Guantánamo, el alto precio de hacer justicia

EE.UU. gasta unos 800.000 dólares para sostener el penal de máxima seguridad en territorio cubano.

El penal de máxima seguridad de Guantánamo es el foco de la guerra de EE.UU. contra el terrorismo islamista, un lugar a la vista de pocos donde el precio para sostenerlo se paga alto económica y políticamente.

Para mantener a sus 171 presos en territorio cubano, EE.UU. gasta unos 800.000 dólares anuales por recluso, a los que hay que sumar el costo logístico de mantener una base militar estadounidense en territorio completamente aislado por tierra.

Camiones, material de construcción y hasta la lechuga fresca del único McDonald en Guantánamo se trasladan en buques o aeronaves, con el consiguiente costo para mantener una base que desde hace una década comenzó a recibir a los primeros presos de la guerra de EE.UU. contra la red terrorista de Al Qaeda, en la que se han invertido desde entonces 500 millones de dólares.

Según fuentes del Pentágono consultadas por Efe, es complicado precisar la cifra de lo que cuesta mantener la base, con unos 10.000 militares y sus familias, más un gran número de subcontratistas filipinos y jamaiquinos, en parte porque no se hacen públicas algunas partidas desagregadas.

La complejidad logística y el gasto aumenta con la celebración de las "comisiones militares" en "Campo Justicia", un complejo de edificios prefabricados que el martes y miércoles acogió por segunda vez un proceso castrense contra el saudí Abdl al Rahim al Nashiri, acusado de planear el ataque al destructor "USS Cole" en 2000, en el que fallecieron 17 marinos estadounidenses.

El juez civil de Al Nashiri, Richard Kammen, definió el penal como "un monumento al derroche" al quejarse durante la vista del elevado costo de movilizar a todo un equipo de la defensa, la fiscalía, expertos, oficiales, observadores, familiares de víctimas y periodistas a este rincón suroriental de Cuba.

A la prisión más costosa del mundo se accede lentamente por una carretera que atraviesa una zona residencial y que se adentra en un paisaje de cactus y arbustos que desemboca en una línea de acantilados frente al Caribe.

Sobre esa atalaya se eleva la prisión de máxima seguridad de Guantánamo, con su interminable perímetro de vallas, espirales de alambre de púa y torres de vigilancia.

En su interior se encuentran varios campos de prisioneros, que algunas organizaciones internacionales creen que guarda numerosos secretos.

Mantenerlos no es barato. Solo en los Campos 5 y 6, los más poblados, hay unos 900 guardas que en su mayoría reciben el sueldo correspondiente a un soldado desplegado en zona de guerra, muy superior al de un oficial de prisiones militares.

En el Campo 6, dedicado a los presos con mejor comportamiento, se aloja el 85% de los presos, según indicó a Efe el jefe del módulo, un militar que no lleva en su solapa su nombre y tampoco quiso darlo.

"Eso puede dar una idea de cómo es el comportamiento de los internos", indica, aunque matiza sin dar detalles que pueden darse situaciones complicadas, debido entre otras causas a que "tienen acceso a noticias", entre otras las de la red Al Jazeera en inglés.

Durante la visita, el oficial explica tras un cristal opaco cómo los presos -observados sin que ellos lo sepan- comparten en una zona común una clase de arte, en la que pintan, siempre con los tobillos anclados al suelo con cadenas.

El centro penal para los conflictivos es el Campo 6, donde existen mayores medidas de seguridad y los reos, que rondan entre 20 y 30, son castigados en habitaciones pensadas para evitar que éstos se autolesionen.

A la pregunta de si existen campos secretos en la base, uno de los responsables de la prisión, espeta jocoso: "todos los campos son secretos", algo que dejan claro las respuestas evasivas y los "no estoy autorizado" con la que se excusan los militares del penal.

Pero el mayor coste para el Gobierno de EE.UU. podría ser la pérdida de confianza en su capacidad para impartir justicia, tal y como ha indicado la defensa de Al Nashiri, que calificó a las comisiones militares como una "fachada" llena de obstáculos que no existen en un tribunal federal.

Los fiscales aseguran que estos tribunales ofrecen todas las garantías necesarias en un proceso contra "enemigos de guerra", pero gran parte de los reos que quedan en Guantánamo -de un grupo inicial de cerca de 700- no tienen pruebas claras de ser combatientes de Al Qaeda mientras pasan sus días aislados en la base.