El médico cubano que tramitaba ciudadanías colombianas desde su consultorio

Un político, un registrador y un funcionario de Migración Colombia, junto a un ‘prestigioso galeno’, hacían parte de una red de tráfico de inmigrantes.

El drama por el que atraviesan cientos de ciudadanos cubanos, que cada año intentan salir de su país y encontrar una mejor vida en otras tierras parecía haber encontrado un salvador en Colombia. Un prestigioso médico que ejercía como agente de viajes, era el encargado de vender, asesorar y gestionar la logística para llegar a Colombia y salir rumbo a Estados Unidos con un estatus de “legal”.

Y es que el doctor Burrel, quien ejercía medicina en dos prestigiosas clínicas de Bogotá, se declaraba como un ‘sobreviviente’ de esta lucha por buscar mejores oportunidades. Él narraba una y otra vez cómo logró obtener la ciudadanía colombiana y homologar sus títulos con la ayuda de estas redes de tráfico de inmigrantes.

Cómo médico especialista era destacado por sus conocimientos y destreza en el quirófano. Eso le valió que fuera invitado a eventos académicos tanto en el país como en el exterior. Y era en éstos, especialmente en Miami y la propia Cuba donde aprovechaba para contactar a posibles migrantes o sus familiares para venderles el ‘sueño colombiano’.

Su historia de ‘éxito’ era incentivo suficiente para que muchos más creyeran en sus promesas. Pero el doctor Burrel era solo un alfil, dentro de un complejo entramado del que hacían parte, entre otros, un político, un registrador y un funcionario de Migración Colombia.

Manejaba un perfil alto y ejercía en dos de las más prestigiosas clínicas del país, en donde nunca llegó a levantar sospechas y, por el contrario, daba buena fe del prestigio de que hace alarde Cuba en cuanto a la formación de sus médicos.

Su discurso era coherente y demostrable y el trámite para ‘hacerse ciudadano colombiano’ parecía sencillo, así que clientes nunca le faltaron a él y sus amigos. Les exigían a sus ‘viajeros’ irregulares un pago de 25 millones de pesos que cubría traslados, hospedajes y el trámite de cédulas y pasaportes.

Pero además cada inmigrante debía aprobar un curso para hablar con perfecto acento costeño. Debía saber datos importantes de la actualidad colombiana y sus personalidades, además de ‘lucir’ como un auténtico colombiano. Todo esto con el propósito de que no fueran descubiertos por las autoridades migratorias.

Pero un descuido por parte de esta organización hizo que, hacia  finales de septiembre de 2015, las autoridades les siguieran el rastro. Un incremento exagerado en la expedición de documentos en el municipio de Carmen de Carupa, un pequeño municipio en Cundinamarca, sería la primera señal.

Tres investigadores de la Sijin de la Policía Metropolitana de Bogotá dedicaron año y medio a rastrear y documentar cada movimiento de estos traficantes que se movían con total destreza por las principales fronteras en el Golfo de Urabá, Cúcuta y Nariño.

La investigación de la Policía logró determinar que cerca de 300 cubanos lograron cruzar -con nacionalidad colombiana- a México para luego continuar su recorrido hacia Estados Unidos.

Robert Fredy Barrera Celi el registrador encargado de esta tramitología, fue la primera pieza de esta red en caer. Luego se pudo establecer que el político del Cauca, Ramiro Mancilla Roncancio, mediante una fundación patrocinaba supuestos eventos deportivos que en realidad servían de fachada para la ‘acogía’ de los ciudadanos cubanos que posteriormente eran trasladados a Bogotá. Mientras que el rol del funcionario de Migración Colombia era validar el paso de estos viajeros irregulares a través del aeropuerto de Armenia.

Cuando llegó el momento de actuar, la Sijin desplegó a cerca de 80 hombres en Cali, Cúcuta, Armenia, Carmen de Carupa y Bogotá. se realizaron once capturas y se adelantaron 8 allanamientos en los que además fueron localizados 6 ciudadanos venezolanos y un cubano, que estarían a la espera de ser enviados a la frontera para continuar con su recorrido.

En este gigantesco operativo contó además con el apoyo logístico de la agencia de Seguridad Diplomática de la Embajada de Estados Unidos, se halló información adicional sobre las operaciones de esta organización y sus bases de datos.

En contra el doctor Burrel también había una orden de captura, pero el avance de la investigación para dar con sus cómplices y los trámites de la justicia colombiana, dieron tiempo suficiente para que el galeno falleciera de causas naturales antes de que pudiera responder ante las autoridades por su participación dentro de esta red.