Judicial 29 Sep 2012 - 3:11 pm

La realidad detrás de la ficción: Escobar el Patrón del mal

El DAS en la mira del narcoterrorismo

El general Miguel Maza Márquez, director del DAS entre 1985 y 1991, fue uno de los blancos predilectos de la mafia del Cartel de Medellín, pero nunca lograron silenciarlo.

Por: Redacción Ipad
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Sin embargo, por asesinarlo murieron muchos inocentes, y la primera acción se presentó hacia las 7:12 de la mañana del martes 30 de mayo de 1989, cuando Los Extraditables explotaron un carro bomba a su paso, en momentos en que se movilizaba hacia el DAS en un vehículo blindado, a la altura de la carrera séptima con calle 56 en Bogotá.

Esa mañana, explotó un carro bomba cargado con 100 kilos de dinamita y perdieron la vida siete personas. Maza Márquez sobrevivió de milagro, pero esa misma semana, el mismo oficial visibilizó ante el país lo que estaba por suceder. Primero a través de una carta a la Procuraduría, en la cual le pidió que investigara lo que estaba sucediendo desde La Dorada hasta Puerto Boyacá, y después con una declaración pública denunciando el nefasto matrimonio entre el narcotráfico y las autodefensas.

Maza Márquez denunció además que la acción terrorista contra su vida era un asunto anunciado. Y lo explicó revelando que cinco días antes del atentado, la Policía había capturado a un excapitán del Ejército de inteligencia militar llamado Luis Javier Wanumen Camargo, quien andaba con otro militar en posición de documentos que demostraban cómo la mafia tenía infiltrado al Estado. Una serie de documentos que incluso relataban pasajes específicos de consejos de seguridad en la Casa de Nariño.

Las denuncias del oficial fueron complementadas con la revelación de una conversación de Gonzalo Rodríguez Gacha captada por oficiales de inteligencia, en la cual expresaba su preocupación para tratar de liberar a Wanumen y su compañero. La sorpresa de las autoridades fue que dos oficiales de la Policía aparecieron para tratar de que los detenidos quedaran libres y recuperar los documentos. El episodio terminó en un escándalo mediático en el cual el Ministerio de Defensa expidió una declaración diciendo que rechazaba cualquier comentario de desprestigio contra los militares.

Días después, apareció ante los medios de comunicación un capitán (r) del Ejército llamado León Guillermo Tarazona, presentándose como el jefe de las autodefensas del Magdalena Medio con una oferta de dialogar con el gobierno. Pronto el DAS informó que lo único que estaba haciendo Tarazona era reforzando la socialización del llamado Movimiento de Restauración Nacional (MORENA), un grupo político promovido por la Asociación de Campesinos y Ganaderos del Magdalena Medio (Agdegam), orientado por Iván Roberto Duque, después conocido como Ernesto Báez.

Las acusaciones del DAS tuvieron que ceder ante la arremetida violenta del Cartel de Medellín entre junio y agosto de 1989, cuando sucesivamente la mafia asesinó a la jueza María Helena Díaz, al magistrado Carlos Valencia García, al coronel Valdemar Franklin Quintero y al candidato presidencial Luis Carlos Galán, entre otros. Cuando frenó la oleada de violencia selectiva y se abrió paso el narcoterrorismo, de nuevo el DAS, a través de su director, el general Maza Márquez, empezó a denunciar a los paramilitares del Magdalena Medio, asociándolos a mercenarios israelíes y británicos.

Fue el momento en el que salió a relucir la aventura mercenaria en Colombia del coronel (r) del Ejército israelí, Yair Klein, quien contratado por la Asociación Colombiana de Ganaderos del Magdalena Medio, junto a otros exmilitares de la misma nacionalidad y del Reino Unido, habían entrenado a los paramilitares del Magdalena Medio. En el Congreso de la República, Maza develó los nombres y nexos de estos mercenarios, creando un nuevo escándalo que terminó tapado por nuevos hechos de violencia como el bombazo a El Espectador y a Vanguardia Liberal.

Después de una nueva sucesión de crímenes de funcionarios de la justicia, jueces, periodistas y policías, más el cruento atentado al avión de Avianca, sobrevino el nuevo ataque directo de la mafia del Cartel de Medellín contra el general Maza Márquez y el DAS. Ocurrió a las 7:33 de la mañana del miércoles 6 de diciembre de 1989, cuando un bus cargado con al menos 500 kilos de dinamita explotó junto al costado oriental de la sede del DAS en Bogotá situada en el sector de Paloquemao, causando la muerte de 60 personas y al menos 600 entre heridos, lesionados y mutilados.

Fue tal la violencia del atentado terrorista contra el DAS que causó destrozos en tres kilómetros a la redonda. La zona quedó devastada, al menos 200 establecimientos comerciales quedaron reducidos a escombros, la sede de los juzgados de Paloquemao tuvo que ser evacuada. El edificio del DAS quedó visiblemente afectado, y en su interior lo único que se vivió fue la tragedia. La estructura central quedó semidestruida, el sótano colapsó, las puertas y ventanas fueron desprendidas de sus marcos. Todo fue arrasado.

Además de los transeúntes que perdieron la vida en la calle, diez funcionarios del DAS corrieron la misma suerte. La jefe de enfermeras Elvira Isabel mejía, la secretaria de la jefatura de personal Mery Edith Monroy, una recepcionista del noveno piso, un auxiliar de servicios generales, un guardia de seguridad, cuatro escoltas y un soldado. El director del DAS, Miguel Maza Márquez se salvó milagrosamente porque su despacho estaba blindado, pero los vidrios de seguridad estallaron y la oficina quedó revuelta.

En medio de la tragedia, Maza Márquez sólo atinó a comentar: “Esta es una guerra contra el pueblo colombiano. ¿Cuántos colombianos inocentes murieron hoy? ¿Cuántos están mutilados en las clínicas de Bogotá? ¿Cuántos inocentes quedaron sin techo? Este es un problema del país y el país tiene que salir airoso”. Luego instó al país a unirse para enfrentar al narcoterrorismo. Desafortunadamente, en ese mismo momento, en vez de salirle al frente al narcoterrorismo, el Congreso de la República trataba de sacar adelante un referendo para que los colombianos decidieran sobre la extradición.

El epílogo de ese trágico 1989 fue precisamente la decisión del gobierno del presidente Virgilio Barco de retirar la Reforma Constitucional que estaba a punto de ser aprobada en el Congreso para evitar que ese referendo por la extradición se convirtiera en una carnicería para intimidar a la sociedad colombiana. Una hora de desaliento en la cual hubo un momento de alivio: el 15 de diciembre, cuando la Policía logró dar de baja, entre Tolú y Sincelejo, a uno de los causantes de toda la violencia que vivía Colombia: el narcoterrorista Gonzalo Rodríguez Gacha.

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