y que recogió alrededor de 22 millones de firmas en contra del mandatario islamista. Después del golpe, esta agrupación ha instado a los egipcios a que creen “comités populares” para defender al país contra los “intentos de desestabilización”, sin aclarar cuál es su concepto de “defensa”.

Mai Wahba, miembro del consejo central y secretario de prensa de Tamarrod, ha hablado de las aspiraciones políticas de su agrupación: “Hemos recorrido este camino hasta el fin. Pero los muchachos realmente no quieren separarse. Creo que ahora vamos a crear un movimiento social permanente, que influirá sobre el poder político”.

Muchos ven en el Tamarrod el surgimiento de un grupo paramilitar que podría parecerse a los shabiba de Siria, que en apoyo al presidente Bashar al Asad han cometido atrocidades contra la población. Nada se ha comprobado en medio del caos egipcio, pero por las calles de El Cairo ya es común ver civiles armados que luchan contra los manifestantes que reclaman el retorno de Mursi al poder.

El peligro de que los enfrentamientos en Egipto —una nación geoestratégicamente ubicada y en la que están en juego la influencia de las políticas occidentales en Oriente Medio— comiencen a parecerse a los de la cruenta guerra civil que vive Siria es lo que reclama desde ya la ayuda de la comunidad internacional.

No obstante, las esperanzas de una mediación efectiva son muy pocas. EE.UU. y la Unión Europea ya fracasaron en un primer intento en las últimas semanas, aunque desde el Viejo Continente se siguen haciendo esfuerzos y hasta se plantea la posibilidad de intervenir de un modo menos diplomático.

La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, aseguró que la responsabilidad de la “tragedia” en Egipto recae principalmente en el gobierno interino y anunció que los 28 países miembros de la Unión discutirán posibles medidas en respuesta a la violencia que se vive en el país. El jefe de asuntos políticos de Naciones Unidas, Jeffrey Feltman, viajará la próxima semana a El Cairo para reunirse con las autoridades egipcias e intentar aplacar las crecientes tensiones.

Estados Unidos, principal proveedor de ayuda al ejército egipcio, ha considerado retirar su apoyo a esas fuerzas. La cooperación financiera entre Washington y El Cairo data de 1981, cuando con la firma de un tratado de paz con Israel, Egipto consiguió el apoyo y un fuerte compromiso por parte de los estadounidenses. Desde entonces la ayuda financiera y los fuertes lazos políticos entre ambos países se han mantenido. Quitarle el apoyo financiero al ejército no sólo empeoraría la crisis interna del país y pondría a tambalear los tratados de paz firmados con Israel, sino que también representaría para EE.UU. la pérdida de un punto esencial para sus siempre difíciles conexiones con el mundo árabe y musulmán.