Abusos y sobornos en Itagüí

<br />Testimonio de funcionaria del Inpec pondría en aprietos a sus compañeros.

 


El pasado 14 de febrero, desde el pabellón uno de la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, donde están recluidos la mayoría de los jefes paramilitares desmovilizados, se reportó el hallazgo de una pistola 9 milímetros, una granada y once millones de pesos. El Ministerio de Justicia manifestó que los culpables perderían los beneficios de la Ley de Justicia y Paz y que los guardianes cómplices serían destituidos.

No era la primera vez que se denunciaban abusos en Itagüí. En marzo de 2007, los jefes ‘paras' fueron acusados de haber hecho del centro penitenciario una nueva ‘Catedral', en la que hacían fiestas y tomaban whisky sello azul; y el capítulo del 14 pasado de febrero suscitó una investigación contra 25 trabajadores del Inpec. El Espectador conoció la versión libre de una funcionaria que trabajó en la cárcel de Itagüí y que cuenta con detalles cómo varios de sus compañeros "traicionaron la institución" y se pusieron al servicio de los desmovilizados. Éste es su relato.

El control ‘para'

Una de las primeras revelaciones de su declaración es que Juan Carlos Sierra, alias El Tuso, es el gestor de una nómina paralela en la prisión. Cabe recordar que el caso de El Tuso fue uno de los más polémicos en el proceso con las Auc: aunque el 27 de septiembre de 2004 el presidente Uribe firmó su extradición, el 18 de agosto de 2006 el proceso fue suspendido y el Gobierno lo reconoció como un jefe desmovilizado.

La dragoneante expresó en su testimonio: "El Tuso nos dijo que habláramos con el teniente (...) para que nos tuviera en cuenta, nos incluyera (en aquella nómina)". Ese teniente entraba cada viernes al patio uno "supuestamente a atender asuntos de los internos, pero iba a reclamar los pasajes para irse a Bogotá". Y antes de que la dirección de la cárcel aprobara el ingreso de unos computadores, Sierra ya tenía el suyo dentro del pabellón, gracias al soborno de un millón de pesos que le dio a un inspector.

Ese inspector también es señalado de haber solicitado que en diciembre de 2006 lo ubicaran en el "almacén de expendio", puesto desde el que permitió el paso de trago al pabellón uno y por lo que obtuvo una bonificación. En la declaración se menciona que Freddy Rendón, El alemán, ex comandante del bloque Élmer Cárdenas (que operaba en el Urabá), se expresó en alguna ocasión en contra de este inspector, al que señalaba de pedirles plata y luego "aventarlos" por lo que hacían dentro del pabellón.

Los investigadores del caso tienen sospechas de otras irregularidades, como la de un suboficial y la de un cabo a quienes los jefes ‘paras' les habrían pagado un semestre de universidad. La testigo dijo que no creía que los mencionados hubieran recibido tal beneficio. Los investigadores le preguntaron por el caso de un guardián del Inpec al que los jefes ‘paras' le habrían dado dinero para remodelar su casa. La testigo aseguró que conocía el rumor y que ese funcionario permitía el ingreso de elementos prohibidos al pabellón uno.

Los investigadores también indagaron por el caso de un cabo que habría recibido uniformes de fútbol y un carro de hamburguesas, que además vendía en el mismo patio de los ‘paras'; a lo que la testigo respondió: "Los dragoneantes estaban muy enojados porque la primera vez que le dieron para los uniformes él se gastó la plata, y la segunda vez los zapatos (que compró) como que a unos no les sirvieron". Y reconoció que en ese patio sí había una venta de hamburguesas, entre otras, prohibida, pero que ignoraba si el negocio era un regalo de los ‘paras'.

Ramiro Vanoy, Cuco Vanoy, ex comandante del Bloque Minero que actuaba en el Magdalena Medio, aparentemente pidió en diciembre un listado con los nombres de todos los funcionarios de la cárcel para hacerles llegar obsequios, y regaló un pesebre y otros artículos navideños al establecimiento. Salvatore Mancuso le envió un ramo de flores a una dragoneante en su cumpleaños, la cual también recibía órdenes de Rodrigo Pupo Tovar, Jorge 40, ex comandante del Bloque Norte. Y El alemán les daba dinero a los funcionarios que trabajaban en los puestos Águila 8 y Águila 10: "No importaba los que estuvieran, les mandaba la cuota mensual", sostiene la testigo.

Una de las acusaciones más serias de esta trabajadora del Inpec es la que hace contra dos funcionarios de alta jerarquía de la institución: de uno, asevera que tenía una estrecha relación con Carlos Mario Jiménez, Macaco, ex comandante del Bloque Central Bolívar, y que autorizaba "muchos ingresos de personajes que iban de proyectos". Del segundo, sostiene que tenía una relación tan cercana con Cuco Vanoy que éste le regaló un computador portátil.

"Quiero manifestar que los servicios de Águila 10, Águila 8 y control principal eran muy manipulados por ciertos cuadros de mando", expuso la testigo en su versión, quien describió cómo la rendición de algunos miembros del Inpec a la voluntad de los jefes paramilitares creó problemas con otros que no tomaron el mismo camino. La mujer contó cómo quienes trabajaban para los ‘paras' interferían con los procedimientos de quienes no lo hacían, hasta llegar al punto de "calentarlos" con los internos.

Todas estas revelaciones concuerdan con el informe del grupo de reacción inmediata del Inpec (el mismo que descubrió la caleta el pasado 14 de febrero), en el que se presume que estos reclusos, prácticamente, son quienes llevan el timón de esta cárcel de máxima seguridad. Que su ‘nómina' alterna, sus sobornos y sus relaciones han dado resultados a su favor.

La investigación sobre la aparente responsabilidad de 25 funcionarios del Inpec en este caos seguirá en pie. Sin embargo, el hermetismo continúa y hasta ahora no se ha mencionado un solo nombre de algún jefe ‘para' que pudiera perder los beneficios de la Ley de Justicia y Paz por hechos como el de las armas y el dinero hallado el 14 de febrero, y que hacen suponer que, de no tomarse las medidas necesarias, Itagüí sí podría ser la próxima ‘Catedral'.