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El Mundo 15 Ene 2013 - 10:00 pm

El objetivo: evitar futuras tragedias como la de Newtown, donde murieron 20 niños

La propuesta de Biden

El presidente de EE.UU., Barack Obama, presenta hoy un paquete de medidas para endurecer el control de armas, incluyendo la prohibición de armas de asalto, con base en las recomendaciones presentadas por el vicepresidente.

Por: Yolanda Monge, Eva Saiz / Especial de El País
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Después de la masacre de Sandy Hook, Obama afirmó que había llegado el momento de modificar la política sobre tenencia de armas en su país. / AFP

Barack Obama presenta hoy sus recomendaciones para acabar con la epidemia de violencia armada que hace un mes provocó 27 muertes en Connecticut. El presidente estadounidense se reunió con su vicepresidente, Joe Biden, quien le entregó un documento con las conclusiones a las que llegó tras reunirse durante varias semanas con sectores a favor y en contra del control de armas.

Algunas de las propuestas que Biden presentó son: poner en práctica una revisión universal de antecedentes de los compradores de armas, reducir el número de balas de los cargadores y prohibir las armas de asalto. La Casa Blanca es consciente de que las dos últimas iniciativas le supondrán la oposición frontal de grupos tan poderosos como la Asociación Nacional del Rifle (NRA, siglas en inglés) y de parte de los congresistas del Capitolio en Washington.

“La cuestión no es si creemos en la Segunda Enmienda (que garantiza la posesión y el derecho a portar armas), sino cómo puede una persona entrar en una escuela y matar a 27 personas”, explicó Obama. El presidente incluso señaló que el factor miedo está siendo utilizado por los sectores más radicales. “El problema es que cualquier medida ha sido interpretada como si fuésemos a quitarles las armas a los ciudadanos”, añadió.

Obama dejó una última frase de recomendación para sus colegas en el Capitolio: “Los miembros del Congreso deberán celebrar un debate y examinar sus conciencias. Si estaban tan tristes como yo por lo ocurrido en Newtown, tendremos que pensar todos en respuestas que dejen la política a un lado”.

Precisamente en esa pequeña localidad de Connecticut, de 27.000 habitantes, nada es igual un mes después de que el joven Adam Lanza asesinara a 20 niños y seis profesoras en la escuela primaria de Sandy Hook. El drama pesa como una losa entre sus habitantes, que estos días han comenzado a reunirse para tratar de sobreponerse a la tragedia y buscar soluciones que les permitan recuperar la normalidad y evitar que se repitan matanzas como la que ocurrió el pasado 14 de diciembre.

Sandy Hook es el único de los siete centros públicos de Newtown que sigue cerrado tras la masacre perpetrada por Lanza. Los 436 estudiantes que sobrevivieron se reincorporaron esta semana a las clases en el colegio Chalk Hill, en la localidad vecina de Monroe. Allí se han recreado las instalaciones de la escuela de Newtown para que los niños acusen lo menos posible el cambio de aula. Sandy Hook sigue siendo el escenario del crimen y únicamente tienen acceso al recinto los miembros de las fuerzas de seguridad que están encargados de la investigación.

Otros centros que fueron escenario de masacres similares, como el instituto de Columbine o la Universidad Virginia Tech, también afrontaron debates sobre la necesidad de cerrar sus puertas o mantenerse activos. Finalmente, ambos fueron reformados. Aún no se ha concretado a cuánto podría ascender la reconstrucción de la escuela de Newtown, pero su alcaldesa la cifra en “varios millones de dólares”.

El futuro del colegio no es el único debate que estos días concentra a la agenda política en Newtown como consecuencia de la masacre. La seguridad en las aulas y el control de las armas se han convertido en prioridades para sus dirigentes. A principios de enero, el gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, anunció la creación de una comisión para revisar y recomendar cambios en la ley estatal sobre la tenencia y el uso de armas. Un día después, la excongresista Gabrielle Giffords, que en enero de 2011 resultó gravemente herida en un tiroteo en Tucson en el que murieron otras cinco personas, se entrevistó con las familias de las víctimas de Sandy Hook y con la propia Patricia Llodra, alcaldesa de Newtown.

Durante el encuentro, ambas conversaron sobre la necesidad de introducir cambios en las leyes sobre el control de armas y abordar de manera directa los problemas relacionados con los enfermos mentales, según recogió el diario USA Today.

En la localidad se ha presentado el grupo Sandy Hook Promise, que pretende lanzar un programa para prevenir la violencia en Newtown. El pasado domingo, la familia de Noah Ponzer, uno de los niños que fallecieron a manos de Lanza en la matanza del 14 de diciembre, envió su propia lista de propuestas a las Fuerzas de Seguridad, entre las que se incluye exigir a los propietarios de armas que las mantengan en un lugar cerrado si residen con enfermos mentales —Lanza sufría síndrome de Asperger y su madre poseía varias pistolas y rifles de asalto, uno de ellos fue el que utilizó para perpetrar la masacre en la escuela— y crear un fondo federal para revisar la seguridad en los colegios.

La responsable de Educación de Newtown, Janet Robinson, también ha instado al Departamento de Policía de la localidad a que mantenga a dos agentes en cada uno de los colegios públicos de la ciudad, una medida que se instauró tras la matanza del pasado 14 de diciembre.

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