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El Mundo 23 Jun 2012 - 9:02 pm

Temor por las aeronaves fabricadas bajo la alianza Venezuela-Irán

Los drones vuelan al Sur

Aviones no tripulados de EE.UU. llegarán a Suramérica. Se prevé que serán usados para monitorear actividades criminales transfronterizas, pero no hay una legislación sólida que garantice que no operarán como lo hicieron en Afganistán.

Por: Daniel Salgar Antolínez
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Las aeronaves teledirigidas estadounidenses vendrían a Suramérica después de cumplir misiones de ataque a miembros de Al Qaeda. / Reuters

Aviones no tripulados (drones) se apoderan del cielo suramericano. A los que ya tienen Brasil, Chile, Ecuador, Argentina y Venezuela —hasta ahora destinados únicamente a la vigilancia— se sumarán otros de Estados Unidos, que podrían venir equipados con armas. Si bien estas aeronaves pueden ser usadas para reunir información sobre ubicación de criminales y movimientos ilícitos, la falta de una legislación que regule sus acciones puede convertirlas en armas de doble filo: los drones han sido usados por EE.UU. en Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen y Somalia para espiar y matar.

La doctora Johanna Mendelson Forman, analista de América Latina del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, le dijo a El Espectador que “lo más importante en relación con los drones, sean los de EE.UU. o cualquier país de Latinoamérica —a excepción de Venezuela, donde no estamos seguros de los alcances militares que vayan a tener con la ayuda de Irán—, es que se usen para la protección territorial y fronteriza, para la vigilancia del narcotráfico, la agricultura y la deforestación ilegales”.

Los drones estadounidenses que llegarán al continente, según ha reportado Spencer Ackerman en el blog Danger Room de la revista Wired, son los que han cumplido misiones de espionaje y ataques a grupos terroristas en Afganistán. Entre éstos estarían el Predator, el Reaper y el Global Hawk, que no sólo tienen cámaras, sino también misiles. Norton Schwartz, jefe de personal de la Fuerza Aérea estadounidense, ha dicho que el Comando Pacífico y el Comando Sur claman por estas naves, que serían utilizadas en operaciones de vigilancia.

No sería la primera vez que aeronaves no tripuladas de EE.UU. vienen a Suramérica. El helicóptero no tripulado Fire Scout de la Marina ya ha sido lanzado desde embarcaciones antinarcotráficos para buscar contrabandistas. La gran diferencia es que este aparato, capaz de volar 15 horas en un rango de 1.227 millas náuticas, estaba desarmado.

Tampoco serán los primeros drones en la región. En 2009 Brasil adquirió dos Hermes 450 a Israel para patrullar el Amazonas y combatir el crimen en las favelas. Ahora invertirá US$395 millones para sumar 14 IAI Heron, que operarán en el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. La firma brasileña Embraer se asoció en 2011 con la israelí Elbit Systems para construir un nuevo drone llamado Harpia, que cubrirá grandes distancias.

Chile equipó a sus fuerzas militares con el Hermes 900 el año pasado. Ecuador tiene al menos seis IAI Heron para vigilar el narcotráfico en alta mar. Argentina es uno de los países más avanzados en fabricación propia de drones, los utiliza en la marina y la Fuerza Aérea. Se rumora que el Comando Sur planea construir una base de aviones no tripulados en la provincia de El Chaco, específicamente en el aeropuerto de Resistencia. El proyecto sería financiado por un programa de Defensa de los EE.UU. y costará inicialmente unos tres millones de dólares, sin adicionar los drones que allí operarían, que elevarían la inversión a US$100 millones.

Venezuela despierta serias intrigas. Aunque el presidente Hugo Chávez salió la semana pasada a exhibir un nuevo drone fabricado en la República Bolivariana por ingenieros capacitados en Irán —país al que antes ya le había comprado al menos otros 10 drones—, muchos sospechan de las alianzas entre Venezuela y el país persa. Un reporte del periódico español ABC indica que el acuerdo de transferencia tecnológica del Mohajer 2 (M2), el modelo iraní vendido a Caracas y renombrado como Sant Arpía, costó US$28 millones. De acuerdo con investigaciones de la Fiscalía de Nueva York, esta cifra excede lo que sería el precio de una docena de drones.

Parte de la inversión, según el informe, se utilizó para levantar instalaciones secretas dentro del recinto de la Compañía Venezolana de Industrias Militares, en Maracay (donde también se fabrican fusiles rusos). Es un misterio lo que Chávez y sus aliados iraníes fabrican en esos recintos, lo cierto es que no es previsible que el principal contradictor de EE.UU. e Israel en la región se quede de brazos cruzados viendo cómo esas dos naciones inundan los cielos con drones.

En todo caso, explica a El Espectador Claudio Reyes Barrientos —coordinador de Programas y Proyectos de Flacso Chile—, los drones venezolanos “técnicamente distan mucho de los utilizados por EE.UU., que son de largo alcance y mayor sofisticación. Los norteamericanos vuelan a más de diez veces la altura de los venezolanos y tienen 15 veces más autonomía de vuelo. Pero hay que estar atento, pues la construcción de estos aparatos cuenta con el apoyo de Irán, en una alianza que incomoda mucho a EE.UU.”.

Colombia contempla comprar drones a Israel. El ministro de Defensa del país judío, Ehud Barack, estuvo en Bogotá recientemente para ofrecer aviones no tripulados equipados con armamento pesado, miras infrarrojas y dispositivos de alta precisión, argumentando que se han “revisado operaciones en las que se ha hecho un detallado trabajo de inteligencia humana, pero que han fracasado por falta de inteligencia técnica, como la que puede proveer un drone”.

Cynthia Arnson, directora del programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Center de Washington, aseveró a este diario que en Latinoamérica “no se trata tanto de una carrera armamentista —como sucede cuando hay un país que obtiene armas que los otros ven como amenazantes—, sino que todos están buscando este desarrollo, porque es indudablemente más eficaz y reduce las muertes al recoger información de inteligencia”. Arnson añade que el escenario ideal sería uno donde haya un marco legal para que los drones no hagan en Suramérica operaciones de ataque como las de Asia, y para que la información que adquieran sea compartida con los gobiernos del continente, “pero pocas veces se ha visto que haya acuerdos sobre el uso de armas convencionales, los únicos logros han sido en términos de No Profileración de armas nucleares”.

Las dos empresas más poderosas en producción de drones, las de EE.UU. (Northrop Grumman y General Atomics, que dominan el 80% del mercado mundial) e Israel, ya tienen la mira puesta en Suramérica. Para Carlos Martínez —doctor en Economía, especialista en geopolítica estadounidense y decano en Economía de la Universidad Santo Tomás—, se trata de poderes económicos transnacionales que pasan por encima de la soberanía de los Estados y que, como ya lo hacen en el mundo (“Israel, determinando la táctica militar en Oriente Medio, y EE.UU., haciendo que la OTAN asuma como propias sus estrategias militares experimentales”), plantean un nuevo tipo de guerra de especulación financiera y violencia robótica.

Martínez considera que los drones estadounidenses, al menos en el caso colombiano, pueden llegar con la argumentación de servir a la vigilancia de rutas del narcotráfico, “pero terminarán instaurando la estrategia de EE.UU. que consiste en hacer terrorismo a los terroristas, creando miedo y violencia generalizada. Los drones terminarán siendo usados para intervenir en poblaciones que no aceptan la construcción de un proyecto minero o atacar a la guerrilla, los paramilitares o la delincuencia común —que a su vez encontrarán tecnología para defenderse, porque el mercado de armas es el más libre en la economía mundial—”.

Además, cuenta Martínez, no es seguro que los datos que obtenga EE.UU. sobre la situación geográfica y territorial vayan a estar al servicio de los países vigilados y no sólo de los estadounidenses. “Tendrán, entre otras, un mapa de recursos naturales que hoy ni ellos ni nosotros tenemos totalmente claro. Ahí la cosa se convierte en espionaje, en ruptura total de la soberanía territorial”.

La preocupación por el caos político y militar que puede generar en Suramérica el auge de aviones teledirigidos de EE.UU., Israel e Irán, radica en que el trepidante avance tecnológico carece de un piso jurídico sólido que regule la actividad de esas naves. Hasta ahora “no hay una reglamentación que tome en cuenta el grado de destrucción masiva que puede ser causado por estos aviones, porque hasta ahora las guerras habían tenido cierta ética y juridicidad, pero con la incorporación de los drones, muchas veces quien conduce ese aparato ni siquiera sabe a quién está atacando, porque lo hace con esquemas robóticos que, aunque son de alta precisión, no tienen en cuenta el impacto humano, cultural, social ni el pánico que pueden causar en cualquier territorio”, dice Martínez.

Mendelson añade que es recomendable realizar “un código de conducta para el uso de drones no sólo en Latinoamérica, sino en el mundo. Es algo que tiene que decidirse de forma multilateral. En Latinoamérica, especialmente México, Argentina, Brasil y Chile, han acordado el uso pacífico. Hay algunos tratados de cielos abiertos y operaciones transfronterizas, pero la discusión necesita darse en un foro generalmente aceptado”.

Para Martínez, este foro sería el Consejo de Defensa suramericano de Unasur, “que puede ser el único ámbito con argumentos para regular, primero, los gastos militares, y segundo, la utilización de los avances robóticos y electrónicos en la guerra, para que sirvan a los intereses regionales y no a los intereses no medibles de la globalización, que finalmente, si se le pone nombre propio, es EE.UU. e Israel”.

Los países ya buscan un consenso. El año pasado Brasil propuso a Colombia, Bolivia y Uruguay crear un código para regular el uso de aviones no tripulados brasileños y el acceso a la información que pudieran recoger de otros países. Fue entonces cuando Venezuela optó por desarrollar su propio drone.

La ONU también ha puesto sobre la mesa la necesidad de que se cree un instrumento de investigación para prevenir abusos no sólo por parte de EE.UU., sino de los otros 42 países que utilizan aviones teledirigidos en el mundo. El relator especial sobre la promoción y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha antiterrorista, Ben Emmerson, ha afirmado que “es preocupante” que en EE.UU. haya una investigación “poco apropiada” sobre los ataques hechos con estos aparatos y que los asesinatos selectivos que EE.UU. comete en otros países con esas naves pueden constituir “crímenes de guerra” si se prueba su desproporción.

Antes de la llegada de drones estadounidenses se hace urgente una investigación sobre el papel que han cumplido esos aparatos en el resto del mundo. El relator de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, Cristoph Heyns, ha urgido a EE.UU. a precisar cuáles son las reglas que enmarcan las operaciones antiterroristas donde se usan los drones y si ha tenido permiso de las autoridades de los países donde han incursionado. El gobierno de Obama, sin embargo, ha guardado silencio.

Operaciones de drones estadounidenses

Después del 2 de mayo de 2011, cuando tropas estadounidenses incursionaron en Abottabad, Pakistán, para matar a Osama Bin Laden, varios drones circundaron la zona donde se realizó el operativo y mataron al menos a otros diez militantes de Al Qaeda.

Antes, el 22 de julio de 2009, funcionarios estadounidenses dieron a conocer la muerte de uno de los hijos de Osama Bin Laden, Saad, mediante el uso de drones, aunque el dato no fue confirmado desde entonces.

El pasado 5 de junio las autoridades estadounidenses anunciaron que el número dos al mando de Al Qaeda, Abu Yaha al Libi, pudo haber muerto en un ataque perpetrado con drones en la región paquistaní de Waziristán Norte. Desde 2004 se han registrado 272 ataques con drones en Pakistán, de los cuales 117 ocurrieron en 2010. El año pasado se perpetraron alrededor de 60 y en este van 22. 

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