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El Mundo 18 Ene 2013 - 8:19 pm

Siete extranjeros siguen secuestrados

¿Una operación contraproducente en Argelia?

El secuestro masivo en una planta de gas en el desierto argelino es un signo de lo que podría generar la lucha antiterrorista en Malí.

Por: Daniel Salgar Antolínez
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Tropas francesas estacionadas cerca de Bamako (Malí), junto a los civiles malienses. / AFP

El sangriento rescate  en una planta de gas en Argelia, asaltada por un grupo islamista  en venganza por la ayuda argelina a la intervención francesa en Malí, dejó un saldo de 12 rehenes y 18 islamistas muertos, mientras que otros siete occidentales permanecen secuestrados.   El hecho abre interrogantes sobre la amenaza a la seguridad del Norte de África y Europa. Las lecciones de Irak y Afganistán sugieren que la intervención internacional podría terminar generando una inestabilidad mayor a la que busca prevenir. 

La coalición que controla el norte de Malí, compuesta por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar Al Dine y el Movimiento para la Unicidad y la Yihad al Oeste de África (MUYAO), no es un rival menor para la intervención francesa. Ignacio Gutiérrez de Terán, experto en mundo árabe e islámico  de la Universidad Autónoma de Madrid, explica a El Espectador que el músculo central de esta coalición es Al Qaeda y tiene múltiples ramificaciones en África y Asia. Reciben  combatientes de países árabes y musulmanes. Su financiación y capacidad para armarse probablemente la reciban de negocios como las drogas o el tráfico de personas y armas.

No obstante, Gutiérrez de Terán asegura que estos grupos no tienen capacidad para desestabilizar todo el norte de África e incluso es dudoso que hayan logrado controlar todo Malí si no hubiera intervenido Francia. “No tienen arraigo nacional, su única forma de seguir adelante es estar en continuo conflicto,  para ganarse la confianza de la población en caso de una agresión externa”. A veces, dice el experto, intervenciones como la francesa hacen que más gente siga a estos grupos y que reciban más financiación.

La acción desestabilizadora de la coalición, entonces, “no es esperable, a no ser de que haya desde afuera una  intervención tan grande y contraproducente que provoque esa inestabilidad -lo vemos ahora con la conmoción  creada por la operación  para liberar a los rehenes en Argelia”. El grupo que atentó contra la planta de gas en Argelia, tenga o no vínculos con Al Qaeda, lo hizo en venganza por la cooperación argelina con la intervención francesa, por lo que  es un primer efecto regional de la intervención. 

Dependiendo de cómo se desarrolle la operación francesa,  se podrá ver en Malí una situación similar a la de Irak y Afganistán tras la invasión de EE.UU., aunque en todo caso menor por el tamaño de la intervención: “En Irak y Afganistán se intervino para acabar con los grupos islamistas, lo curioso es que ahora hay más grupos que antes y  Al Qaeda y los talibanes son más fuertes en Afganistán e Irak”, añade Gutiérrez de Terán.

Juan Carlos Estarellas, experto en radicalismo islámico y Salafía Yihadía,  opina al contrario de Terán que la coalición en Malí si representa una amenaza  para el Magereb y Europa: “ las actividades de Francia son una garantía de nuestra seguridad y evitarán  la  desestabilización regional que hubieran podido convertir a Malí en un estado fallido y en un futuro Afganistán. Ese es el objetivo del líder de AQMI, el argelino Abd Al Wadoud , que persigue trasladar el infierno afgano e iraquí a las puertas de la Unión Europea ”.

Lo que no descarta Terán es que los grupos yihadistas pueden organizar atentados en Europa. Estarellas añade que “las actividades de Al Qaeda en el Magreb son una seria amenaza para España, por cuanto la vida de los conciudadanos, el tejido empresarial español y sus intereses comerciales en el Magreb (primordialmente Argelia y Marruecos) se hallan seriamente amenazados”.

Las razones para la intervención francesa radican en que la coalición liderada por AQMI que controla el Emirato Islámico de Azawad (el norte de Malí, donde pretenden imponer la interpretación más drástica de la ley islámica), podría expandirse a sus  países vecinos. Malí, dice Estarellas,  es en efecto un país estratégico para la seguridad regional en el Sahel e indirectamente para la seguridad en el área mediterránea, y más concretamente en el Magreb.

El motivo de la intervención, sigue Estarellas,  es evidente: “la situación geográfica de Argelia y Marruecos (que son la puerta de entrada África desde el mediterráneo) y nuestras relaciones comerciales, empresariales y de vecindad, son importantísimos para España, pero también  para  EE. UU. Para Francia la estabilidad en Malí, al igual que el resto de países, en orden a garantizar sus intereses en el Sahel,  son también vitales y  estratégicos”.

Pero la seguridad, según Terán, podría ser solo una “causa aparente,  desde luego hay interés de Francia sobre los recursos minerales en la zona del Sahel -sobre todo en Niger, Mali y Chad- y busca apuntalar a los gobiernos  de sus excolonias que están en graves problemas para mantener su legítimidad.

 

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