El huso horario de la política

Dos países también pusieron metafóricamente su reloj político atrás esta semana: Líbano y España.

Libaneses celebraron la elección de Michel Aoun como presidente.
Libaneses celebraron la elección de Michel Aoun como presidente. AFP

Esta semana, en buena parte del Viejo Continente, los europeos pusieron el reloj atrás una hora, en cumplimiento de la directiva comunitaria 2000/84/CE.

Nada realmente cambia con estas decisiones desde arriba que permiten a los europeos supuestamente ahorrar energía y “dormir una hora más”.

Dos países también pusieron metafóricamente su reloj político atrás esta semana: Líbano y España.

En España, después de más de trescientos días sin gobierno, dos elecciones sin que se proclamara una mayoría, intentos de grandes acuerdos transversales, y a la víspera de posibles nuevas elecciones, al final llegó el voto a favor de un gobierno de minoría liderado por Mariano Rajoy, el presidente del Partido Popular (PP).

En el puesto desde 2011, Rajoy logró un nuevo encargo gracias sobre todo a la controvertida abstención del directorio y la mayoría de los miembros del Partido Socialista (PSOE), que prefirieron mantener el statu quo y la informal alternancia en el poder entre PP y PSOE que reina desde el final de la dictadura de Franco.

Antes de empezar una gira por todo el país para volver a conectar con la base de su fragmentado partido, el dimisionario Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, dejó claro en una entrevista que tanto el diario El País, así como varios empresarios españoles tal como el ex presidente de Telefónica “han trabajado por que hubiera un Gobierno conservador” y no una alianza progresista de las izquierdas. Sánchez se refería a la posibilidad de un gobierno del PSOE con Podemos, el movimiento hecho partido que ha sido atacado por su supuesta cercanía a los gobiernos bolivarianos de América Latina y criticado sin descanso en las páginas del diario propiedad del Grupo Prisa, cuyos miembros del directivo tienen considerables intereses empresariales en América Latina.

En Líbano, donde el vacío de poder en la Presidencia llevaba más de dos años, los libaneses pusieron el reloj mucho más atrás, un cuarto de siglo efectivamente, con la elección a la presidencia de Michel Aoun, antiguo jefe de las fuerzas armadas libanesas al tiempo de la guerra civil al final de los años noventa y luego exiliado por 15 años en París, consiguió en fin el gran sueño de la Presidencia.

Aoun intentó de todo para alcanzar su sueño: primero durante la guerra civil lideró una guerra fratricida, luego volvió al país en 2005 en medio de la “sublevación para la independencia” contra Siria y se alió con Hezbollah y los pro-sirios, coqueteó con Irán, visitó la gran enemiga Siria, y se acercó finalmente a las otras fuerzas políticas cristianas y a Saad Hariri, el líder del Movimiento del Futuro, respaldado por Arabia Saudita, donde Hariri padre hizo su fortuna económica.

Allá en Arabia Saudita, su mayor empresa de construcción, la saudí Oger, está sumergida en una gravosa crisis económica. Son muchos los que consideran ésta como la razón principal del cambio político de Hariri y su parcial alejamiento del aliado saudí, que no se prodigaron aún en salvar la empresa de la bancarrota.

Pero no obstante su histórico pragmatismo, el nuevo Presidente Aoun tampoco parece que vaya a tener manos libres para gobernar según su independiente voluntad: sus aliados por ambos lados e Irán en controlando sus decisiones.

En general la elección de Aoun ha sido la demostración, otra vez, de la continua influencia exterior en la política libanesa y de la necesidad de buscar padrinazgo exterior por los líderes locales. En este caso, ha sido una victoria de Irán, tanto contra Arabia Saudita pero también contra Siria, que mantuvo el casi total poder de decisión sobre Líbano por muchas décadas.

Aoun y Sánchez perseguían un objetivo. Para Aoun ha sido fundamental lidiar con los poderes fuertes y los feudales externos para acceder a la Presidencia. Sánchez ha chocado con los poderes económicos políticamente transversales del reinado español y ha vuelto a la base del partido, nadie sabe si volverá a emerger.

Ambas resoluciones se dieron en nombre del avance, pero no supusieron algún cambio sustancial. Las instituciones libanesas y las españolas salieron derrotadas, así como los ciudadanos de los dos países, inermes frente al relevante rol de actores externos al proceso democrático. Decisiones desde arriba, y todo al simple coste de dormir una hora más.

* Doctor en Estudios Culturales Mediterráneos