Hermanos Musulmanes de Egipto, del éxito electoral al vergüenza público

La mayoría de egipcios apoya la destitución del presidente islamista, miembro de esta cofradía, y acusan a sus partidarios de ser "terroristas".

Durante la presidencia de Mursi, la ya frágil economía egipcia siguió hundiéndose, mientras que la inflación y el desempleo se dispararon.
Durante la presidencia de Mursi, la ya frágil economía egipcia siguió hundiéndose, mientras que la inflación y el desempleo se dispararon.AFP

Hace menos de dos años, los Hermanos Musulmanes ganaban las primeras elecciones libres del país. Hoy, la mayoría de egipcios apoya la destitución del presidente islamista, miembro de esta cofradía, y acusan a sus partidarios de ser "terroristas".

Pero, incluso antes de que el ejército derrocara al presidente Mohamed Mursi el pasado 3 de julio, la unión heterogénea que permitió a los Hermanos Musulmanes triunfar en las elecciones legislativas de principios de 2012 estalló, atemorizada ante la ambición de la cofradía de crear una nueva "generación islámica".

El sábado, cuando la policía logró extraer por la fuerza a partidarios de Mursi atrincherados de una mezquita de El Cairo, tuvieron que escoltar a estos hombres y mujeres disparando la aire, ya que una muchedumbre de residentes los esperaba con palos y barras de hierro para golpearlos.

"Una pequeña parte de la población condena el uso excesivo de la fuerza contra los Hermanos (Musulmanes), pero la mayoría respalda a las fuerzas del orden, ya que algunos seguidores de Mursi están armados", afirma Ahmed Zahrane, activista antiMubarak.

Además, tanto la prensa pública como privada egipcia denuncian unánimemente el "complot" de los Hermanos Musulmanes, calificados de "terroristas".

Miembros de la cofradía musulmana evacuados a la fuerza y apaleados por la población, Mursi detenido por el ejército en un lugar secreto: este escenario era inimaginable hace apenas dos años, cuando los Hermanos Musulmanes vencían consecutivamente en las legislativas y luego en las elecciones presidenciales en junio de 2012.

"La victoria de Mursi se basó en una alianza formada tras la segunda vuelta entre los Hermanos Musulmanes y los partidarios de la revolución" que derrocó a Hosni Mubarak a principios de 2011, explica Zahrane, quien cuenta haber votado también por el candidato islamista para bloquear el camino a Ahmed Chafik, un cacique del régimen de Mubarak.

Wael Khalil, militante de izquierda, cuenta "haber llorado de felicidad cuando se anunciaron los resultados, porque se evitó la catástrofe de elegir a un candidato del antiguo régimen". "Pero luego, descubrimos el nivel de los daños causados por la cofradía", añade.

Para Zahrane, "fue la Constitución que cambió todo". Adoptada por referéndum en diciembre de 2012 con el 64% de los votos, pero con una participación de apenas el 33%, esta Constitución levantó la ira de la oposición y de la iglesia cristiana copta, que se habían retirado de la constituyente, invocando la dominación de los islamistas".

"Los Hermanos Musulmanes no tenían una visión estratégica"

La posibilidad de que la ley coránica se instale en Egipto despertó la inquietud de la población y de los círculos intelectuales del país más poblado del mundo árabe.

"La clase media, en particular, tuvo miedo de que su modo de vida cambie, porque los egipcios son ciertamente religiosos pero no radicales", explica Zahrane.

Y cuando Mursi se atribuyó todos los poderes, tanto los activistas prodemocracia como el todopoderoso ejército egipcio y la institución judicial le dieron la espalda.

Para Fahmy Hueidi, los Hermanos Musulmanes perdieron a su base ya que "fracasaron tanto en el ámbito político como en los otros campos", especialmente en el ámbito de la seguridad.

La cofradía, que llegó "repentinamente" al poder, "no tenía experiencia de gobierno ni visión estratégica", explica Hueidi.

"Presidir una cofradía, es dirigirse a partidarios, pero manejar un Estado implica también dirigirse a sus adversarios", y ellos "no lo hicieron".

Durante la presidencia de Mursi, la ya frágil economía egipcia siguió hundiéndose, mientras que la inflación y el desempleo se dispararon.

Ali Hasan, portero de un edificio, se arrepiente de haber votado por Mursi. Hoy, espera que "los Hermanos sean ejecutados y no regresen nunca más".

Si bien los 16 meses durante los cuales el ejército dirigió el país tras la caída del presidente Mubarak empañaron su reputación, la mayoría de egipcios apoya hoy al ejército y se niega a calificar la destitución de Mursi de "golpe de Estado".