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Investigación 13 Abr 2013 - 9:00 pm

La historia de una víctima de los implantes

La extraña paciente de las prótesis PIP

Piden a cirujano que hizo un implante PIP que indemnice por secuelas a su paciente por $1.100 millones.

Por: Norbey Quevedo
En Twitter: @norbeyquevedo
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Las prótesis PIP fueron retiradas del mercado y su fabricante está respondiendo a la justicia. / AFP

En noviembre de 2003 la joven profesional Graciela Caterine Toro Valbuena tomó la determinación de consultar a un cirujano plástico. No se sentía cómoda con su figura y consideró que aumentando su busto podría armonizar su silueta. Por eso acudió a uno de los mejores especialistas del país, el médico Freddy Sanabria. Al mes la mamoplastia con prótesis PIP era un hecho. Tiempo después la operación le trajo severas secuelas físicas y hoy casi una década luego de su intervención no supera los efectos nocivos. Toro Valbuena pretende además que el médico que la operó acepte su responsabilidad y la indemnice con $1.100 millones por una supuesta mala práctica asistencial.

Un caso que se conoce en momentos en que cinco directivos de la empresa francesa Poly Implant Prothèse (PIP), productora de los implantes mamarios de silicona, deberán declarar el próximo miércoles ante un tribunal en Marsella (Francia) dentro del juicio que se adelanta por los delitos de engaño agravado y estafa. Un escándalo que estalló en marzo de 2010, cuando se comprobó que la empresa PIP utilizó un gel de silicona industrial para elaborar los implantes, material que no se usa en procedimientos médicos. Se estima que la firma francesa fabricó al menos 500 mil de esos implantes.

Y fue justamente ese tipo de implantes el que según relató Catherine Toro, le recomendó el cirujano Sanabria. “El 4 de diciembre de 2003, previo a la entrada al quirófano, reiteraba la excelente calidad y daba las instrucciones de cómo usar las prótesis PIP, siendo él un especialista en el tema, se acató su dictamen y se procedió a practicar la mamoplastia de aumento con las prótesis PIP suministradas por él”.

Durante siete años Catherine no tuvo inconvenientes mayores con su cirugía. El 6 de abril de 2010 el Invima emitió una alerta en el país informando la suspensión, comercialización y uso de las PIP, acorde con la alerta mundial que expidieron las autoridades sanitarias. Para ese momento cerca del 80% de las exportaciones de implantes eran enviadas a Europa occidental y América. Se estima que en Colombia cerca de 15 mil mujeres adquirieron el producto.

Ya era diciembre de 2010 y empezaron las molestias mayores para la paciente Toro. Su abogado Andrés Montalvo detalló que su cliente empezó a notar inflamación de la axila izquierda durante dos meses. Con los nuevos exámenes médicos se evidenció que las prótesis estaban deterioradas y se advirtió que era fundamental consultar de nuevo con el médico Sanabria, toda vez que ya se sabía que existía en el mercado problemas con algunas prótesis. Buscando una segunda opinión médica, Toro consultó al cirujano Hugo Cortés, quien expresó su preocupación porque los implantes fueran PIP, ya que por su material de silicona industrial se estaban rompiendo con frecuencia.

Ante los resultados médicos, Catherine Toro Valbuena decidió volver al consultorio de Sanabria. Para esa época, el 22 de febrero de 2011, ya era evidente que el negocio de las prótesis había crecido como espuma en el país. Paciente y médico se reunieron y allí relató este último que le parecía muy extraño, debido a que llevaba sólo 7 años de operada y consideraba que las PIP eran las más seguras. A cambio el médico ofreció las prótesis Johnson & Johnson, y sus honorarios a menor precio.

No obstante los argumentos del médico Sanabria, éstos no convencieron a Toro y por eso acudió adonde el médico Hugo Cortés. El 2 de marzo de 2011 se fijó la operación, que consistía en el retiro de las PIP y cambiarlas por un nuevo implante. Y allí vendría la sorpresa: “Se pudo comprobar que las dos prótesis estaban rotas y destruidas, llevándose a patología los residuos extraídos. La situación encontrada en el interior del cuerpo de la señora Toro fue la peor, se encontró además un líquido viscoso en el pecho”.

Vinieron nuevos exámenes con otros especialistas. Se ordenó una biopsia. Los ganglios no desaparecieron y, por el contrario, el cuadro clínico se agravó. Se ordenó por parte de los facultativos entonces una cirugía de retiro de ganglio. Fue solicitada a través de una póliza de medicina prepagada y, según el abogado de Toro: “El procedimiento fue negado bajo el argumento de que no podía autorizarse la realización de ningún examen o cirugía, debido a que la sintomatología era generada como consecuencia de una cirugía estética”.

Nuevamente la paciente acudió a Sanabria para mostrarle lo que según ella, los exámenes y su abogado tenían claro: que el producto de los dos implantes PIP en su cuerpo tenía importantes residuos de silicona. Un asunto que certificaron otros dos especialistas. Por ejemplo, en 2012 el médico José Fernando Robledo manifestó que: “Este residuo de silicona que aún continua dentro del organismo está generando afectación en otros ganglios y en otras partes del cuerpo, razón por la cual no recomienda el retiro del ganglio de mayor volumen debido a la sintomatología que se genera y porque el problema no se soluciona con extracción”. Y concluye el mastólogo-oncólogo Robledo que el problema sigue debido a la presencia de silicona en otras partes del cuerpo, por lo tanto sugiere hacer controles semestralmente para ver el comportamiento del organismo.

El pasado 3 de abril el asunto llegó a un centro de conciliación con diversas pretensiones. La paciente le pide al médico Sanabria que acepte su responsabilidad médica al realizarle el implante PIP. Que le pague un daño emergente equivalente a $1.100 millones. El médico Sanabria, por su parte, señaló que actuó con profesionalismo y que todo lo hizo dentro de la ética, por lo tanto no hubo conciliación. Ahora la justicia tendrá la última palabra.

Reciente víctima de cirugía plástica

La Fiscalía adelantará una investigación para determinar las causas de la muerte de la actriz vallecaucana Sandra Viviana Brand, quien falleció el viernes, horas después de practicarse una cirugía.
Los familiares han manifestado que desconocen el lugar adonde asistió y en el cual le inyectaron una sustancia, ni mucho menos saben la persona que realizó la operación.
Se ha podido establecer que la joven se realizó la cirugía estética el pasado 8 de abril; sin embargo, poco tiempo después presentó una serie de complicaciones respiratorias, por lo que fue trasladada de urgencia al Hospital Simón Bolívar, donde falleció en la madrugada del viernes.
“Se aplicaron todos los medicamentos y tratamientos, pero falleció por tromboembolismo pulmonar”, precisó el subdirector científico del hospital, Gerardo Cano

Las colombianas afectadas por las PIP

Cerca de 1.500 mujeres colombianas demandaron en el proceso penal que se desarrolla en Marsella contra los antiguos ejecutivos de PIP.
Las víctimas se quejan de la rotura de las prótesis, de inflamaciones, infecciones y dolores. El próximo 17 de octubre la justicia en Francia dará su fallo. El 22 de marzo pasado se llevó a cabo la audiencia de alegatos de cierre.
“Precisamente dentro de ese juicio en Francia se pretende demostrar que los médicos también fueron víctimas y que han sido engañados como las pacientes por la empresa PIP”, ha señalado a los medios Juan Carlos Vélez, cirujano plástico de la clínica especializada Intermédica, en Medellín, ciudad en donde hubo el mayor número de mujeres con implantes PIP.

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