El columnista Óscar Alarcón le rinde un homenaje

Carlos Restrepo Piedrahíta, el último radical que quedaba

El diplomático y profesor de la Universidad Externado murió a los 101 años. Es considerado el constitucionalista más importante de Colombia.

Su biblioteca, de más de 22.000 libros, pasará a la colección del Instituto de Estudios Constitucionales del Externado. / Cortesía Universidad Externado

Murió de 101 años el último radical que quedaba: Carlos Restrepo Piedrahíta. De él había dicho el presidente Alfonso López Michelsen que era “el más serio investigador del derecho constitucional colombiano”. Los años de cátedra, su vida diplomática y la circunstancia de ser un hombre políglota lo convirtieron en ese profesional para quien el mandatario colombiano no escatimaba adjetivos cuando trataba de elogiar a su alumno en los viejos años de cátedra, cuando enseñó a la juventud universitaria de entonces la estirpe calvinista de nuestras instituciones.

“Profeso por el doctor Restrepo Piedrahíta la misma admiración que nacionales y extranjeros han expresado, pero con una ventaja: la de que el doctor Restrepo fue mi alumno en la Facultad Nacional de Derecho y posteriormente yo he sido su discípulo”, dijo el presidente López.

El personaje que caminaba erguido por los corredores del Externado, sin mirar a nadie, con su corbatín bien anudado, que representó a Colombia en distintas misiones diplomáticas en Rusia, Alemania e Italia, fue un hombre resultado de su propio esfuerzo. De origen campesino —su padre fue trabajador en las minas—, por razones del destino le tocó vivir en Ecuador y luego en Ipiales, en donde, después de terminar bachillerato con muchos esfuerzos, se desempeñó en disímiles oficios, desde maestro de escuela y gendarme de aduanas, hasta policía con uniforme, revolver y quepis. Sí, policía con la placa 447, oficio que lo hizo incursionar en la literatura para escribir su primer cuento: El caso y los casos del agente 447.

En sus primeros años de vida, siempre pensando en su futuro, teniendo en cuenta que era de familia pobre y humilde, se puso la meta de estudiar en Bogotá. Se matriculó en derecho en la Universidad Nacional, en donde tuvo la fortuna de ser discípulo de Alfonso López, quien entonces enseñaba a Rousseau, Montesquieu, Bodino, Sieyes, y demás pensadores que contribuyeron a las revoluciones inglesa y francesa y a la independencia de los Estados Unidos. Es posible que gracias a ese profesor naciera la inclinación de Restrepo por el derecho público. Después de cursar dos años en la Nacional se trasladó y concluyó estudios en la escuela de derecho que más se acercaba a su pensamiento liberal, la Universidad Externado de Colombia. Desde entonces se vinculó a ese centro docente, en donde llegó a ser rector y profesor de derecho constitucional durante muchos años y con miles de discípulos.

Desde muy joven fue abriéndose paso y fue así como trabajó con Jorge Eliécer Gaitán, cuando el caudillo se desempeñó como ministro del Trabajo. Logró, sólo gracias a su preparación y su esfuerzo personal, que Fernando Londoño y Londoño, ministro de Relaciones Exteriores, su paisano de Caldas, lo nombrara en la legación colombiana en Moscú. Era el año de 1945 y en la Presidencia de la República se encontraba Alberto Lleras, luego de la renuncia de Alfonso López Pumarejo. Entonces la política exterior se manejaba con escaso presupuesto, razón por la cual, para llegar a su destino, tardó más de seis meses esperando un carguero en Nueva York que lo llevara a Moscú. Pero no perdió el tiempo, durante ese lapso se dedicó a aprender ruso con una joven emigrada.

Él, que era un liberal de izquierda y radical, comenzó a decepcionarse de esa revolución de posguerra pero aprovechó su misión diplomática para estudiar economía política en la capital soviética.

De regreso al país, siendo subdirector de El Liberal, le correspondió ser activo en los hechos del 9 de abril de 1948. Junto con otros personajes se tomaron una emisora para lanzar consignas e hizo parte, con Adán Arriaga, Gerardo Molina, Jorge Zalamea y Rómulo Guzmán, del Comité Ejecutivo de la Junta Revolucionaria de Gobierno que se constituyó ese día después del asesinato de Gaitán.

Investigador y senador

Gracias a su dispendiosa labor de investigador, el profesor Restrepo Piedrahíta logró desempolvar nuestras constituciones provinciales, desconocidas y sólo referenciadas por algunos estudiosos de la historia y de nuestro derecho público del siglo XIX. Las constituciones nacionales se conocieron por los compiladores Manuel A. Pombo y José J. Guerra, pero las provinciales, las expedidas entre 1853 y 1886, que él denominó de la primera república liberal, eran totalmente desconocidas. Gracias a su espíritu investigador logró rastrearlas y divulgarlas. Fueron las expedidas de 1853 a 1885. Su número exacto no se precisa aún, pero Restrepo logró hacer claridad sobre cuán desfasados estaban muchos investigadores cuando se refirieron a ellas. Gracias a ese espíritu investigador de que hizo gala, el presidente López Michelsen llegó a llamarlo el Momsen del constitucionalismo colombiano.

Pero también el profesor Restrepo no se quedó en el discurso. Fue activo en los inicios de las discusiones de la reforma constitucional de 1968 y fue el primero en proponer en esos debates la creación de una Corte Constitucional. Al final se optó por establecer una Sala Constitucional en la Corte Suprema de Justicia como organismo encargado de proyectar los fallos de inexequibilidad, antecedente de la Corte Constitucional, establecida finalmente en la Constitución de 1991, estatuto que también acogió otra de sus propuestas: el defensor del Pueblo.

Llegó al Senado de la mano del presidente Carlos Lleras Restrepo, sin pronunciar un discurso y sin buscar un voto. Salió elegido gracias al bolígrafo. Por lo demás, nadie se lo imaginaba en una campaña política, en la de 1966, cuando salió electo por Quindío, en un balcón, con su corbatín y camisa arremangada hablándoles a los campesinos cafeteros sobre el precio del grano y su colaboración política desde el Congreso.

Su vinculación con el Externado desde cuando optó por preferir ese centro de estudios a la Universidad Nacional, por considerarla más cercana a su pensamiento liberal, le permitió conocer y ser discípulo de Ricardo Hinestrosa y también del gran constitucionalista Tulio Enrique Tascón que, como López Michelsen, también influiría en su formación en el derecho público. Esa escuela de educación para la libertad, como la instauraron sus fundadores en los años de la Regeneración, le permitió conocer y ser amigo, su mejor amigo, de Fernando Hinestrosa. Tanto que lo dejó encargado de la rectoría del Externado cuando en el gobierno de Virgilio Barco se desempeñó como embajador en la Santa Sede.

Como él, no sólo compartió la ideología política radical contra el confesionismo del siglo XIX, sino también la gran admiración por los maestros de la música, como Bach, Mozart y Beethoven. Esa identidad, ese diálogo permanente, también los llevó a los dos a hacer largas caminatas por la sabana y por los cerros orientales que dieron albergue a la que fue la casa de ambos: la Universidad Externado. Esa naturaleza permitió mostrar en el profesor Restrepo Piedrahíta otra faceta, la de su amor por las flores y los jardines. Más de una vez se le vio hablar con las plantas, ser expresivo con ellas. Si con sus congéneres era tímido, hasta el punto que se observaba distante, el cariño que le profesaba a una rosa era similar a la picardía que le expresaba a una bella mujer, para las que siempre tenía sonrisa, admiración y palabras de poeta.

En materia política fue, como su amigo Hinestrosa, admirador del general Santander y muy crítico de Bolívar. Autor de más de una veintena de libros. Fue miembro del Consejo de Estado. A la Constitución de 1886 la consideraba un estatuto de Estado centralizador, ejecutivo monárquico-seudorrepublicano y superestructura confesional.

Retirado de la cátedra en el Externado pasó sus últimos años recluido en su apartamento del Bosque Izquierdo, desde donde divisaba sus tan queridos cerros orientales. Su biblioteca, de unos 22.000 volúmenes en seis idiomas, y sus discos de música clásica pasan a hacer parte del Instituto de Estudios Constitucionales Carlos Restrepo Piedrahíta, que desde hace unos años funciona en una casa vecina al edificio del Externado.