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El Mundo 11 Nov 2012 - 12:27 am

Perdón y reconciliación frente a los diálogos con la guerrilla

'Los vecinos son claves para la paz'

John Carlin, escritor y periodista británico, habla sobre sus vivencias en los procesos de paz en Sudáfrica, Ruanda e Irlanda del Norte.

Por: Daniel Salgar Antolínez
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John Carlin es reconocido en el mundo por su cubrimiento de procesos de paz. / Gabriel Aponte

El escritor y periodista británico John Carlin ha vivido de cerca los mayores conflictos de la historia reciente en el mundo. Fue corresponsal en Sudáfrica, Ruanda, Irlanda del Norte, España y Centroamérica, entre otros. Uno de sus libros más conocidos es El factor humano, en el que explora el proceso sudafricano hacia la paz y la reunificación después del apartheid. Carlin estuvo en Bogotá para hablar sobre sus experiencias y en entrevista con El Espectador dejó muy claro que, como buen periodista, su función no es pontificar sobre las negociaciones que comienzan entre el gobierno colombiano y las Farc, sino ofrecer sus diversas vivencias, de las cuales pueden extraerse denominadores comunes para cualquier intento de poner fin a la violencia.

¿Cómo recibe la reelección de Barack Obama?

Con alegría, como la mayor parte del planeta. Hay un consenso abrumador de que Obama es el favorito fuera de EE.UU. Creo que Mitt Romney es el típico estadounidense aislado dentro del llamado excepcionalismo americano, esa convicción de que ellos son el mejor país de la historia —y se lo creen de verdad—. Eso puede estar muy bien como sentimiento patriótico, pero al relacionarse con el mundo, y con todos los conflictos en los que se mete EE.UU., un cierto grado de sensibilidad por el resto de la especie es imprescindible. Obama siente más respeto por otras culturas y tiene más conocimiento, por eso representa menos peligro potencial para el planeta.

Obama expresó su apoyo al proceso de paz en Colombia. ¿Se involucrará más durante su segunda administración ?

No vengo a pontificar sobre el proceso de paz. Solo digo que, si yo fuese colombiano y tuviera interés en que el proceso de paz funcione, y teniendo en cuenta que la dimensión internacional siempre tiene su peso e influencia, me sentiría bastante más tranquilo con la presencia de Obama en la Casa Blanca.

Hablemos de ejemplos internacionales. Hay una frase con la que Nelson Mandela le respondió cuando usted era corresponsal en Sudáfrica…

Fue en la primera conferencia de prensa que dio Mandela después de salir de la cárcel, el 12 de febrero de 1990. Estaban en los inicios de un proceso de paz, ni siquiera habían llegado a la fase en la que está Colombia, cuando ya están sentados en la mesa, pero el plan era que se iba a negociar una transición democrática. Le pregunté cuál iba a ser la fórmula y me dijo que era “reconciliar los temores de los blancos con las aspiraciones de los negros”. Un resumen fantástico y, a fin de cuentas, eso fue lo que pasó.

¿Qué quiso decir con eso?

En Sudáfrica tenían un sistema considerado por el resto del planeta como criminal, que era el apartheid. La ONU lo definió como un crimen contra la humanidad. El 85% de la población no podía votar, estaba discriminada en todos los aspectos imaginables, reducidos a ciudadanos de cuarta categoría, y al otro lado había un grupo de 10% o 15% de la población que, por tener piel blanca, tenían el dominio total del país en lo político y económico, tenían quizás el mejor nivel de vida del mundo. Obviamente, ante una transición la minoría blanca sentía un tremendo temor, alimentado en muchos casos por un sentimiento de culpa.

¿Cuál era ese temor?

Que los negros acabaran tratándolos como ellos habían tratado a los negros, o peor, que iba a haber una gran matanza tipo Revolución Francesa y todos iban a ir a la guillotina. Las aspiraciones negras, por otro lado, eran principalmente salir de ese estado que era prácticamente la esclavitud y encontrar la dignidad, la igualdad, el derecho al voto; poder salir de la miseria moral a la que habían sido sometidos durante siglos por los blancos.

¿Cómo se entendían el perdón y la reconciliación?

Mandela tenía el apoyo de mucha gente de su partido, el Consejo Nacional Africano, que optó por la reconciliación, no por la revolución. Iban a utilizar el perdón y la generosidad como instrumentos políticos. No solo perdonar porque es bonito y bueno, sino como una fría y calculada estrategia para llegar a la democracia, la paz y la justicia, preferiblemente con un mínimo de sangre derramada.

¿Cómo se desarrolló el proceso?

Empezaron un proceso como el de Colombia, las dos partes negociando durante muchos días, pero al mismo tiempo Mandela y su gente hicieron un proceso de seducción de los blancos, un trabajo de persuasión para decirles ‘no se preocupen, no vamos a echarlos a todos al mar —eso era lo que pedían algunos líderes negros–, sino que cuando estemos en el poder también habrá blancos en el poder, y la única diferencia es que todos seremos ciudadanos con igualdad”. Fue un proceso político cargado con muchos actos simbólicos y discursos, incluso se utilizó el deporte como instrumento de simbolismo.

¿Eso pasó en la mesa de diálogo?

No, más allá de la mesa de negociación, Mandela y su gente se reunieron con, por ejemplo, generales retirados de la extrema derecha que pensaban irse a la guerra, para hablar con ellos en secreto y convencerlos de que ese no era el camino. Mandela además hizo una muy difícil labor de convencer a su propia gente de que la venganza no era el camino, apelando siempre a la parte más pacífica y reconciliadora, intentando unir el país en vez de dividirlo. Los políticos suelen dividir para llegar al poder, fue lo que hicieron Obama y Romney, pero Mandela pasará a la historia como un hombre enorme por ser de los poquísimos que tienen la virtud de apelar a la unión y al mismo tiempo triunfar como político.

Casi dos décadas después del genocidio de Ruanda, las diferencias étnicas entre hutus y tutsis se han superado…

Ruanda es muy diferente a Colombia, pero lo importante es que si se logró una cierta estabilidad y reconciliación en las circunstancias que vivía Ruanda, se tiene que logar en cualquier parte. El genocidio ruandés es lo más extremo. Entiendo que la violencia colombiana ha dejado alrededor de 300 mil muertos, eso es un horror, pero en Ruanda, en 100 días, murieron casi un millón de personas y casi todas a machetazos. El proceso de reconciliación fue como un experimento de laboratorio: sometemos a un grupo al horror más tremendo y después les pedimos que se olviden de la venganza y vivan en paz con quienes fueron sus asesinos. Lo increíble es que lo han logrado y con relativamente poca venganza. A 30 o 40 personas las han ejecutado, por ser responsables de muchas masacres. Pero en general, metieron presos a más de 100 mil y hubo una primera amnistía en la que soltaron alrededor de 40 mil y volvieron a sus pueblos Yo estaba ahí cuando volvían. Una señora ve llegar al tipo que hizo una carnicería con su marido y sus hijos, y que además la violó y la contagió de sida. Ahora son vecinos y viven en paz. Es impresionante.

¿Cómo se logró eso?

Con liderazgo. El líder del país y su gente se convirtieron en una especia de ejército de reconciliación, con una política muy clara: apuntar a la reconciliación, porque si permitimos que esto se nos vaya de las manos otra vez, volvemos a lo mismo. El presidente de Ruanda me dijo una vez: ‘para mí es muy fácil tomar una decisión, sea económica, militar, política cualquiera. Me pregunto si la decisión hará más o menos factible que se repita el genocidio. Tomo la decisión que lo haga menos factible. Es muy fácil’. Ruanda es hoy un país en paz, estable, en el que hutus y tutsis están en el gobierno juntos, juegan en la selección de fútbol juntos. El país ha registrado un crecimiento económico brutal, de los pocos casos en África con una política económica exitosa. Hay muchas cosas que no tienen que ver con Colombia, pero lo demostrado es que con un liderazgo convencido, un trabajo de persuasión extenso, se logró, y si se pudo hacer allá, se puede hacer en cualquier lugar.

Irlanda es un conflicto más similar al de Colombia…

Había un grupo armado, el IRA, que sería equivalente a las Farc en el contexto colombiano. El gobierno se sentó con ellos a negociar la paz. Es parecida la sofisticación política de ambos pueblos y que habían sido 30 o 40 años de muertes acumuladas (aunque menos en Irlanda). Pero lo importante no es buscar convergencias entre los conflictos, porque si entramos en detalles concluiremos que no tienen nada que ver, sino los denominadores comunes: las víctimas, el perdón, los presos, las amnistías, la reconciliación, el compromiso real de las partes con la negociación.

Es muy importante que ambos bandos estén convencidos de que la negociación es la única alternativa. Si tienen un plan b, la negociación no funciona, porque cuando aparezca el primer obstáculo, abandonarán la mesa. Si hay tropiezos terribles como una masacre o un asesinato, hay que mantener la convicción de sobreponerse a la circunstancia, porque se sabe que estratégicamente la negociación es el camino que más conviene. Estos elementos son comunes, independientemente de la cultura, la historia y la idiosincrasia de cada país.

En Irlanda se firmó un acuerdo, pero pasó mucho tiempo antes de dejar las armas…

Fueron 10 años en conversaciones secretas, que siempre las hay. Ese es también un denominador común. Se firmó un acuerdo, pero quedaron muchos temas por delante: por ejemplo los presos. A raíz del Acuerdo del Viernes Santo del 98, se creó una comisión para estudiar los presos políticos caso por caso y decidir a quién soltaban. Esta comisión la dirigieron un canadiense y un sudafricano, pagados por el gobierno británico, para que funcionara como árbitro confiable. Durante varios años examinaron caso por caso. Así pasaron diez años más hasta que hubo elecciones, todos participaron, y funcionó. Lo increíble, en 2007 o 2008, es que el primer ministro del gobierno autónomo de Irlanda del Norte, era un protestante llamado Ian Paisley —la persona más radical y que, si llevaban a alguien de IRA a la guillotina, hubiera ido allá a aplaudir—, que salió haciendo bromas y hasta hablando de fútbol con el viceprimer ministro, que es un excomandante del IRA. Algo absolutamente inconcebible. Estas cosas toman su tiempo, es cuestión de ir creando confianza, con gestos, con concesiones.

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