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El Mundo 17 Abr 2013 - 11:58 pm

Denuncias y acusaciones de ambas partes

Maduro-Capriles, ¿Un diálogo imposible?

Las acusaciones entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles no parecen tener una calma próxima. Aliados y seguidores se provocan y aún no se oficializa una auditoría electoral.

Por: Redacción Internacional
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Nicolás Maduro tiene presupuestada su posesión ante la Asamblea Nacional para mañana y Henrique Capriles sugiere que su rival político llama al amor y a la paz, pero su comportamiento es contrario. / AFP

En Venezuela, el espacio para el diálogo entre el gobierno y la oposición sólo parece ligado a la utopía. Cuando el presidente electo, Nicolás Maduro, ofreció su discurso de victoria, reconoció que su rival, Henrique Capriles, lo había llamado y habían conservado durante casi 15 minutos. De acuerdo con su versión, el opositor aseguró que tenía más de siete millones de votos y que merecía ser escuchado. Maduro pareció de acuerdo, no sin antes hacer énfasis en que en la democracia ganan las mayorías. También aseguró no tener problema en caso de que el CNE solicitara la auditoría del total de las mesas de votación.

Lo que vino después resultó en el extremo antagónico de ese primer discurso postelectoral. En seguida Capriles ofreció su versión y comenzó a desarrollarse esa postura de duda sobre los comicios, que hoy lleva al extremo a la ya usual polarización de un país dividido en dos férreas posturas políticas sin lugar para los puntos medios.

La oposición asegura tener en su poder más de 3.000 pruebas que darían pie a pensar en una denuncia de irregularidades que obliguen al Consejo Nacional Electoral a auditar el total de las mesas de votación, pero hasta ahora no publica ninguna en concreto. Motivado por lo que consideró injusto, Capriles llamó a la calle a sus seguidores y ellos respondieron, pero hoy sus rivales políticos se burlan porque el “cacerolazo” no sirvió para nada, a menos que el CNE se viera obligado a nombrar al nuevo “rey del arroz con pollo”, como pululaba el sarcasmo en las redes sociales. Y después del ataque, vino el contragolpe: el chavismo comienza a amenazar con no reconocer a Capriles como gobernador de Miranda o a acusarlo de violar el artículo 285 del Código Penal: entre tres y seis años de cárcel por “instigar a la desobediencia de las leyes” o al odio entre sus habitantes.

Nicolás Maduro y Henrique Capriles comparten el uso del calificativo “fascista” para señalarse mutuamente, al mismo tiempo que el rector del CNE, Vicente Díaz, políticamente afín a la oposición, dice que no se puede hablar de irregularidades en las votaciones del domingo, en las que a su parecer hubo transparencia, pero sí de un ventajismo en los medios oficiales a favor del hoy mandatario electo.

El fuego cruzado se presenta en las calles también. El ministro de Comunicaciones, Ernesto Villegas, denunció ataques contra las sedes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) a manos de los manifestantes de la oposición. Capriles sentencia que son los mismos chavistas los que atacan sus propias sedes para desestabilizar y Maduro lanzó un mensaje a través de su cuenta en Twitter para denunciar que “la derecha esta armando grupos con franelas rojas (color de los chavistas) para simular ataques”. El presidente electo anunció al país la alerta de los cuerpos de seguridad ante cualquier eventualidad y el opositor advirtió que “¡Cualquier cosa que me pase en la Residencia Oficial en los Teques —donde cumple sus funciones como gobernador de Miranda—, hago responsable a Nicolás Maduro!”.

Cada líder tiene sus razones para legitimar sus posturas, pero alrededor de esto, sus seguidores y aliados políticos han entrado en la espiral. El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ha atizado el fuego: “Cuatro niñitos ricos no van a desordenar el país”, refiriéndose a Capriles y su equipo. Los parlamentarios opositores Nora Bravo, Dinorah Figuera, Miguel Ángel Rodríguez y William Dávila reportaron a la opinión pública que Cabello los había destituido de los puestos que detentaban dentro de las comisiones parlamentarias.

Mientras que Maduro suma apoyos internacionales a su elección, con el de Colombia a bordo, Capriles pasa las horas puntualizando el pedido de auditoría al CNE y los venezolanos se burlan y defienden entre sí en las redes sociales: Nicolás Maduro con un pájaro satánico en el hombro, un chavista vendiendo cacerolas a la oposición, un Capriles con lágrimas pintadas como un niño que no reconoce que perdió en las escondidas. La variedad es amplia, la inestabilidad y la tensión continúan.

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