¿Un caso de contagio por meningitis?

La misteriosa muerte del soldado Álvarez

A sus 18 años y cuando sólo llevaba tres meses prestando el servicio, falleció en una base de la FAC en Madrid. Su padre busca la verdad y en la institución dicen que esperan dictamen de Medicina Legal.

Estiben Andrés Álvarez González, días antes de su sorpresivo fallecimiento. / Archivo particular

Alfonso Álvarez es un celador que desde hace casi tres décadas ha prestado servicios de vigilancia a diversas compañías. Su sacrificado trabajo le ha permitido sacar adelante a sus cinco hijos y a su esposa, que padece una grave enfermedad. El cuarto de sus hijos era Estiben Andrés, quien a sus 18 años decidió prestar el servicio militar como soldado regular en la base aérea de la FAC, en Madrid (Cundinamarca). Pero sólo permaneció casi tres meses allí, porque murió el pasado 5 de marzo. Su familia argumenta que el deceso se generó en medio de fuertes exigencias físicas en el entrenamiento militar pese a que estaba enfermo y por falta de atención médica adecuada. Por el contrario, en la base aérea argumentan que la muerte pudo estar asociada a un contagio por contacto con varios soldados provenientes del Casanare diagnosticados con meningitis meningocócica que, incluso, estaban en cuidados intensivos.

Las versiones por la muerte del soldado Álvarez resultan contradictorias. Mientras su padre describe al detalle cómo falleció su hijo en pocas horas y en medio de una agonía que le fue relatando vía telefónica a su hermano mayor, su madre y al mismo progenitor, oficiales de la base, médicos de turno y la historia clínica expedida por el hospital Santa Matilde del municipio de Madrid, a donde el soldado llegó sin signos vitales, ratifican que el militar pudo fallecer por meningitis. Según la literatura médica, se trata de una enfermedad infecciosa bacteriana grave de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal, que causa daños cerebrales. Es mortal en la mitad de los pacientes que no se tratan a tiempo y se transmite de persona a persona por algún tipo de contacto.

El corto periplo del soldado Álvarez en las Fuerzas Militares comenzó el 9 de diciembre del año pasado. No terminó sus estudios de bachillerato y quiso seguir la carrera militar por gusto propio en unas instalaciones castrenses que le inspiraban confianza. Allí en la base aérea de la FAC y en Tolemaida habían prestado servicio militar su padre y su hermano mayor.

Durante casi 45 días, el soldado Álvarez estuvo sin contacto con sus familiares. De acuerdo con los estándares de entrenamiento militar, se hace para lograr la adaptación de los soldados a la vida castrense de manera más adecuada. De esta manera, el 15 de enero pasó las pruebas, juró bandera y se graduó en su contingente. Al recibir su primera visita, sus padres lo notaron bajo de peso, pero el soldado les argumentó que obedecía al ritmo de los entrenamientos. En su grupo se empezó a destacar, tuvo como reconocimiento un permiso de cinco días y por su buena condición atlética y su talento para jugar fútbol vino otro premio: fue escogido por sus superiores para hacer curso de guía canino en Madrid con soldados de otras regiones. “Todo transcurría muy bien y estaba muy contento”, relató su padre Alfonso Álvarez.

Entonces llegó el día fatídico, el 5 de marzo. Hacia la una de la madrugada, vía messenger, le contó a su padre que se sentía muy mal. Con vómito, fiebre, dolor de cabeza y deshidratado fue enviado al médico de la unidad de sanidad de la base, conocida como ESM 5118-Camán. Allí permaneció casi hasta las 4 a.m. Le suministraron suero y lo enviaron de nuevo a su habitación en la base. Pero no se recuperó y de nuevo hacia las 9 a.m. fue llevado a sanidad. Allí le recetaron acetaminofén, suero y un analgésico, tratamiento base para un cuadro viral. Según su padre, “entre la 1 y las 10 de la mañana estuvo tres veces en sanidad, luego lo llevaron al alojamiento, en donde lo estaba cuidando el soldado Óscar González”.

Ante las circunstancias y luego de diversas comunicaciones con su padre, a quien por sus labores de vigilancia le fue imposible llegar a la base, acudió a su hermano mayor, quien llegó hacia la 1:30 p.m. para saber cómo estaba y también con el propósito de llevarle algunos elementos de trabajo que necesitaba para el curso canino. Sin embargo, como lo relató su padre, a esa hora el soldado Álvarez llamó a su hermano y le dijo que no ingresara a las instalaciones militares.

No obstante su estado de salud, el padre del soldado relató que fue llamado a formar y en la formación se desmayó. “Hacia las 2:30 p.m. me llamó la mamá de un compañero de mi hijo para informarme que lo tenían en sanidad y que luego fue trasladado al hospital de Madrid, al tiempo que no me respondía el teléfono”, recuerda Álvarez. Ante la situación, el progenitor se dirigió desesperado al hospital de Madrid. Allí estaban el coronel César Augusto Rojas Sánchez, su subalterno y el mayor Daniel Amarillo, y personal médico, quienes según el padre del soldado, no ofrecieron explicaciones sobre el caso y le dieron las condolencias. Según el registro civil de defunción, falleció a las 14:55 del 5 de marzo.

Ante la falta de claridad, desde ese momento el vigilante Álvarez empezó una cruzada para establecer lo que realmente le había sucedido a su hijo. No entendía cómo en pocas horas había fallecido. Además de no recibir explicaciones precisas sobre el supuesto contagio de meningitis, no le fue permitido ver el cuerpo de su hijo en el hospital. Allí argumentaron que sospechaban que se trataba de una muerte por la enfermedad y se podía contagiar también.

Entonces el cuerpo del soldado fue trasladado al Hospital Militar para hacer la necropsia. Al día siguiente, el 6 de marzo, Álvarez fue citado a esa institución, a la que llegó en la madrugada en compañía de sus hijos. Allí le informaron, a través de la oficina de protocolo, que los gastos funerarios serían cubiertos por la institución. Como pudo y aceptando el consejo de algún amigo, el vigilante pidió que se trasladara el cuerpo de su hijo para Medicina Legal. Allí llegó para el examen de verificación de identidad y una autopsia clínica, cuyos resultados definitivos se conocerán en los próximos meses. El pasado miércoles 8 de marzo le fue entregado el cuerpo para trasladarlo a la funeraria.

El 9 de marzo el cuerpo del soldado Estiben Andrés Álvarez, de 18 años de edad, llegó al Cantón Norte y fue despedido con honores militares. En la tarde fue sepultado en Jardines de Paz. Dos semanas después de su deceso, su padre aún no sabe la verdad de lo que sucedió, en la institución las explicaciones son parcas y por eso sigue luchando para tratar de encontrarla. “El coronel Rojas Sánchez me dice que no sabe qué pasó, se quedaron callados y a mi hijo lo trataron como si tuviera una gripa, lo dejaron morir por negligencia médica y quizás hasta por los excesos en los entrenamientos”, aseguró el padre del soldado Álvarez.

Con un dato adicional: la exigencia en el curso canino fue mayor. Ejercicios de resistencia como 400 vueltas a las instalaciones militares, cada una equivalente a 600 metros, al punto que en la primera semana de curso uno de los soldados perdió el conocimiento. La revisión de la historia clínica del soldado fallecido, conocida por El Espectador, deja varios interrogantes que deberán resolver las autoridades si inician alguna investigación, así como el resultado del Instituto de Medicina Legal.

Si en la base militar estaban advertidos de un brote de meningitis por meningococo, ¿por qué se trató al soldado como si fuera una virosis? ¿Falleció el paciente en la base aérea o llegó sin signos vitales al hospital Santa Matilde de Madrid? Si regresó hacia las 2 p.m. consciente, con tensión arterial y frecuencia cardiaca aceptables al centro médico de la base, ¿cómo 18 minutos después sufre un paro cardiorrespiratorio? ¿Cómo la vena que tenía canalizada se desconectó? ¿Por qué los aparatos para intubarlo no estaban funcionando? ¿Hubo negligencia médica y entrenamiento excesivo del soldado? ¿Fue cierto que luego de la muerte aislaron a un grupo de soldados y los incomunicaron decomisándoles sus teléfonos celulares? El celador Alfonso Álvarez no descansará hasta que le cuenten lo que realmente pasó con su hijo.

Versión de la base aérea de la FAC en Madrid

Tras advertir que el único vocero autorizado para entregar declaraciones a los medios de comunicación sobre el caso es el comandante de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), el coronel César Augusto Rojas Sánchez, comandante del curso que hacía el soldado Estiben Andrés Álvarez, de manera extraoficial conversó con El Espectador vía telefónica. Frente a los hechos que derivaron en la muerte del oficial Rojas Sánchez, indicó que no se puede pronunciar al respecto en razón a que están a la espera de un resultado de un examen que debe entregar el Instituto de Medicina Legal en los próximos días. Sin embargo, el oficial señaló que frente al caso hay muchas especulaciones y comentó que no hubo negligencia médica ni menos entrenamiento excesivo al soldado Álvarez y otros de sus compañeros. Se trata de versiones de la familia del fallecido, pero de lo que dicen nada es cierto. También afirmó que no es cierto que hubiese un brote de meningitis por meningococo en la base aérea de Madrid.