El litigio desde la otra orilla

Ortega pide respetar decisión del tribunal, que favoreció a Nicaragua con 75 mil kilómetros cuadrados del mar.

Daniel Ortega, presidente de  Nicaragua, goza de amplios respaldos en las clases menos favorecidas de su país. El litigio con Colombia, por el momento, le ayuda a garantizar que esas mayorías sigan con él.  / AFP
Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, goza de amplios respaldos en las clases menos favorecidas de su país. El litigio con Colombia, por el momento, le ayuda a garantizar que esas mayorías sigan con él. / AFP

La intensidad del debate en torno a la posición que Colombia adoptará frente al fallo de la Corte de la Haya que le quitó al país suramericano cerca de 75 mil kilómetros cuadrados del mar que rodea al colombiano archipiélago de San Andrés —y los cedió a Nicaragua—, es vista desde Managua como una consecuencia lógica ante la decisión judicial adversa.

No obstante, los líderes políticos del país centroamericano están convencidos también de que el proceso electoral que se avecina en Colombia (elección de Congreso, en marzo, y presidenciales en mayo) ha contribuido a exacerbar los ánimos y a que desde distintos frentes, que no son necesariamente los oficiales, se pida desconocer el fallo, lo cual equivaldría a un auténtico suicidio en materia de derecho internacional.

Lo advirtió el internacionalista Mauricio Herdocia, uno de los arquitectos de la estrategia de Nicaragua en el pleito limítrofe con Colombia, quien está convencido de que el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) es de ineludible cumplimiento y que las únicas dos posibilidades que tiene Colombia son el recurso de revisión y el de interpretación. “La interpretación es para establecer el alcance de la sentencia, y no cabría porque la Corte ya estableció cada uno de los puntos en su sentencia”, comentó el experto en entrevista con El Espectador.

Herdocia es de la línea de que cualquier aclaración “no altera la cosa juzgada”, ni cabe pedir una aclaración “sobre hechos que no fueron mencionados en el fallo resolutivo”. Además, le sobran ejemplos a la hora de sustentar su tesis según la cual el recurso de revisión habitualmente es rechazado porque no hay alegatos nuevos, ni hechos que fuesen inexistentes en el momento en que se profirió el fallo: “El diálogo es el camino. Creo que se debe apartar de la agenda bilateral este conflicto y trabajar en conjunto”.

Otro que cree en el manejo politizado que ha tenido el fallo de noviembre pasado es el experto en derecho internacional, Manuel Madriz, exconsejero de la embajada de Nicaragua y con amplio recorrido en la Asociación de Estados del Caribe.

“Hay juristas, políticos, expresidentes como Ernesto Samper, que están claros de que no había una línea divisora entre Nicaragua y Colombia y que, por lo tanto, el fallo del Tribunal de La Haya es de ineludible cumplimiento”, dice Madriz. Por eso enfatiza en que, de la otra orilla, el respaldo que dio la Asamblea Nacional de Nicaragua (legislativo) al Gobierno nicaragüense para ampliar su plataforma marítima más allá de las 200 millas náuticas, demuestra que hay “unidad nacional” para defenderse.

Así, mientras en Colombia aparecían voces de analistas y políticos planteando diversas salidas, en Managua una de las noticias más divulgadas durante esta semana era el llamado que el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, hizo a su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, para que cumpla la sentencia de la CIJ.

El exvicepresidente de Nicaragua y hoy diputado, Jaime Morales Carazo, no tardó en valorar como positivo dicho llamado a “resolver los problemas civilizadamente y a que se acate a plenitud el fallo”. Y calificó como muy hábiles las maniobras del ejecutivo nicaragüense para defender sus intereses territoriales. “No queremos más confrontaciones con hermanos que a veces se colocan en posiciones de irrespeto a los fallos de los tribunales a los que han recurrido de mutuo acuerdo, como nuestros hermanos de Colombia”, señaló.

Por su parte el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional, Jacinto Suárez, indicó que la diplomacia “tiene un ABC” que indica que la mejor solución para resolver las controversias es la vía pacífica y que “si esta no funciona, uno va a los tribunales, pero tras la sentencia no se puede comenzar a cuestionarlo, cuando lo que se necesita es un diálogo para la implementación de un acuerdo”.

Durante la clausura del acto de conmemoración del 33 Aniversario de la Fuerza Naval, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, pidió esta semana resolver las diferencias con Colombia por la vía del diálogo y la negociación. “Y en el caso extremo, no recurrir a aquellas guerras fratricidas que bañaron nuestros territorios, sino a los organismos internacionales que están instalados para poder pronunciarse, para definir lo que le corresponde a cada quién”, indicó.

Ortega agregó que Nicaragua tiene una “larga historia” de recurrir ante organismos internacionales y aunque “en algunas ocasiones el resultado ha sido adverso” ha acatado las decisiones. “Y la Corte —continuó Ortega— le reconoció a Nicaragua lo que en derecho le corresponde: 90.000 kilómetros cuadrados recuperados. ¿Que no se logró reincorporar a Nicaragua las Islas de San Andrés? Bueno, no nos queda más que ser respetuosos con la sentencia que favoreció en ese sentido a Colombia con San Andrés, y a Nicaragua con el mar”.

Ortega también cree en la influencia del tema electoral detrás del debate en Colombia: “Hay sectores radicales, extremistas, que quieren que se desconozca el fallo. Entre ellos el que más destaca es el expresidente Álvaro Uribe, que quiere dirigir nuevamente y piensa que con un mensaje de ese tipo va a ganar votos”.