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Judicial 4 Jul 2010 - 9:30 pm

La Conversación

¿Acuerdo humanitario o rescates militares?

Marleny Orjuela, máxima vocera de los uniformados secuestrados, y el Alto Comisionado para la Paz conversan acerca del dilema que separa sus caminos.

Por: Laura Ardila Arrieta
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    http://www.elespectador.com/noticias/judicial/acuerdo-humanitario-o-rescates-militares-articulo-211802
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Foto: David Campuzano

Marleny Orjuela: Qué bueno tener por fin esta conversación. Con el sentimiento de que el 7 de agosto se van, doctor Pearl. Le hemos dado gracias a Dios por el reciente rescate de nuestros familiares. Son muchos sentimientos encontrados por los que se quedan. Pero bueno, es que somos una sola familia, la familia del dolor.

Frank Pearl: Podemos ser la familia de la esperanza.

M.O.: Sí, doctor. Y yo ahí, bueno, como me ha conocido, sigo como la voz cantante detrás de los que pueden poner un grano de arena para solucionar esto. Verlo ahora me da alegría, porque cuando nos vimos durante la entrega de los restos del mayor Guevara fue muy triste. Ese día todo fue muy triste para la pobre doña Emperatriz, ejemplo de dignidad, de amor y de respeto.

F.P.:Qué señora tan sabia y tan generosa.

M.O.: Nosotros todos les agradecemos por haber traído a tantos vivos y libres, pero nos da mucho miedo, y en esto no podemos mentir, porque ¿quién garantiza que todos los rescates sean exitosos? Por esa razón continuamos pidiendo: acuerdo sí, guerra no. Es muy importante el acuerdo, lo otro no genera seguridad. Vamos a ver qué pasa con el nuevo presidente. Porque las operaciones ‘Jaque’ y ‘Camaleón’ nos trajeron alegría, pero no olvidamos lo que pasó en Urrao, Antioquia. Eso fue fatal. Ahora vivimos esta felicidad, este nuevo rescate. Mire que a mí me cogió tan de sorpresa. Me aprestaba a ver un partido de Alemania en mi casa cuando salió la noticia. Me agarré la cabeza, se me despelucó la piel. Enseguida llamé a las familias y estaban envueltas en un mar de lágrimas. Les dije a las madres: viejitas, así quería verlas. Llorando ya no de dolor, sino de alegría. Usted, doctor Pearl, aunque se vaya del Gobierno en pocos días, es mucho lo que puede seguir haciendo por nosotros.

F.P.: Ojalá todos podamos hacer algo. Este es sin duda el tema más duro y más difícil de todos los temas sobre los cuales uno tiene responsabilidad. Duele mucho. Es imposible que no duela. Que uno no piense en los secuestrados todos los días. Es un drama horrible. Y es un asunto en el cual hay dilemas éticos, porque el corazón dice que quisiera hacer una cosa, pero las responsabilidades de Estado a veces señalan otra distinta. Tengo la certeza de que cada paso que se dé tiene que ser para que no se vuelva a secuestrar. Sobre el tema de los recientes rescates hay una cuestión que a mí me gusta mucho: ¿en qué se diferencian éstos de las operaciones de rescate humanitario? En ninguno de los dos casos el personal va armado. Lo que hizo el Ejército fue un rescate humanitario. Las Fuerzas Militares han tenido que abortar muchas de estas operaciones de rescate, cuando ven que existe algún riesgo. Eso debe darnos tranquilidad. Y esa es la vía, mientras no haya voluntad por parte de las Farc.

M.O.: Nosotros reconocemos los rescates y también las liberaciones unilaterales en las que ha ayudado la senadora Piedad Córdoba. En ese sentido, vemos que ambas partes quieren. Las Farc, cuando quieren, hacen esas liberaciones. Ahora bien, resalto que ellos, la guerrilla, son los primeros responsables de la vida de nuestros familiares secuestrados. No obstante, el Gobierno tiene la responsabilidad de buscar una salida pacífica. Yo sé que cuando el orgullo político y militar de ambas partes se termine podrá haber un acuerdo. Mire que hasta los términos en los que se refieren los unos a los otros impiden el acercamiento. Por ejemplo, que a las Farc les digan terroristas. Aunque desde hace poco vengo viendo que el Presidente se refiere a ellos como guerrilleros.

F.P.: ¿Cómo interpretas eso del Presidente?

M.O.: Positivo, porque si las partes se hablan con respeto hay posibilidad de diálogo. No más odio, hay que decirles a ambas partes. Cada vez que veo a los que salen me apego más a mi lucha y al Derecho Internacional Humanitario, porque nuestra lucha libertaria va a continuar (llora).

F.P.: Llore tranquilamente. En estos temas a veces es inevitable llorar. Es necesario, incluso. Yo, cuando me reúno con las familias, salgo con el corazón desbaratado de ver sus dramas. Alguien me preguntó recientemente que cuáles eran las satisfacciones de mi trabajo, y yo respondí que nunca me había sentido tan realizado profesionalmente. Pero también la frustración es inmensa. Sobre el tema del DIH hay algo de fondo, y es que no se puede equiparar a las Fuerzas Militares con las Farc. Uno no puede comparar, por decir algo, a un coronel con un mando medio de las Farc. Mientras uno hace cosas que atentan contra la vida, el otro defiende la vida.

M.O.: Usted habla de equipararlos, pero yo digo que la dignidad de uno y otro es la misma. Reconocerlos como humanos es el principio para construir país.

F.P.: Digamos que como personas sí son iguales, pero como miembros de unas entidades sus fines son muy distintos.

M.O.: Yo, leyendo un día un libro de Fals Borda, vi una frase que no se me olvida: si la política la hacen los humanos, ¿dónde están los humanos? Aprovecho para preguntarle a usted, ¿por qué si hay víctimas, el Estado no reconoce el conflicto armado?


F.P.: Ahí entramos en temas de definiciones jurídicas y políticas que pueden ir en contra del proyecto político de una sociedad. No reconocer el conflicto nunca implica el desconocimiento de las víctimas. Cuando uno entra en la discusión de si hay conflicto o no se puede encontrar con barreras grandes. Este Gobierno se va con la frustración de no haber terminado la tarea en el tema de los secuestrados, pero me queda la tranquilidad de que intentamos todo.

M.O.:Le tengo una pregunta de corazón que siempre me ha rondado: ustedes excarcelaron a Granda y a 150 guerrilleros más. Si hubiesen hecho un acuerdo por esos guerrilleros y Granda, los nuestros estarían aquí. Pero ustedes los dejaron libres a cambio de nada. ¿Por qué?

F.P.: Probablemente se hubiera podido hacer, lo que pasa es que las condiciones de ese momento indicaron que lo que querían ver las Farc era un gesto unilateral. De esos 150, liberamos 135. De esos, 120 ingresaron al programa de reinserción, y hay 15 que no sabemos dónde están.

M.O.: 16 con Granda.

F.P.: Claro, pero piense que valió la pena, por 120 familias que volvieron a sonreír.

M.O.: ¿Pero sí ve que lo que digo es verdad? Ambas partes tienen gestos que hacen pensar en una buena voluntad.

F.P.: Por eso la tarea es seguir insistiendo y buscando canales. Eso es lo que estamos haciendo. No se trata de abrir una puerta giratoria y que por un lado salgan 20, pero por el otro entren 100.

M.O.: Nuestra posición es que se sienten las dos partes, con la comunidad internacional vigilando, y que realmente las Farc terminen con el secuestro para siempre. Que el testigo sea el mundo.

Marleny Orjuela: la luchadora

El 3 de agosto de 1998 cambiaron para siempre los planes de vida de la contadora pública tolimense Marleny Orjuela. Ese día, en Miraflores, Guaviare, la guerrilla secuestró a su primo, el subintendente de la Policía Hernán Alexánder Zambrano. Desde entonces, y aunque el joven fue liberado tres años después, no ha dejado de exigir la libertad inmediata de los uniformados en cautiverio. El 19 de enero de 1999, en compañía de otras familias víctimas, fundó la asociación Asfamipaz, que agrupa a los seres queridos de los militares y policías retenidos. Todos los martes sin falta lidera un plantón libertario en la Plaza de Bolívar, inspirado en las Madres de la Plaza de Mayo, de Argentina. Hace gestiones en pro de su lucha ante el Estado y la comunidad internacional. No es gratuito, pues, que cuando salen todos ellos la llamen con cariño “Mamá Marleny”.

Frank Pearl: el activista

Frank Joseph Pearl González es un economista que desde hace mucho fue tocado por algunas causas sociales, las cuales se ha dedicado a defender y a apoyar públicamente. En 2002, por ejemplo, fue cofundador del movimiento ciudadano ‘No más’, que promovió marchas pacíficas a favor de la paz. De la Alta Consejería Presidencial para la Reintegración Social y Económica de Personas y Grupos Alzados en Armas saltó a la oficina del Alto Comisionado para la Paz. El cargo lo dejará dentro de pocas semanas debido a la llegada del nuevo Gobierno Nacional. Se va a estudiar un año en el extranjero. “Ojalá hubiésemos tenido algo más de tiempo, unos seis meses más, para dejar concretadas varias cosas que se están cocinando”, dice.

lardila@elespectador.com

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