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Investigación 11 Nov 2012 - 12:21 am

La liquidación de la sociedad

Interbolsa: la debacle anunciada

La firma ya había sido sancionada en 2003. Cronología de la caída del gigante de la Bolsa de Valores de Colombia.

Por: Norbey Quevedo H.
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El edificio donde funciona Interbolsa está ubicado en el norte de Bogotá y es la sede en donde clientes, accionistas y medios de comunicación piden explicaciones. / Óscar Pérez - El Espectador

Hasta la semana anterior, la sociedad comisionista Interbolsa S.A. reinaba en el mercado bursátil. Su patrimonio superaba los $139.000 millones y más de 50.000 clientes confiaban en la creatividad de la firma para multiplicar su dinero. Hoy protagoniza el escándalo económico más sorpresivo de los últimos tiempos, no tuvo la confianza de las entidades financieras para recobrar su liquidez, sus socios están en el ojo del huracán y en asunto de 48 horas fue intervenida por la Superintendencia Financiera y ordenada su liquidación.

Aunque ya ha trascendido que la principal razón del descalabro fue su aventura de cubrir préstamos para comprar acciones de Fabricato a través de la figura conocida como “repos”, con seguridad este martes 13 de noviembre saldrán a relucir nuevas razones. Ese día, de manera simultánea en Medellín y Bogotá, se realizará una asamblea extraordinaria de accionistas de Interbolsa, donde se destaparán las cartas para saber cómo se va a responder a los clientes y de qué manera seguirán interactuando frente a la Superintendencia Financiera.

Para calmar las aguas, el Ministerio de Hacienda ha insistido en que las personas que creyeron en Interbolsa no van a correr riesgos, pues sus títulos están amparados por el Depósito Centralizado de Valores (Deceval) y que además el portafolio de deuda pública que manejaba la firma quedará en manos de Bancolombia. No obstante, los rumores sobre lo sucedido continúan creciendo, pero lo único claro es que después de varios años jugando al método de la “posición propia” para apostar a futuro, terminó siendo víctima de su propio invento.

Hace 15 años, con porcentajes del 8,33%, seis socios se unieron para quedarse con el 50% de la sociedad nacida en 1990. La otra mitad era del ingeniero químico antioqueño Rodrigo Jaramillo Correa y su hijo Tomás Jaramillo. Entre los nuevos accionistas estaba Juan Carlos Ortiz, un economista de la Universidad Javeriana que el mismo año de su ingreso a Interbolsa (1997), había sido expulsado de la Bolsa de Bogotá por realizar transacciones a nombre de terceros. Él afirma hoy que fue por ser pionero en el método de “la posición propia”.

Nadie perdió un centavo, se me condenó por innovar, por utilizar un mecanismo que en ese momento no estaba reglamentado y hoy se usa en todo el mundo”, precisó Ortiz. Lo cierto es que con su ingreso a Interbolsa esta firma se disparó en el mercado de valores. Entre 1998 y 2003 pasó de un patrimonio de menos de $3.000 millones a $50.000 millones. Ya para entonces “la posición propia”, es decir, realizar inversiones con recursos propios y no de terceros, constituía el mecanismo fundamental de crecimiento de los ingresos de los comisionistas.

No obstante, en el año 2003 vino el primer aviso. La entonces Superintendencia de Valores, a cargo de Clemente del Valle, le impuso a Interbolsa la más alta sanción económica en la historia del mercado bursátil, con una sumatoria de cargos: atraso en los libros de comercio, desconocimiento de hechos en la contabilidad, operaciones por cuenta propia, destino diferente a los dineros de los clientes e indebida aplicación de fondos, entre otros. La noticia quedó matizada porque la Superintendencia reglamentó la polémica posición propia.

Desde ese momento se advirtieron las primeras fisuras en Interbolsa. Aunque el mal momento fue superado, llegaron nuevos socios y Ortiz salió de la firma en 2006. Poco a poco dejó sus acciones hasta quedarse sólo con el 2,8%. Ya para entonces había diversificado negocios. Primero a través del fondo Premium Kapital, creado en 2000, y luego en Proyectar Valores. Con el primero hizo un contrato de corresponsalía acordando que Interbolsa consiguiera los inversionistas y con el segundo se volvió soporte de grandes empresarios.

Al tiempo que Juan Carlos Ortiz abría su propio camino, a Interbolsa llegaba el nuevo genio: el empresario italiano Alessandro Corridori, un ingeniero de sistemas que, casado con una colombiana, se quedó en el país para volverse comisionista de bolsa. Fueron los años dorados en los que Interbolsa se transformó en un conglomerado (holding) para diversificar sus negocios. Servicios financieros para el sector inmobiliario, ejecución de programas de responsabilidad social empresarial, agencia de seguros y operaciones bursátiles en Brasil y Panamá, entre otros.

Nadie podía pensar en una crisis y mucho menos en el desplome. Interbolsa reinaba y sus inversiones, mesas de dinero o participaciones accionarias de capital la catalogaban como la reina del mundo bursátil colombiano. Pero a finales de 2009 apareció el negocio que precipitó lo impensable. La Fábrica de Hilados y Tejidos El Hato (Fabricato), creada en Antioquia en 1920, venía transformándose por los apremios de la industria textil y más de 40.000 accionistas eran sus nuevos dueños sin un propietario mayoritario.

Sin embargo, en 2008, con una inversión superior a los US$40 millones, la empresa había inaugurado una planta para producción de índigo que garantizaba su proyección económica hacia los mercados nacional y extranjero. Resultaba atractivo para el mercado de valores. Entonces el ingeniero Alfonso Manrique, uno de los principales socios de la constructora Odinsa, y el referido Alessandro Corridori, adquirieron el 30% de la empresa a principios de 2010. Ese fue el comienzo del fin del imperio bursátil de la poderosa Interbolsa.

El italiano Corridori decidió apelar a la arriesgada apuesta de los “repos” para consolidarse como dueño controlante de Fabricato. Como lo reveló el portal Primerapágina.com en sus más recientes informes sobre el escándalo, además de la empresa textil, en sus inventarios tenía dos lotes en Bello (Antioquia), habilitados para uso industrial o comercial, y dos generadoras privadas de energía. Asimismo, tenía perspectivas de cerrar importantes negocios con la poderosa industria brasileña Vicunha Textil, también con negocios en Ecuador.

En apariencia era una ganga. Por eso, como lo admitió Rodrigo Jaramillo en entrevista con la revista Dinero, Interbolsa vio una oportunidad importante de negocio en Fabricato y empezó con los “repos”. La mano de Alessandro Corridori fue notable. Pero llegó el momento en que el ascenso del precio de las acciones se detuvo, se esfumaron los compradores y salieron a flote realidades ineludibles: un enorme pasivo pensional, un mal momento para la industria textil, un sindicato complejo y la desconfianza de los corredores de bolsa al advertir que no era buen negocio.

Entonces empezó la carrera contra el tiempo. La Superintendencia Financiera, a cargo de Gerardo Hernández, y el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, conscientes de la crisis de liquidez de Interbolsa para salir del encarte de las infladas acciones de Fabricato, trataron de buscar entidades bancarias o financieras para evitar la liquidación. Pero ninguna quiso ser salvavidas. Cuando Interbolsa incumplió el pago de un crédito de $20.000 millones que debía hacerle al BBVA, el Gobierno entendió que no había otra solución.

En su Resolución 1812, del pasado 7 de noviembre, la Superintendencia Financiera dejó claro que aunque intentó promover la cesión de activos, pasivos y contratos de Interbolsa S.A., por su situación de iliquidez, el número de clientes y los compromisos pendientes, sumados a la necesidad de mantener la confianza pública en el sistema financiero y la estabilidad del mercado de valores, fue necesaria la intervención y la liquidación forzosa administrativa. En la resolución quedaron también incluidas las conclusiones a las que llegó el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafín).

La viabilidad de la firma era incierta y no existía evidencia de que pudiera enmendarse en el corto plazo. No se encontró disposición en el mercado para una toma de posesión y era evidente la falta de confianza de las entidades que proveen liquidez. Bancolombia alcanzó a presentar una propuesta de adquisición parcial, pero respecto a los activos, pasivos y contratos no hubo transacción. En esas condiciones Interbolsa quedó abocada a la liquidación. La idea fue preservar el principio de la Bolsa de Valores de honrar sus obligaciones.

Lo demás son ecos de la bomba informativa. El reconocimiento de que fue Alessandro Corridori el hombre de los “repos” del descalabro. Los señalamientos de Juan Carlos Ortiz al vicepresidente financiero de Interbolsa, Jorge Aravia, como responsable del desastre. Las reuniones de 60 clientes para fijar estrategias legales ante la debacle y las lecciones que quedan de los desastres económicos: la urgencia de revisar el reglamento de la bolsa, la necesidad de limitar la concentración de acciones y la moraleja de que la avaricia rompe el saco.

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