Hugo Chávez: Una ausencia indefinida

Aunque el presidente venezolano no pueda tomar posesión de su cargo este jueves, las acciones de sus alfiles demuestran que Chávez aseguró un margen de maniobra suficiente para materializar sus reformas.

La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ), Luisa Estella Morales, autorizó postergar la cuarta posesión de Hugo Chávez.  / EFE
La presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ), Luisa Estella Morales, autorizó postergar la cuarta posesión de Hugo Chávez. / EFE

La decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) —determina que se puede postergar el juramento del ya oficialmente ausente presidente Hugo Chávez “hasta que él pueda hacerlo”, rechaza una junta médica que verifique su estado de salud y da continuidad a todo su gabinete— es sólo una muestra más de la polarización que vive Venezuela y la prueba más grande que jamás haya enfrentado el chavismo en 14 años que lleva en el poder.

A pesar de la división interna y de las polémicas suscitadas en torno a la figura de Hugo Chávez, todo parece indicar que el mandatario aseguró un margen de maniobra suficiente para materializar las grandes reformas, con excepción del referendo sobre la elección indefinida de 2009, única vez que el oficialismo perdió en las urnas. Por eso se debe resaltar que desde 1999 el chavismo, en todas sus versiones (desde el Movimiento V República hasta el actual Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV) ha gozado de un amplio margen de acción.

Con este nuevo panorama, inaugurado por el anuncio del TSJ, que decidió autorizar a Hugo Chávez a no presentarse a la posesión que se celebraría hoy, 10 de enero, en amparo del artículo 231 de la Constitución de 1999, se abren varios escenarios en el país que deberán mirarse cuidadosamente. La oposición, por su parte, decidió emprender una acción inédita que consiste en abstenerse de reconocer al gobierno. Dicha medida sólo puede ahondar aún más la división interna que ha acompañado a la sociedad venezolana en los últimos años.

Después del acto político convocado para hoy por el chavismo, en solidaridad con el presidente Hugo Chávez al no poder celebrarse su cuarta investidura, Venezuela deberá lidiar con su ausencia indefinida. El futuro del PSUV y del chavismo, sin duda, dependerá de tres elementos concretos y de la habilidad que demuestre la cúpula oficialista en las próximas semanas.

En primer lugar, el socialismo del siglo XXI preconizado por Chávez depende hoy más que nunca de la unidad en sus filas. Por lo menos hasta ahora sus tres principales cabezas —Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Elías Jaua— lo han confirmado. En estos momentos de crisis parece evidente que desde hace mucho tiempo se fijó una postura ante la ausencia de su líder natural, para que estos cuadros aparecieran en la misma orilla ideológica.

En segundo lugar, el papel de la oposición es vital para definir al chavismo como fuerza política. Esta coyuntura significa una oportunidad histórica para ejercer el control político sobre el gobierno actual. Hasta el momento, una de las grandes debilidades de la oposición ha consistido en no haber encontrado un escenario para el ejercicio de ese control formal y para canalizar una veeduría ciudadana sobre las acciones del gobierno. Una vigilancia efectiva y transparente puede convertir a los contradictores del chavismo en una verdadera alternativa, aunque aún se encuentren lejos de tener capacidad para llegar a la presidencia. Las últimas elecciones regionales donde ésta resultó derrotada son una confirmación de dicha tendencia.

Y, por último, el papel de la comunidad internacional es vital para definir el futuro del proyecto chavista. En los últimos tiempos la necesidad de contar con el reconocimiento del entorno regional es cada vez mayor. La historia contemporánea de gobiernos condenados al ostracismo por la comunidad internacional y que deben enfrentar severas crisis a ese propósito lo testimonian.

A la luz de las actuales y extrañas circunstancias venezolanas se puede decir que el régimen y la oposición están obligados a definirse. Una tarea inaplazable.

* Profesor de la U. del Rosario.