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El Mundo 29 Jun 2013 - 9:00 pm

Después de casi un año de la masacre en la mina Marikana

El ocaso de los héroes

Al tiempo que Nelson Mandela convalece, su partido de liberación nacional afronta la crisis más profunda de su historia. A pesar de conservar la mayoría, las voces insatisfechas aumentan

Por: Santiago Villa ChiapPe Johannesburgo, SUDÁFRICA
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El delicado estado de salud de Nelson Mandela ha motivado a las manifestaciones de apoyo a su figura en las calles sudafricanas. /AFP

“Nos dispararon desde todas partes, desde abajo y desde arriba. Desde la barricada de la policía y desde los helicópteros”, dijo uno de los cuatro trabajadores de la mina de platino de Marikana, que aceptaron conceder una entrevista anónima luego de una espinosa conversación que lentamente devino en confianza. Temían que este periodista fuera un espía de la policía sudafricana y no un corresponsal colombiano: “No hubo advertencia. Comenzaron a disparar de un momento a otro”.

Los cuatro dijeron haberse escurrido entre las balas, los gases lacrimógenos, el polvo rojizo y el coletazo de dragón de huelguistas despavoridos, en la tarde del 16 de agosto de 2012, que partió en dos la historia de la Sudáfrica posapartheid. Desde que cayó la dictadura blanca la nación no había padecido una violencia estatal semejante.

Estos cuatro mineros ahora creían enfrentar el peligro de que esta entrevista les valiera una visita nocturna por parte de las “fuerzas del orden”. El 1° de octubre de 2012, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, creó una comisión para esclarecer la masacre y desde entonces alguien ha estado matando a testigos a cuentagotas.

La huelga salarial de los trabajadores de la mina de Marikana, explotada por la empresa Lonmin, fue tildada de ilegal porque no recibió el apoyo del Sindicato Nacional de Mineros (NUM, por sus siglas en inglés). Tras siete días de tensión, en los que hubo 10 asesinatos aislados de administradores sindicales, mineros y guardias de seguridad, y una ausencia de negociaciones, el 16 de agosto el grupo de manifestantes fue cercado por alambres de púas, camiones antimotines, ambulancias y escuadrones de policía. A las 3:55 p.m. abrieron fuego a mansalva durante casi una hora. 34 mineros fueron asesinados. Por lo menos 78 resultaron heridos.

“Un mar de lágrimas no es suficiente para dar cuenta de la profundidad de nuestra desdicha”, concluyó uno de los cuatro mineros entrevistados por El Espectador. “Los sindicatos están con la compañía. Son todos el mismo grupo”.

La masacre de Marikana es un ejemplo crudo de las contradicciones y decepciones que han desembocado en la crisis más profunda en la historia del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés), el partido que lideró el hoy convaleciente Nelson Mandela y que ha gobernado Sudáfrica desde el fin del Apartheid, en 1994. A casi un año de la masacre de Marikana, y mientras el país se prepara para despedir a su ídolo nacional, Sudáfrica enfrenta el ocaso de los héroes.

Un titán electoral

Las primeras elecciones libres de Sudáfrica, realizadas el 27 de abril de 1994, desembocaron en un fraude concertado. El conteo oficial de votos se ajustó a las necesidades políticas de las distintas fuerzas que debían conciliarse, para evitar así una posible guerra civil. De haberse hecho un conteo transparente, el ANC habría arrasado con casi todas las demás fuerzas y el descontento de los perdedores habría sido, quizás, inmanejable. 

El Partido Nacional afrikáner, que dejaba el poder tras 46 años de gobierno, ganó las elecciones regionales en el Cabo Occidental, y el Partido de Libertad Inkatha ganó en Kwa-Zulu Natal. Cada uno aseguró su victoria en la región donde era más influyente, y así quedaron comprometidos con la transición.

“El resultado parecía demasiado bueno para ser cierto. Pero ese no era el momento adecuado para moralizar sobre la manipulación electoral ni resultaba sensato que el ANC presionara a fondo su ventaja”, escribió el analista político Anthony Butler en su biografía del político que lidió con el día a día de las negociaciones durante la transición hacia la nueva Sudáfrica: Cyril Ramaphosa. 

Ramaphosa encarna las inconsistencias que dispensan poder y desprestigio al partido gobernante. En particular, la alianza entre el ANC, la empresa privada y los sindicatos más influyentes. 

Cyril Matamela Ramaphosa fue el principal líder sindical durante la última década del Apartheid y participó en la creación de los dos sindicatos más grandes del país: el Congreso de Sindicatos de Comercio de Sudáfrica y el ya mencionado NUM. Durante los años en que se negoció la transición y la nueva constitución de Sudáfrica, el carácter pragmático y aplacado de Ramaphosa logró concertaciones que el temperamento brioso e impaciente de Mandela quizá no habría asegurado. 

Muchos apostaban a que Ramaphosa sucedería a Mandela en el poder o que estaría en la primera línea del siguiente gobierno, pero fue desplazado por los partidarios de Thabo Mbeki, quien gobernó el país entre 1999 y 2009. Entonces Ramaphosa optó por dedicarse a la empresa privada.

Hoy es uno de los hombres más acaudalados del país. Algunos dicen que es el segundo sudafricano más rico después de Ivan Glasenberg, director ejecutivo de Glencore Xstrata.

Ahora este gigante dormido de la política sudafricana está despertando. El empresario-exsindicalista regresó al ruedo por la puerta grande en diciembre de 2012, cuando fue elegido presidente encargado del ANC, la posición que ocuparon los dos presidentes que sucedieron a Mandela. Muchos creen que será el presidente de Sudáfrica cuando Zuma termine su segundo período, en 2019. 

Pero su nuevo nombramiento le obligó a enfrentar duros cuestionamientos, pues Ramaphosa era miembro de la junta directiva de Lonmin cuando se produjo la masacre de Marikana (cargo al que renunció el 31 de enero de 2013). 

Las elecciones generales de Sudáfrica se celebrarán el próximo año y, aunque la mayoría de analistas pronostican que eventos como la masacre de Marikana y los escándalos de corrupción que tocan a altos funcionarios del gobierno debilitarán el resultado electoral del ANC, pocos dudan que seguirá conquistando mayorías electorales que probablemente se acerquen al 60% de la votación (obtuvo el 66,35% en 2004 y el 65,9% en 2009). 

Una segunda oportunidad sobre la tierra

Un reflector brilla sobre el escenario vacío, donde el actor Omphile Molusi simula una correría frenética sin moverse de su sitio y los parlantes del teatro lanzan la voz triunfal de Nelson Mandela durante su discurso de posesión. El sonido se apaga y el actor exclama con un aliento entrecortado por su agitación: “Dicen que somos libres… pero yo todavía estoy tratando de encontrarle un sentido a mi vida en medio de la confusión”. Es la escena inicial de Cadre, una obra de teatro estrenada el 20 de marzo en Johannesburgo. 

El personaje que interpreta Molusi es un joven combatiente del Congreso Pan Africanista (PAC, por sus siglas en inglés), uno de los otros movimientos de liberación que participaron en la lucha antiapartheid, pero que han sido relegados a un segundo plano por la omnipresencia mediática y política del ANC.

Entre la juventud que comienza a tomar las riendas del país hay un amplio descontento hacia el partido que ha gobernado durante casi 20 años, pero hay pocas opciones disponibles para el electorado. La segunda fuerza política es el partido de oposición Alianza Democrática, dirigido por la exalcaldesa de Cape Town, Helen Zille. Sin embargo, la mayoría blanca que dirige el partido y su línea neoliberal ahuyentan a un electorado. 

Otros inician movimientos pequeños, con la esperanza de convertirse en partidos. La Imbizo Nacional de Septiembre, por ejemplo, es un grupo que retoma la corriente de pensamiento “Conciencia Negra”, de los años setenta: “Seguiremos hablando sobre el radicalismo del poder negro en este lugar que se halla entre las constituciones liberales que nos dan libertad en el papel, pero que nos sumen en la total ausencia de poder”, le dijo a El Espectador Pakama Ngeceni, su vocera. “Quieren hacernos creer que en 1994 se dio un cambio fundamental en la estructura del país, pero la expectativa de vida de un negro en una barriada de Soweto sigue siendo casi la mitad de años que la de un blanco”.

El abanico político ha comenzado a abrirse al tiempo que los héroes de la liberación le dan paso a la generación pos-1994. Mientras que Nelson Mandela convalece, la nación que ayudó a crear da, lentamente, el segundo giro más importante de su historia. 

El recuerdo de la masacre

En agosto de 2012, los trabajadores de la mina de platino en la región de Marikana, a unos 100 kilómetros de Johannesburgo, propiedad de la empresa Lonmin, entraron en huelga a manera de protesta por sus bajos salarios. 

 

Las autoridades acudieron a la región, convocadas por la empresa propietaria, temerosa de que los ánimos alterados de los mineros los llevaran a tomarse por la fuerza las instalaciones de la mina. Al acudir la autoridad, la tensión derivó en disturbios, a los que la Policía respondió de manera desmedida con fuego real: al final de la crisis 34 mineros resultaron muertos y 78 heridos. Además, 270 de los trabajadores protestantes fueron detenidos y permanecieron en prisión hasta un mes y medio después de la masacre.

Obama y Mandela en África

Aunque en la agenda inicial de la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no estaba prevista una visita al líder sudafricano Nelson Mandela, la posibilidad se abrió luego de que el mandatario aterrizara en su país, proveniente de Senegal.

Preguntado al respecto, Obama respondió: “Yo no necesito una foto. Veremos cómo evoluciona la situación. Lo último que pretendo es ser una molestia cuando la familia está pendiente de su condición”.

 

En todo caso, la prensa internacional ha especulado con el gran simbolismo que tendría el encuentro entre el líder político más visible de la historia reciente de África y el primer presidente de raza negra de los Estados Unidos.

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ecodelvinilo

Dom, 06/30/2013 - 11:41
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Xembrador

Dom, 06/30/2013 - 03:56
El cretinoide Mandela es un gran admirador de Fidel Castro.
Opinión por:

Maquiavelo..

Dom, 06/30/2013 - 03:18
Que diran los Uribistas de Mandela? Este señor fue un guerrillero y pago un canazo de 25 años
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