El Mundo 6 Mar 2013 - 10:25 pm

Hay procesos autónomos del chavismo

El futuro de la Alba sin Chávez

A los países de la Alianza Bolivariana para las Américas les espera continuidad. Algunos buscan acabar con la dependencia energética de Venezuela.

Por: Mauricio Jaramillo Jassir*
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El presidente boliviano, Evo Morales (izq), y el vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro (der), ayer en las calles de Caracas. / EFE

Uno de los rasgos más visibles del chavismo ha sido la vocación internacionalista a la usanza de Cuba en la Guerra Fría. A diferencia de la proyección cubana en el antiguo Zaire, Angola o en América Latina, la diplomacia bolivariana no ha buscado reproducir su modelo sino la promoción de la multipolaridad. Es decir, la emergencia de más actores con incidencia en el globo. Dicha meta resume en buena medida el deber ser de la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba), esquema de cooperación que ha despertado una polémica a todas luces injustificada.

América Latina y una serie de estados del continente han sido claves en la promoción de la Alba. Argentina, Cuba, Nicaragua, e incluso Colombia, ocupan un lugar en la agenda externa del socialismo del siglo XXI.

El caso más visible es Cuba, al que asiste con aproximadamente 120.000 barriles de petróleo diarios, luego de una serie de acuerdos que comenzaron en 2000 y que le permiten a la isla abastecimiento energético a cambio del envío de profesores, entrenadores deportivos y médicos. Para La Habana dichos acuerdos son claves para paliar la penuria energética, luego de la caída de la URSS y del bloque soviético. Subsidiariamente, el gobierno de Chávez rescató a Cuba del ostracismo luego de la suspensión en la OEA en 1962 y el embargo económico impuesto por Washington y fortalecido por leyes como la Torricelli y la Helms-Burton. La presión de Caracas fue vital para que en 2009 dicha institución invitase a Cuba a volver a su seno y para que La Habana regresara al concierto latino en esquemas como la Celac, donde ejerce la presidencia.

En Nicaragua, por su parte, la ayuda ha sido más polémica. Los acuerdos firmados entre PDVSA y la Amunic (Asociación de Municipios de Nicaragua) consistían en petróleo a bajos precios y con créditos blandos, pagando un 50% en el largo plazo. Empero, fueron denunciados por la oposición nicaragüense, porque supuestamente sólo beneficiaban a gobiernos locales donde el sandinismo ejercía el poder. Para las elecciones de 2006, se fustigó la injerencia por parte de Venezuela. Sin embargo, Caracas y Managua han desestimado las críticas.

En lo que respecta a Argentina, el apoyo más visible tuvo que ver con la deuda que llevó a dicho Estado a la quiebra a comienzos de siglo, con el denominado corralito financiero. La compra de la deuda por parte de Venezuela selló entonces una amistad con el gobierno de Néstor Kirchner y el de Cristina Fernández en la actualidad.

Y aquello que demuestra que la extensión de programas no sólo obedece a sintonías ideológicas: Colombia. Mediante la Operación Milagro, médicos cubanos pagados indirectamente por el gobierno de Venezuela curan gratuitamente a población vulnerable en zonas de frontera. La labor de éstos ha sido sobresaliente para paliar los efectos del conflicto, uno de los objetivos de dicha misión.

¿Qué espera a estas naciones respecto de la asistencia venezolana? Continuidad. De un lado, en estos países se viven procesos autónomos con respecto al chavismo. Desde hace varios años, en Cuba se reflexiona sobre cómo disminuir la dependencia energética de Venezuela. La visita reciente del premier ruso, Dimitri Medvédev, a la isla confirma el interés de la empresa Zaroubejneft por iniciar la exploración en aguas cubanas. La Habana lo sabe, el petróleo venezolano tiene fin y las lecciones sobre la otrora dependencia soviética están a la orden del día. Para Argentina, Nicaragua y el resto de miembros de Alba, lo que prima son procesos internos que no dependen de Venezuela.

Y, de otro lado, cabe decir que la llegada de Nicolás Maduro difícilmente podría cambiar el curso de una política exterior que le ha dado visibilidad inédita al país caribeño. La diplomacia petrolera no sólo significa réditos para el chavismo, sino para la imagen de Venezuela a través de un poder blando que ha beneficiado a miles, en sectores deprimidos del continente e incluso del mundo. En algunos reduccionismos este poder se confunde perversamente con “intervencionismo”.

* Internacionalista de la Universidad del Rosario.

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