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Judicial 6 Nov 2012 - 8:11 pm

Con el cuento ‘Déjala volar’, la Unidad de de Víctimas, busca enseñar a los niños sus derechos

Aprendiendo a entender el conflicto

Libro realizado con el apoyo del ICBF, la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional.

Por: Ángela Rojas Vargas
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Niños hasta los 17 años de edad participan de las jornadas con las que se da a conocer el libro ‘Déjala Volar’ en las diferentes localidades de Bogotá. / Gustavo Torrijos

“¿Qué es la dignidad?”, preguntó William León, funcionario del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a un grupo de 15 niños entre los 3 y los 11 años, reunidos bajo una carpa de las unidades móviles dispuestas en el barrio Miramar de la localidad de Suba, el fin de semana pasado. “Pues dignidad es que a uno no se le meta el agua en los zapatos porque los tiene rotos”, contestó Camila, de 7 años. “Eso es como no tener hogar o que uno tenga goteras”, afirmó Andrés, de 8.

La Unidad de Víctimas, a través del cuento Déjala volar, una adaptación del estatuto 1448 de 2011, busca enseñarles a los niños víctimas de la violencia cuáles son los derechos que tienen. Con jornadas de aproximadamente cinco semanas al año, y en compañía del ICBF, funcionarios del Gobierno llegan a sectores como Rafael Uribe Uribe, Bosa y Ciudad Bolívar en Bogotá, para reunir a los niños de esas comunidades, instruirlos sobre la ley y de paso hacer un diagnóstico de sus actuales estados educativos y familiares.

Diego Molano, director general del ICBF, afirmó en charla con El Espectador: “El país debe saber que de unos cuatro millones de víctimas que deben ser reparadas, restituidas en sus derechos y a en ambiente de paz y desarrollo, 1,5 millones son niños y adolescentes, vinculados en su mayoría a familias en situación de desplazamiento”. Y añadió: “Lo que queremos es fortalecer el acompañamiento a los niños que son víctimas del conflicto armado y avanzar en los procesos de reparación”.

Como se lee en Déjala volar, el cuento “tiene el propósito firme de acercar a las distantes y, en ocasiones, complejas disposiciones normativas del lenguaje de la infancia y la adolescencia”. Esta herramienta interactiva, que viene con un CD y una pequeña cometa para armar, es un puente que a manera de juego se edifica entre los pequeños y la Ley de Víctimas.

Mientras los niños se untan las manos de escarcha y témperas decorando sus cometas, los comisionados del ICFB les leen despacio, palabra a palabra, la historia de Ana y Simón, un par de niños que a través de frases como “algunas personas decidieron cambiar o defender a tiros el estado de conflicto, las personas que están desarmadas llevan las de perder y con frecuencia se convierten en víctimas”, aprenden qué es exactamente la guerra interna.

Es fácil advertir que los menores saben más de lo que se podría imaginar. Sus respuestas son la más clara evidencia de que la violencia no perdona edad. “¿Qué es un desaparecido? Eso es cuando se pierde una persona y no la pueden encontrar, que se pierde porque se la llevan otras personas”, respondió una niña de 10 años.

Una de las madres, Miladis Rosa Pérez Mesa, llevó a su hija y a su sobrino a la jornada. Miladis, su esposo, su pequeña, que hoy tiene 8 años, y su padrastro tuvieron que dejar su hogar en Montes de María (Sucre) en 2007. “Nosotros vivíamos en una finquita y llegaron unos guerrilleros de las Farc a buscar al dueño. Nos dijeron que nos fuéramos o que ellos iban a quemar la finca con nosotros adentro”, comentó. Según la mujer de 26 años, su familia emprendió la huida con tan sólo $50.000 hacia Bogotá, donde viven desde entonces.

Afirma que cada día es una lucha, que mientras allá la papa, la leche y los huevos están siempre en la mesa, ahora para poderse comer un pedazo de queso tienen que rebuscárselo en una ciudad que cinco años después todavía sienten ajena. “Igual, la ayuda que uno recibe como desplazado por parte del Gobierno es poca; lo de los subsidios, eso es muy demorado para uno que viene sin nada”.

Miladis afirma que el sábado pasado fue la primera vez que asistió a una de estas unidades móviles. Comenta que fue una grata experiencia porque vio cuando a su niña le leían Déjala volar y notaba que ella no era la única menor en una situación de desplazamiento. “Yo siempre le he contado de dónde venimos y por qué no podemos volver, pero la niña me insiste a veces y me dice que nos vayamos, aunque cuando nos vinimos estaba todavía muy chiquita”. Considera que esta iniciativa es útil y, sobre todo, oportuna. “Es bueno que ella sepa toda su historia”, expresa.

El libro, que fue realizado no sólo con el apoyo del ICBF sino también con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y la Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, es, como Diego Molano resume, “el resultado de un gran esfuerzo interinstitucional que debemos llevar a los niños en todos los rincones del país, porque tenemos una obligación con el restablecimiento de sus derechos”.

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