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El Mundo 6 Jun 2013 - 12:10 am

El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, se reunió con el canciller venezolano, Elías Jaua

Reapertura del diálogo

Tras el encuentro de los diplomáticos, durante la Asamblea de la OEA en Guatemala, se anunció el comienzo de conversaciones de alto nivel para restablecer a sus embajadores.

Por: Daniel Salgar Antolínez
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John Kerry, secretario de Estado de EE.UU., junto al canciller venezolano, Elías Jaua, en Guatemala. / EFE

“No hemos hecho esto desde hace tiempos”, dijo el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry. “Es bueno que podamos hacerlo”, respondió el canciller venezolano, Elías Jaua. Sonrieron, se dieron la mano e iniciaron ayer la primera reunión oficial entre EE.UU. y Venezuela durante el gobierno de Nicolás Maduro, quien aún no ha sido reconocido por Washington como presidente. Kerry, después de la charla, anunció la reapertura de diálogos entre ambos países.

La reunión, solicitada por Caracas, tuvo como principal ingrediente esa falta de reconocimiento de la legitimidad de Maduro por parte de la Casa Blanca. El gobierno de Barack Obama tiene dudas, debido a las acusaciones de fraude electoral hechas por el candidato opositor, Henrique Capriles.

Justo antes de la reunión, Caracas parecía hacer ciertas concesiones. El ministro del Interior, Miguel Rodríguez, anunció que el estadounidense Timothy Hallet Tracy, quien estaba detenido y acusado de espionaje desde los disturbios desatados luego de los comicios presidenciales de abril, había sido expulsado del territorio venezolano y llevado a EE.UU. En mayo, Obama había calificado de “ridícula” la detención de Tracy y solicitado su liberación.

Maduro, en el preámbulo de la reunión Jaua-Kerry en Guatemala, reiteró lo que venía diciendo desde su campaña presidencial: que está dispuesto a sostener relaciones con Washington cuando sean “respetuosas y en términos de igualdad”. Insistió en que es posible “procesar” los lazos diplomáticos deteriorados durante el mandato de su antecesor, Hugo Chávez.

Los 14 años de Chávez en el poder estuvieron marcados por sus tensiones con Washington. Las relaciones llegaron a su punto más grave en 2010, cuando ambos países retiraron a sus embajadores después de muchas divergencias. En enero de 2011 Chávez se reunió con la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, e intentaron en vano solventar la crisis. Desde entonces, la cuestión sólo empeoró: el 5 de marzo pasado, antes de conocerse el fallecimiento del comandante, Venezuela expulsó a dos integrantes de la Agregaduría Aérea de la legación estadounidense en Caracas, a los que acusó de “proponer proyectos desestabilizadores” a militares. EE.UU. respondió seis días después con la expulsión de dos diplomáticos venezolanos.

Después de muerto Chávez, se conoció sobre acercamientos hechos desde noviembre de 2012 entre Roy Chaderton, embajador de Venezuela en la OEA, y la secretaria de Estado adjunta para América Latina, Roberta Jacobson. Chaderton no descartaba la posibilidad de una “normalización” de los lazos con Washington y el mundo especulaba sobre un nuevo capítulo de las relaciones en el poschavismo. Pero cuando Jacobson dijo que los comicios presidenciales a celebrarse en Venezuela debían seguir “los altos estándares democráticos del hemisferio”, desató la ira del gobierno bolivariano. Jaua tildó de “intervencionista” el pronunciamiento y decidió clausurar la comunicación.

Las relaciones comerciales, entretanto, no se han alterado. Venezuela es el principal escollo político de EE.UU. en América Latina y a la vez su cuarto proveedor de petróleo. Washington es el principal cliente del hidrocarburo venezolano. Cynthia Arnson, directora del programa para América Latina del Woodrow Wilson Center, explicó que “a EE.UU. eso es lo que más le importa, comprar el petróleo, aunque también le interesa restaurar la diplomacia”.

Paralelamente a su intención de acercarse a Obama, Maduro ha seguido la línea chavista de las acusaciones contra Washington. Eso le garantiza seguir gobernando sin desmarcarse de su antecesor. Arnson dijo que los ataques contra el “imperialismo surgen debido a la intención de mantener unido al chavismo, pero son efecto de la influencia cubana. Venezuela no tuvo en la Guerra Fría ni a principios del siglo pasado la historia de Cuba o Nicaragua, que sufrieron la intervención militar estadounidense. El pronunciamiento de Bush a favor de un cambio de régimen en 2002 fue tomado sin mayor razón como un intento de golpe”. Cuando murió Chávez, Maduro acusó al “imperio” de inocularle el cáncer que lo mató. Desde entonces ha acusado a EE.UU. de intentar desestabilizar al régimen.

Para Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, la ambigua postura de Maduro es reflejo de las contradicciones políticas de Venezuela. “Un país que está en muy malas condiciones y necesita ayuda de EE.UU., pero al mismo tiempo tiene que seguir con su retórica antiestadounidense. Yo no sería demasiado optimista acerca de un cambio en la relación en el corto plazo”.

 

dsalgar@elespectador.com

@DanielSalgar1

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anti-Xiatan

Jue, 06/06/2013 - 09:23
El presidente venezolano no tiene una postura "ambígua" como dice Mr. Shifter. Simplemente dice las cosas tal cual llegan, sin ningún tapujo. Eso demuestra su independencia y libertad de criterio. No es un secreto que EEUU quiere derrocar a Maduro y montar allí su propio pelele (Capriles). No es un secreto que EEUU utiliza al gobierno servíl de Colombia (incluidos los expresidentes Uribe y Pastrana, tan serviles como el señor Santos) para conspirar contra el recién elegido mandatario. En ese ruin objetivo EEUU recurre a todo lo imaginable y algo más. Creo que si los gringos cambian su talante de manera sincera, no veo porqué no pueda Venezuela cambiar también su actitud defensiva y abrirse a una reapertura y normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
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