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Judicial 18 Jun 2013 - 11:18 pm

Entre diciembre de 2012 y abril de 2013 se agudizó la situación en la cárcel de mujeres El Buen Pastor

La cíclica crisis carcelaria en Bogotá

Los principales problemas son la salud y la lentitud en los procesos jurídicos.

Por: Santiago Martínez Hernández / Juan David Laverde
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Los graves problemas de hacinamiento siguen siendo un dolor de cabeza.

El huracán de problemáticas que azota a las cárceles del país no cesa. Así lo revelan los tres últimos informes de la Procuraduría sobre la situación carcelaria en las Unidades de Reacción Inmediata (URI) y los centros penitenciarios de Bogotá —La Picota, la Modelo, El Buen Pastor y la Distrital—. En ellos se advierten problemas de hacinamiento, enfermedades no atendidas, líos en el transporte para remisiones médicas, en salubridad, registros irregulares de redención de penas y atención de necesidades básicas. Todo un dolor de cabeza para el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).

Según los informes conocidos por El Espectador, la mejor radiografía de las condiciones carcelarias se encontró en la cárcel Distrital. La Procuraduría recibió quejas de que algunos internos no podrían recibir visitas en un año por las sanciones que tienen y la solicitud reiterada de que no les den fríjoles a la hora de la comida porque les caen pesado y de que se busquen formas de evitar que se haga desnudar a las mujeres visitantes en las requisas; asimismo quedaron constancias de algunos problemas con el agua y la petición de aumentar el kit personal de aseo.

La conclusión del informe en la Distrital fue simple: “Los temas de alimentación, salud, hacinamiento y jurídico se encuentran dentro de los lineamientos deseables. Poco es lo que se debe reprochar”. Sin embargo, los funcionarios de la Procuraduría plantearon la duda de “por qué razón no se había logrado un acuerdo para utilizar los espacios disponibles de la cárcel Distrital para descongestionar las URI y demás establecimientos afectados por el hacinamiento” en Bogotá.

Muy distinto fue el panorama hallado en la cárcel de mujeres El Buen Pastor. La prestación del servicio de salud, a cargo de Caprecom, sigue teniendo múltiples fallas. Se documentó, por ejemplo, que no sólo el personal de dos médicos que atienden a 2.400 internas es insuficiente, sino que, además, hay malos tratos contra reclusas enfermas, que duermen en el piso en inhumanas y precarias condiciones. Asimismo denunciaron los casos de 23 internas con enfermedades catastróficas —VIH, problemas cardiacos y renales, lupus— y que no se cuenta con unidades de ginecología o pediatría para los menores que viven en El Buen Pastor con sus madres.

Las mujeres reportaron que no se han atendido 138 casos de enfermas que requieren atención especializada urgente. Los funcionarios de la Procuraduría encontraron el caso de una mujer que sufre de linfoma de Hodgkin, un problema en la sangre que le genera fuertes dolores que tienen que ser tratados con morfina. No obstante, ante la carencia de medicamentos, la fórmula con la que buscan paliar su dolor es una pastilla de acetaminofén. A casos como éste se suman los de mujeres embarazadas, otras que padecen cáncer y algunas que sufren discapacidades físicas.

Otro de los graves problemas identificados es el Comando de Remisión (Cores), que no tiene capacidad para cumplir los traslados a las citas médicas, las cuales no sólo son de difícil acceso sino que se demoran en promedio unos 10 meses. El Buen Pastor es un mar de problemas, según este diagnóstico. El Ministerio Público encontró desorganización administrativa, escasez de personal y falta de sistemas de archivo y equipos para procesar información de las personas condenadas que puedan acceder a beneficios para obtener la libertad. De hecho, se han encontrado casos de reclusas con penas cumplidas que inexplicablemente continúan presas, padeciendo condiciones infrahumanas y sumando al hacinamiento.

Ni qué decir de la falta de agua y la mala condición de los baños. Del mismo modo se criticó el sistema automático de asignación de visitas, ya que en vez de agilizar los trámites se constituyó en “un obstáculo que se opone a la premisa de rapidez, agilidad, ausencia de filas y maltrato a los visitantes (niños y personas mayores de edad)”.

La tercera visita programada por el organismo de control fue a la cárcel Modelo. Entre los días 24, 25 y 26 de abril los funcionarios de la Procuraduría establecieron que poco había cambiado desde el último informe de la entidad que urgía a atender el grave estado de cosas inconstitucional. El infierno que se vive en esta institución se ve reflejado en el hacinamiento, la falta de salubridad, los problemas de alimentación y la satisfacción de las necesidades básicas. Para ponerlo en números: la Modelo tiene capacidad para 2.968 internos y hoy alberga a 6.493.

El Cores también es otro de los problemas en la Modelo, ya que tiene un volumen diario de 250 diligencias judiciales, una labor que con los pocos recursos que tiene apenas puede cumplir. Tampoco se han agilizado los procesos jurídicos para conceder libertades con pena cumplida (162 solicitudes), libertades condicionales (851), libertad por rendición de pena (855) y órdenes de traslado (1.267). Sin embargo, los informes resaltan que actualmente se están implementado acciones para afrontar la crisis, a pesar de los fallos judiciales que han ordenado impedir el ingreso de más reclusos y el traslado de otros miles en menos de tres meses.

Por último está la radiografía de La Picota. A las escandalosas denuncias de la revista Semana sobre el carrusel de certificados de redención de trabajo y estudio falsos, protagonizado por varios parapolíticos, se suman los problemas de infraestructura que se presentan en el Establecimiento de Reclusión del Orden Nacional (ERON). Allí la capacidad es de 4.973 reclusos, pero actualmente alberga a 8.267 personas, lo que significa un hacinamiento del 66,23%. Así mismo, se reportaron problemas con el abastecimiento de agua potable y el funcionamiento de ascensores para los nueve pisos que componen el edificio. Y como si no bastara, este penal debe responder por la vigilancia de 1.613 prisiones domiciliarias otorgadas y por 161 reclusos que tienen vigilancia electrónica.

En salud, el panorama es más catastrófico. No se cuenta con personal médico suficiente: para toda la cárcel sólo hay cuatro doctores en turnos rotativos de cuatro horas (2.066 internos por cada médico). “Para la jornada nocturna sólo se cuenta con un médico”. Ni modo de enfermarse en la noche en La Picota, se diría. Además, el suministro de medicamentos es precario y, peor aún, “Caprecom no está recogiendo los residuos hospitalarios, lo que puede degenerar en graves consecuencias por los riesgos de contaminación”. Y aunque no hay registros exactos de los casos pendientes, se calculan en más de 700 los tratamientos que deben efectuarse mediante remisión urgente. Un verdadero caos. “Se tienen identificados 151 internos psiquiátricos que al momento de la visita no contaban con atención especializada”. Y la lista sigue.

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