Nuevo capítulo de la pelea entre Alfredo Molano y los Araújo

Este viernes se viviría una nueva audiencia en la demanda que dicha familia interpuso contra el columnista de El Espectador por su escrito del 24 de febrero de 2007.

Un nuevo capítulo se vivirá este viernes de la disputa judicial que enfrentó a Alfredo Molano con la familia Araújo de Valledupar.

El columnista del diario El Espectador fue demandado por los delitos de injuria y calumnia ante lo expresado en su columna ‘Araújos et al' publicada el 24 de febrero de 2007.

En diálogo con Caracol Radio, Molano dijo que su interpretación da para pensar que los Araújo se sintieron agredidos más por el título de la columna que por lo que realmente ésta señala.

Y manifestó: "si yo salgo inocente la libertad de expresión queda a salvo, por lo menos la que hemos vivido en estos años".

"Si yo salgo condenado se sentará una jurisprudencia que estrechará las libertades de la libertad de opinión", sostuvo.

Luego dejó ver que se sentiría muy contento si llega a ganar el proceso pero expresó su tristeza si resulta culpable porque estaría inhabilitado para volver a publicar su columna en El Espectador.

Columna de Alfredo Molano

Araújos et al

Seguro es que los Araujo vallenatos no tienen sangre próxima común con los de Cartagena, aunque a un senador de Texas o a un representante sueco al Parlamento Europeo la coincidencia les aflojara una sonrisita de lado. El asunto no es de consanguinidad, sino de identidad en el modo de hacer negocios aunque no sean socios. Ambas familias son de esa rancia cúspide regional acostumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos. Los notables de Valledupar nacieron todos en la misma cuadra y se conocen los trapos íntimos desde niños. Han vivido del contrabando de café y ganado con Venezuela por Puerto López- el de Tite Socarras-; después, sin duda, contrabandearon maracachafa por Bahía Portete; han escriturado, con parientes notarios, haciendas y predios urbanos a sus reconocidos nombres y les han quitado toda la tierra que pueden a los indígenas de la Sierra Nevada y sobre todo a los Kankuamos.

Las campañas electorales de estos prohombres son -hoy todavía- un espectáculo deprimente: suben sus delegados en camión a la Sierra, digamos a Atanques, y llevan a los indígenas enchirrinchados a donde necesitan inclinar a su favor la votación. Una vez que, abrazo de por medio, los indígenas votan, los empujan en cualquier esquina para que amanezcan botados, vomitados y sin saber como devolverse a su tierra. El espectáculo se repite con la regularidad del Festival Vallenato. Con el mismo procedimiento los llevan a firmar escrituras. Lo que hace Jorge 40 no es más que repetir la historia.

Pasa lo mismo con los nobles de la Heroica. Son un puñado. Conocidos de todos porque de alguna Miss Bolívar son parientes o, por lo menos, a una han coronado en el Hotel Caribe siendo gobernadores, alcaldes, secretarios de gobierno, almirantes de la Armada. Tienen una larga y noble historia como que fueron los más ardientes enemigos de los piratas ingleses y franceses que venían a quitarles los chancucos comerciales con la Madre España. Siempre han sido comerciantes y, además, hacendados. Han comerciado con todo: aceite en botija, esclavos, géneros, azúcar, y, claro, tierras. Indígenas no tienen a mano, si se exceptúan los que su parentela los Guerra de la Espriella- otros también embollados con la Ley-engañan y emborrachan en Sucre: Joselito convicto del 8000 y especializado en atropellar -digo lo menos-a los indígenas de San Andrés de Sotavento; su hermano Víctor, hoy delegado personal del Presidente Uribe en la Corporación Autónoma de Sucre organizo con paramilitares las CONVIVIR regionales bautizadas con el significativo nombre de Orden y Desarrollo; Miguelito, el de Ralito; su hermana, Ministra de Comunicaciones y su padre Julio Cesar Guerra Tulena. Mejor dicho...

El nuevo Canciller estuvo untado en el negociado de Chambacú. Y salio bien librado. Explicable, siendo Fiscal Luís Camilo Osorio, al que tarde o temprano veremos en los estrados. Pero el problema no es legal. Es social. Chambacú era un pueblo de negros tan autentico como puede ser San Basilio. Vestigios ambos de lo que fue la cultura africana en América. Pero a los casatenientes cartageneros no les gustaba el barrio hecho entre manglares con cartones y tejas de zinc. Le daba mal aspecto al Corralito. Y decidieron sacar a la gente a la fuerza y botarla a vivir donde pudiera. Chambacú se volvió uno de los más costosos predios. El negocio fue redondo. Hasta construyeron un edificio inteligente. Los desalojados tuvieron que treparse a La Popa y las Loma de Peyé, terrenos hermosísimos con vista al mar. Hay un nuevo plan para sacarlos de ahí también: la Avenida Perimetral. Limpias esas lomas, vendrá triunfal don Donald Trump, rey inmobiliario de Nueva York y dueño del Concurso Miss Universo a inaugurar, quizás asociado con los Noguera, los Guerra de la Espriella y, por supuesto, con Jean Claude Bessudo, "El Aprendiz" un gran vividero residencial para pensionados gringos-. De ahí las medidas adoptadas por el Vicepresidente y el Ministro de Defensa para la ciudad.