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El Mundo 23 Feb 2013 - 9:00 pm

Espionaje, robo y daños desde internet

World Wide War

El informe sobre los ataques informáticos dirigidos desde China y la eventual defensa de EE.UU. pone en evidencia una nueva forma de confrontación: la “ciberguerra”.

Por: Diego Alarcón Rozo - Daniel Salgar Antolínez
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    http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/world-wide-war-articulo-406505
    http://tinyurl.com/m4md7oc
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Es una guerra en la que los soldados están justo enfrente de una pantalla, en la que el código indicado puede ser igual de efectivo a un misil teledirigido. Alguien lo suficientemente entrenado e inteligente podría entrar en el sistema, cualquiera que tenga una conexión a internet, y amenazar con destruirlo o entorpecer su funcionamiento. Podría acceder, por ejemplo, a los archivos confidenciales de producción de armas de una nación, copiar tecnología y encontrar sus puntos débiles para preparar un ataque. Podría también cortar los servicios públicos de cierto pueblo, crear pánico con mensajes masivos en la televisión, en los computadores. Estaría en capacidad de conocer los productos por lanzar de alguna compañía o el secreto de los exitosos (¿la fórmula de la Coca-Cola, tal vez?), venderlos a la competencia en el mercado negro y boicotear el sistema financiero de un país.

Como con la guerra, se trata de ser apocalípticos, porque la teoría dice que ninguna protección es garantía para la invulnerabilidad de un sistema. El exdirector de la CIA Leon Panetta, en su momento, llegó a ver como una eventual posibilidad que alguien fuera capaz de entrar al sistema de ferrocarriles y amenazar con descarrilar un tren con cientos de pasajeros esperando algo a cambio, y los pasajeros podrían ser rehenes sin siquiera darse cuenta. Todo esto podría sonar como una absurda profecía de Hollywood, pero es factible. Panetta aseguró que quizá el próximo ‘Pearl Harbor’ ocurriría sin balas, ni aviones, ni misiles. Un ataque cibernético contundente podría resultar en una declaración de guerra.

La semana terminó con las revelaciones del informe de la firma estadounidense de seguridad informática Mandiant (ver infográfía): un edificio blanco de 12 pisos, de arquitectura simple y ventanales pequeños, sobre la avenida Datong de Shanghái. Desde allí y diariamente, miles de hackers lanzaban ataques contra agencias del gobierno de Washington y grandes empresas (más de 115 casos documentados) de Estados Unidos.

Pero quizá la parte más alarmante no formaba parte del informe: en una entrevista que el director de seguridad de Mandiant, Richard Bejtlich, concedió a la revista Forbes, dijo que la unidad descubierta APT1 —que cuenta con el soporte del gobierno chino— bien podría ser un ‘ejército’. No se refería a la cantidad de soldados, sino a sus actividades, fuerzas con cierto grado de sofisticación que sirven para cumplir una diversidad de misiones.

Sin embargo, “así como existe un Ejército, existen también las fuerzas especiales”, un grupo de “guerra” con soldados mejor formados para ciertos trabajos. Bejtlich asegura que existen ataques que no identificaron, golpes de profesionales a los que él llama rockstar hackers.

La palabra ciberguerra no es nueva, como tampoco lo eran los ataques del APT1, que tenían una continuidad de al menos tres años. No obstante, en febrero la palabra se ha vuelto familiar. The New York Times y The Wall Street Journal denunciaron ataques de hackers en sus sistemas y desaparición de archivos. A la par, los diarios informaban algo que está bajo secreto: el Pentágono está trabajando en la construcción de un mando cibernético, una suerte de fuerza especial de ‘marines’ informáticos, que es la única que ha aumentado su presupuesto en medio de la política de corte al gasto militar del presidente Barack Obama. El 12 de febrero, en el discurso sobre el Estado de la Unión, Obama decía que “sabemos que países extranjeros están atacando nuestro secretos industriales” (...) “Nuestros enemigos están ahora desarrollando la capacidad para sabotear nuestra red eléctrica, nuestras instituciones financieras, nuestro tráfico aéreo. No podemos permitirnos que dentro de unos años nos preguntemos por qué no hicimos nada”.

Ahora aparece el edificio blanco sobre la sobre la avenida Datong de Shanghái y The New York Times también informó que el presidente está dotado de poderes especiales para ordenar ‘ciberataques’ preventivos en caso de que se encuentre “evidencia creíble” de que se está planeando una ofensiva informática en el extranjero. El presidente lo podría hacer, sin necesidad de que el Congreso haya declarado oficial la guerra.

“Hoy se habla de seguridad informática, de espionaje a partir de códigos maliciosos, pero en poco tiempo hablar de ciberguerra será como nombrar una división dentro de la rama militar, con entrenamientos específicos, armas específicas y mecanismos de defensa específicos”, como asegura en diálogo con El Espectador Dmitry Bestuzhev, uno de los directores del equipo técnico de investigadores y analistas de la firma de seguridad informática Kaspersky.

Raphael Labaca Castro, coordinador de Conocimiento e Investigación para Latinoamérica de la firma ESET, opina que más allá de los daños que pueda causar un ataque informático, está también el prestigio nacional. “A ningún gobierno le va a gustar reconocer que otro país logró penetrar sus sistemas”. En la ciberguerra, como en la guerra sobre el terreno, hay lugar para el orgullo y el honor.

Hasta ahora, la ciberguerra parece también una suerte de guerra del misterio. Las misiones se realizan en secreto, de formas clandestinas, y los ataques sólo pueden ser reconocidos como tales en caso de ser descubiertos. Hoy sabemos que Estados Unidos tiene el Ejército más poderoso del planeta, que las potencias del mundo cuentan con arsenal nuclear y que los ‘drones’ (aviones no tripulados) toman fuerza en las misiones de estos días. Pero, ¿qué país tiene a los mejores hackers?, ¿cuál desarrolla los mejores sistemas de defensa?, ¿quién tiene los mejores espías? Hasta ahora sólo se conocen ciertas mezclas de datos con versiones no oficiales, como que con un virus llamado Stuxnet, Washington y Tel Aviv lograron frenar el avance del programa nuclear de Irán o como que sólo en Estados Unidos, en 2012, el robo de secretos comerciales y propiedad intelectual a través de la modalidad informática alcanzó la cifra de US$300.000 millones.

 

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