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El Mundo 12 Mayo 2013 - 9:00 pm

Monarquía española

Los escándalos de la Casa Real en España

En España, una serie de escándalosen el corazón de la casa real le restan credibilidad al monarca Juan Carlos. El caso Nóos, por el cual fue imputada la infanta Cristina, agrava la crisis de la Corona.

Por: Nicolás Eliades
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El príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, heredero del trono, acompañado de su esposa y la Infanta Doña Pilar (izq.). /EFE

En estos oscuros momentos de crisis que vive España, y con una generación entera que sólo ha conocido la democracia, una serie de escándalos en el corazón de la casa real le restan credibilidad y empatía a quien en su momento fue un héroe patrio. En entrevistas con El Espectador, periodistas destacados y políticos españoles explican la situación actual de la monarquía.

¿Quién puede olvidar la imagen de un irritado rey Juan Carlos de España mandando callar al comandante venezolano Hugo Chávez? En un momento mítico, el rey, de repente, mostró que era un ser humano con los mismos sentimientos que el resto de los mortales. Él también podía llegar a hartarse de la “catarata verbal” del difunto mandatario. Y, siendo rey, se dio un lujo que tantos anhelaron.

Aunque se recibió con sonrisas, el incidente fue la primera vez que dejó en evidencia una realidad española: don Juan Carlos se aproximaba a aquella edad en la cual las palabras no se miden y la paciencia diplomática se reduce. Tras la carcajada colectiva, los españoles se encontraron sorprendidos con la falta de diplomacia del jefe de Estado y primer diplomático de España. “Ahí nos dimos cuenta de que teníamos un rey que estaba dando muestras de impaciencia, nerviosismo y falta de control”, relata José Antonio Zarzalejos, ex director del ABC, periódico español monárquico por excelencia, “fue una reacción muy inconveniente y poco diplomática”. Se comenzaban a insinuar los estragos del tiempo en un personaje clave en el nacimiento de una España democrática.

El rey, para algunos, es un vestigio de la oscura dictadura que abrumó al país durante 40 años. Iñaki Anasagasti, senador del Partido Nacionalista Vasco, lo considera “un mal recuerdo del franquismo, que para su supervivencia estos 35 años ha necesitado de la censura y un pacto de silencio. Lo veo como un sistema antidemocrático, un vestigio del pasado y un sinsentido político”.

El dictador Francisco Franco, con el fin de garantizar su legado, dejó a cargo a un joven rey, a quien educó y entrenó bajo los parámetros militares que definieron su mandato. Pero una vez muerto el caudillo, Juan Carlos se sublevó e impulsó una transición a la democracia por la cual gran parte de España, en particular su clase política, sigue agradecida. Este papel como padre de una España democrática y moderna se consolidó tras el fallido golpe de Estado llevado a cabo por facciones disidentes del ejército el 23 de febrero de 1981. Don Juan Carlos, en un discurso televisivo dirigido a un pueblo nervioso, acertó:

“La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático de la Constitución votada por el pueblo español”.

De esta manera, Juan Carlos impidió el ataque a la naciente democracia, garantizando la devoción de sus súbditos. “Para mí, el rey significa libertad, democracia, progreso, y a mí me gusta lo que ha hecho”, afirma el periodista Francisco Paniagua, responsable de casa real para la cadena radiofónica española Onda Cero. Desde ese momento hasta mediados de los años 90, cuenta Zarzalejos, “el rey gozaba de una gran popularidad, de un gran afecto de los ciudadanos con un consenso prácticamente transversal”.

Durante este período existió un llamado “pacto de silencio” con la monarquía, descrito por Paniagua como “una cuestión de sentido común”. Para Javier Moreno, director del diario centro-izquierdista El País, “hay una cultura, que defiendo como editor de un periódico, y es dejar al margen del debate las vidas privadas de los personajes públicos, y eso no se limita al rey”.

A pesar de este “pacto”, a partir de los años 90 su figura empezó a ser más controvertida. En esa década, dice el exdirector del ABC, “la mala gestión del rey con su familia por los matrimonios que fueron haciendo sus hijos” representó el principio de un declive, y “a partir de principios del presente siglo empezó el debate sobre su patrimonio, sobre la transparencia y sobre la corrección del matrimonio de sus hijos”.

El primer escándalo matrimonial que marcó a los Borbón fue el de la infanta Elena y su esposo aristócrata, Jaime de Marichalar. En un acto insólito, la casa real anunció en noviembre de 2007 el “cese temporal de su convivencia matrimonial”, medida que tomó efecto en 2010 y representó el primer divorcio real en la historia de la Corona española.

El pacto quedó totalmente resquebrajado el 14 de abril de 2012, cuando se anunció que durante un viaje de caza a Botsuana, el rey, acompañado por su “amiga personal”, la aristócrata Corinna zu Sayn-Wittgenstein, se fracturó la cadera, sacando a relucir un viaje que no era del todo aceptable. En la opinión del periodista Zarzalejos, “es grave políticamente que haya salido del país en unas circunstancias absolutamente irregulares, sin una comunicación suficiente a la presidencia cuando el país está atravesando un momento social y económico muy, muy difícil. La falta de sensibilidad en la caza de elefantes es un elemento añadido”. El político Anasagasti no es tan diplomático: “¡Que encima le guste la cacería, y la caza mayor, y cace elefantes, símbolos del poder capitalista más obsceno hoy en día!... Pues al final, en una época de crisis, la gente se ha ido enterando. Y en la medida que se ha abierto la compuerta, poco a poco salió un chorrito y al final, una catarata”. A pesar de las consecuentes disculpas inauditas del rey, el chorro no quedó contenido. “Lo que pasa es que ya son unas disculpas, primero, que son tardías y, en segundo lugar, que no es tanto una cuestión de disculpas sino de responsabilidad”, agrega el exdirector de ABC.

Acto seguido, se profundizó el escándalo de Nóos, como se conoce el caso de posible corrupción por el cual está imputado el esposo de la infanta Cristina, Iñaki Urdangarin. De esta manera se abrió totalmente un debate en la sociedad española y el rey dejó de representar ese referente transversal de los años 80 y 90. El último capítulo en esta telenovela monárquica ve cómo un juez español imputa por primera vez a un miembro directo de la familia real, la infanta Cristina, segunda hija del monarca, sobre la cual recaen sospechas de su conocimiento de los negocios turbios de su esposo. Aunque el rey también sale salpicado, la Constitución española reconoce a su persona inviolabilidad absoluta y relega total responsabilidad por su parte, sea política o jurídica. Pero esto no quita que, como certifica el director de El País, Javier Moreno, “el rey está ahora en medio de una gran tormenta política”.

“Hemos propuesto en debates y hemos hecho editoriales contundentes pidiendo y exigiendo cambios legales para atenuar o salir de la actual crisis institucional, que es general en España. En este país no hay institución que no esté en crisis”, advierte Moreno. “La figura del rey está sufriendo un gran desgaste, sí. Pero también el Gobierno, el partido que sostiene al Gobierno, el partido que forma la oposición, los jueces, el Tribunal Constitucional, el Parlamento, la clase política en general, los periódicos, la prensa... No hay una institución en este país que no esté ahora mismo sufriendo un debate y una erosión importantísima que responde a la crisis de representación en España. Estamos todos en una crisis de proporciones muy dramáticas”.

En una encuesta publicada por El País a principios de abril, el 53% de los españoles desaprueba cómo el monarca realiza sus funciones, perdiendo apoyo especialmente entre los menores de 35 años. Su hijo, el príncipe Felipe, en cambio, recibe una aprobación del 61%, muy por encima de su padre. El debate sobre el futuro de la monarquía esta plenamente abierto.

“En este momento el rey forma parte de los problemas que tiene España y no de las soluciones que necesita”, declara el monárquico Zarzalejos. “Yo soy absolutamente crítico con la gestión del rey en los últimos años, y creo que por el bien de la monarquía y por su continuidad deben producirse reformas importantes. Sería necesario que el rey cediese el paso a su hijo y que, en un plazo razonable, que no debe de ser de años sino de meses, el nuevo rey de España sea Felipe VI, el actual príncipe de Asturias. Con 45 años, es una persona extraordinariamente preparada, muy íntegra y alejada de cualquier problema que haya salpicado a otros miembros de la familia, incluido su padre”.

Para Anasagasti, el líder nacionalista vasco, “la única solución es una república democrática. Si Colombia no quiere una monarquía, ¿por qué España tiene que tenerla?”.

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