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El Mundo 27 Mar 2013 - 10:32 pm

La escudera de Barack Obama

Julia Pierson fue designada por el presidente de Estados Unidos como jefa del Servicio Secreto, el cargo más alto que una mujer haya desempeñado en alguna agencia de seguridad del país.

Por: Diego Alarcón
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Julia Pierson fue designada por el presidente de Estados Unidos como jefa del Servicio Secreto, el cargo más alto que una mujer haya desempeñado en alguna agencia de seguridad del país. /EFE

Quizá el recuerdo se borre con el paso de los días, pero esa hasta ahora es una dicha que se ve muy lejana en la agencia: en poco más de quince días se cumplirá un año desde que el escándalo tocó las puertas del Servicio Secreto. La puerta la tocó la colombiana Dania Londoño, la puerta de una de las habitaciones del Hotel Caribe de Cartagena. Y la tocó fuerte porque uno de los agentes que preparaban la llegada del presidente Barack Obama a la Cumbre de las Américas intentó incumplir con su parte del trato. La noche había terminado, él se había divertido y ella quería irse a descansar, con dinero en el bolsillo, por supuesto. La paga por su trabajo.

Y la prensa lo recuerda aún, como lo hacen los night talk shows con su estilo informativo, mezclado con sorna hilarante. Fue el mejor remate posible que podía tener el estereotipo de los ‘superagentes’, hombres fuertes de anteojos oscuros, audífonos sofisticados, ceño fruncido y actitud de ‘cuánto poder tengo, baby’. Sí, era de esperar: ‘the macho culture’ (la cultura macho), como ironizan los periódicos, dictaba que semejante exceso de testosterona sólo podría ser paliado con una buena mujer. Una vez garantizada la seguridad del presidente, era momento de terminar de redondear el alfa del macho. Entonces Dania tocó la puerta.

Una vez garantizada la seguridad del presidente, y es importante, los agentes pudieron haber cometido alguna falta. En eso fue enfático Mark Sullivan, el director del Servicio Secreto, cuando el Congreso lo llamó a comparecer: “la seguridad del presidente nunca estuvo en riesgo”. La historia tuvo dos finales. El primero, ocho empleados expulsados, comprometidos en el escándalo, y tres sancionados gravemente. El segundo: Dania Londoño se convirtió en una celebridad.

A la lista de preguntas inconclusas se suma una nueva. ¿Tuvo Dania Londoño algo que ver con la designación de una mujer al frente del Servicio Secreto? Es posible, al menos desde el punto de vista del senador republicano Charles Grassley: el Servicio Secreto “ha perdido la confianza de muchos estadounidenses tras el escándalo de Colombia (...) Pierson tiene mucho trabajo por delante para crear una cultura en la que se respete la importante tarea de la que se encarga la agencia”. Los night talk shows informarán que la nueva directora del Servicio Secreto es Julia A. Pierson, una mujer que carga con más de 30 años de experiencia dentro de la agencia, la única mujer jefa de una de las tres grandes agencias de seguridad de Estados Unidos, aparte de la CIA y el FBI. Mark Sullivan se retiró tras siete años al frente del Servicio Secreto.

Han pasado más de tres décadas (1980) desde que Julia Pierson se presentó en la central de Policía de Orlando, su ciudad natal, como una oficial que terminaba su carrera de Justicia Criminal en la Universidad Central de la Florida. Llegó para marcharse, rápidamente, tres años después, a formar parte del Servicio Secreto en Miami. Con el tiempo diría que “sabía que la policía era mi área de interés y realmente tenía una pasión personal hacia el servicio a los demás” y no encontró un lugar mejor para ser y para estar que en la agencia. Escribió Obama en el comunicado que oficializaba el nombramiento: “Julia ha tenido una carrera ejemplar y sé que su experiencia la guiará a medida que se embarque en este nuevo reto de liderar a los hombres y mujeres impresionantes de este importante organismo”.

Cuando Julia Pierson llegó al Servicio Secreto fue excepcional, poco usual, que una mujer, ¿¡una mujer!?, entrara a un hogar mayormente habitado por hombres, porque apenas diez años atrás había ingresado el primer grupo de mujeres a la agencia´. Eran cinco jóvenes que en principio ocuparon el puesto de “auxiliares”, pero que con el tiempo fueron ascendidas a agentes y con el tiempo, también, fueron ganándose un espacio en el esquema de seguridad del presidente.

Los sesgos de género y los estereotipos jugaron también su papel, pues en caso de emergencia era mejor tener a hombres fuertes para proteger al presidente, por fuerza, por habilidad, por reacción, que a una mujer. Y ellas fueron reservadas para la labor primordial y de origen de la agencia: investigar y prevenir los delitos financieros en el país. Hoy Julia Pierson podrá decir que la historia ha cambiado y el feminismo estaría orgulloso de ella. Quizá piense además que si el equipo hubiese estado compuesto de mujeres, el escándalo de Cartagena no habría ocurrido, la institución no se hubiera golpeado y Dania no sería famosa. Incluso podría decir todo esto abiertamente dentro de la agencia, porque ninguno de los 3.500 agentes que la componen estaría en calidad de rebatir sus ordenes. Es la número 23 en dirigir el Servicio Secreto.

Así como las mujeres no estuvieron siempre en el Servicio Secreto, el Servicio Secreto no siempre estuvo a cargo de la seguridad del presidente, un rol que en la actualidad parece haber aplacado sus demás funciones. La agencia fue creada en 1865, con el objetivo de custodiar el dólar frente a cualquier falsificación y también para realizar inteligencia y contrainteligencia a nivel nacional. Pero vino el magnicidio del presidente William McKinley y el Congreso, ese mismo poder que el año pasado citó a Sullivan, añadió a la división la tarea de velar por la seguridad de los mandatarios, desde 1901.

El trabajo de inteligencia pasó a manos del FBI y la CIA al tiempo que las tareas de seguridad iban aumentando: no sólo se trata de cuidar al presidente, también a sus familias a donde quiera que vayan, a los vicepresidentes y sus familias, a los dignatarios que visiten Estados Unidos y a los candidatos a presidentes y vicepresidentes durante los 120 días previos a las elecciones.

The Washington Post publicó un artículo en el que plantea que Pierson podrá “jugar un papel importante en ayudar al Servicio Secreto a llevar a cabo sus misiones de proteger al presidente de Estados Unidos y de investigación de la falsificación y el fraude”. Al mirar su currículum, pocos podrán poner en duda la meritocracia del nombramiento: se convirtió en agente especial de la Oficina de Operaciones de Protección en 1996, se especializó en delitos informáticos y fue avanzando hasta llegar a ser, en 2008, la jefa de gabinete de la agencia. Barbara Riggs, quien hasta esta semana fuera la mujer que más alto había llegado en el Servicio Secreto (subdirectora), optó por afirmar que “cada vez que le das un trabajo, ella siempre lo hace de forma excelente”.

El cargo para el que el presidente Obama escogió a Julia Pierson no necesita el beneplácito del Congreso, aunque éste pueda citarla a comparecer ante alguna eventualidad. Por el momento, la misma prensa que recuerda el escándalo de Cartagena, cita sus palabras: “Dudo mucho que la gente se dé cuenta de la cantidad de trabajo que se dedica a la preparación de una salida presidencial. Debemos revisar desde el lugar a dónde va a llegar al presidente, hasta su limosina”. Es una tarea dura, en la que, a pesar de todo, a algunos hombres les sobraba tiempo para la recreación.

 

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