El precio de filtrar secretos

Edward Snowden, extécnico de la CIA y quien filtró a ‘The Guardian’ los programas secretos de vigilancia de las comunicaciones de EE.UU., enfrenta un futuro incierto.

Edward Snowden, exempleado de la CIA y ex subcontratista de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. tiene un paradero desconocido.  / EFE
Edward Snowden, exempleado de la CIA y ex subcontratista de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. tiene un paradero desconocido. / EFE

Edward Snowden, un estadounidense de 29 años, exempleado de seguridad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y quien desde hace cuatro años trabajaba para la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) como empleado de empresas subcontratistas como Dell o Booz Allen Hamilton, es el responsable de una de las filtraciones de información más grandes en contra el gobierno de Estados Unidos.

Snowden fue quien le reveló al periódico inglés The Guardian la existencia de Prism, un monumental programa secreto de la NSA, que permite el acceso a los servidores de Google, Microsoft, Yahoo, Facebook, Skype, Youtube y Apple. Es decir, que esta agencia tiene acceso ilimitado a correos, documentos, audio, videos, chats, fotografías, transferencias y blogs de millones de personas en Estados Unidos y el mundo entero. “No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas (...) en un mundo en el que todo lo que hago y digo queda registrado”, explicó Snowden en una entrevista por video concedida a The Guardian.

“Mi único objetivo es informar a la gente sobre lo que se está haciendo en su nombre y lo que se hace en su contra“, dijo, agregando que “la NSA miente sistemáticamente al Congreso respecto a la magnitud de la vigilancia que ejerce en Estados Unidos. Captamos más comunicaciones electrónicas en EE.UU. que en Rusia. No se imaginan todo lo que se puede hacer, el alcance de sus capacidades es tenebroso“, afirmó.

Cuando decidió filtrar la información a la prensa, pensó que el mejor lugar para hacerlo era Hong Kong, al sur de China pero con una relativa autonomía política y unos derechos básicos como el de libertad de expresión. “Soy consciente de que voy a pagar un precio por mis acciones, pero me sentiría satisfecho si las leyes secretas (...) y los poderes omnipotentes del Ejecutivo que conduce el mundo al que quiero son desvelados, aunque sea por un instante”, aseguró.

Con lo que no contó este exempleado de la CIA es que escapar de la justicia estadounidense, que ya inició una investigación, no será fácil. Hong Kong y Estados Unidos firmaron un tratado de extradición en 1996, por lo que podría terminar detenido y deportado en dos meses si Washington hace la petición. Hoy está en paradero desconocido tras abandonar la habitación del hotel de Hong Kong donde estaba alojado, según publica The Washington Post citando a una recepcionista.

El destino de quienes se atreven a revelar este tipo de escándalos es incierto. Un veterano de la CIA, John Kiriakou, fue condenado en enero a dos años y medio de cárcel por revelar el nombre de un agente secreto implicado en interrogatorios sensibles con presuntos miembros de Al Qaeda. El lunes pasado se inició el juicio militar contra el soldado Bradley Manning, quien enfrenta cadena perpetua acusado del delito de “colusión con el enemigo“, en este caso Al Qaeda. Manning, quien comparece ante una corte marcial, entregó miles de documentos secretos al portal Wikileaks, cuyo fundador, Julian Assange, se encuentra refugiado en la embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia, donde se le acusa de delitos sexuales que él niega.