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El Mundo 30 Jun 2013 - 9:00 pm

Una dicha a medias en EE.UU.

La militarización de la frontera y el futuro incierto de la reforma migratoria en la Cámara de Representantes tiene en vilo a todos los inmigrantes en Estados Unidos.

Por: Álvaro Corzo, Nueva York
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El debate en torno a la reforma migratoria ha generado protestas por parte de la comunidad latina en Estados Unidos. /AFP

Sentimientos encontrados se esparcieron el pasado jueves entre los cerca de 11 millones de indocumentados en Estados Unidos, después de que la plenaria del Senado aprobara la tan esperada reforma migratoria que abre el camino hacia la legalidad de todos aquellos que permanecen hoy por fuera de la ley. A cambio de esto, la más severa militarización de la frontera con México, lo que para muchos tendrá un devastador impacto en todas y cada una de las comunidades fronterizas entre los dos países.

Las medidas, que incluyen un presupuesto de US$46 mil millones para doblar el pie de fuerza de la seguridad fronteriza con 40 mil nuevos agentes, la implementación de un programa de vigilancia e interceptación aérea por medio de drones, así como la construcción de 1.200 kilómetros adicionales del muro divisorio entre los dos países fueron las disposiciones que lograron salvar la reforma, arrastrando a última hora un significativo apoyo de la bancada republicana en el Senado. Un total de 14 miembros de esta colectividad dieron el sí permitiendo su aprobación con una votación de 68 votos a favor y 32 en contra.

Por encima de abrir el camino hacia la ciudadanía de millones de indocumentados, en un proceso que llevará cerca de 13 años, en los que habrá que pagar multas e impuestos retroactivos, distintas organizaciones pro inmigrantes alzaron su voz de preocupación por las disposiciones aprobadas en materia de seguridad fronteriza. Mientras el vicepresidente Joe Biden leía la votación final en el piso del Senado ante la euforia de Marco Rubio y el resto de la sala, una caravana de más de cien personas viajaba a través de Texas protestando por la militarización de la frontera, la cual de convertirse en ley la convertía en la más custodiada del planeta luego de la de Corea del Norte.

“El Senado ha aprobado una reforma que convierte nuestros barrios y nuestras fronteras en una zona de guerra. Esto no es una reforma migratoria. Estamos hoy alzando la voz en solidaridad con todas las familias y las comunidades fronterizas que se verán perjudicadas por esto”, dijo Karen Daz Morales en un video publicado en el portal de la organización Border Network for Human Rights minutos antes de ser arrestada en la ciudad de Austin, Texas, junto con una docena de manifestantes más.

Desde Suráfrica el presidente Obama instó a la Cámara de Representantes a aprobar la reforma antes de su receso en agosto, con el fin de convertirla en ley. “La responsabilidad política ahora recae sobre esta corporación, depende de su liderazgo que logren sacarla adelante”.

Sin embargo, para muchos analistas el optimismo es menos que moderado por no decir nulo, según las propias palabras del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehener. En repetidas ocasiones ha advertido que no llevará a votación ningún proyecto sin una amplia mayoría de su partido, la cual sigue siendo hasta el día de hoy inexistente. Razón por la cual, confirmó este fin de semana, trabaja con su colectividad en la redacción de un proyecto de reforma, el cual será presentado en los próximos días.

Con un control total de la Cámara baja, con 233 republicanos contra 201 demócratas, se espera que el nuevo proyecto de ley continúe la reticencia de gran parte del partido republicano en permitir cualquier reforma que desemboque en otorgar la ciudadanía a los cerca de 11 millones de indocumentados en este país. Para Boehener y gran parte de su colectividad esto no es más que una amnistía.

A pesar de que el imaginario colectivo pensaría en que el Partido Republicano, desprovisto del voto latino en las últimas dos elecciones presidenciales, trataría de liderar la reforma, la composición y la dinámica de la Cámara baja pronostica otro resultado. Sólo 39 de los 233 miembros republicanos de la Cámara de Representantes vienen de distritos electorales donde 20% o más del electorado es de origen latino, según un informe de Georgetown University. “No hay un incentivo real para que estos congresistas lideren la reforma. Para ellos ésta no se traducirá en votos en sus distritos electorales. Lo que es, a fin de cuentas, lo que mueve el proceso político”, explica John Nichols, analista político de la revista The Nation.

Si bien no hay incentivos electorales con miras al voto latino, la última encuesta de ABC y el Washington Post confirma que tampoco lo abría en la base del Partido Republicano. Según el sondeo, 58% de los estadounidense apoyan una reforma que lleve a la ciudadanía de aquellos que están ilegalmente en el país, sin embargo 52% de los republicanos se oponen a esta medida. Es más, el 67% de los encuestados indicaron que no volverían a apoyar a ningún candidato republicano que votara a favor de una reforma que desemboque en la ciudadanía de los más de 11 millones de indocumentados.

Por si fuera poco, a la suerte de la reforma se le atraviesa otro de sus archienemigos, el Tea Party, cuyo poder controla la mayoría de la bancada republicana en la Cámara baja y quien el viernes en la mañana publicó un comunicado donde advertía que cualquier miembro del Partido Republicano que apoye esta reforma será desprovisto de cualquier apoyo electoral por parte de esta colectividad en las próximas elecciones.

Así, estamos frente a un escenario espinoso donde lo más probable es que la Cámara de Representantes produzca un texto de reforma que retome y fortalezca las mediadas draconianas de seguridad fronteriza, provenientes del texto aprobado por el Senado; que fortalezca el E-Verify, sistema de verificación de legalidad migratoria para todos los empleadores en Estados Unidos; que amplíe el número de visas temporales para trabajadores de todo tipo, así como el estatus de residente para jóvenes que hayan ingresado ilegalmente al país antes de sus 16 años de edad; eso sí, dejando por fuera la posibilidad de que los favorecidos puedan alcanzar eventualmente su ciudadanía. Bien lo sentenció Lamar Smith, representante republicano por el distrito número 21 del estado de Texas: “Creo que la Cámara de Representantes eventualmente aprobará la reforma migratoria, pero dudo que incluya un camino a la ciudadanía”.

 

 

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