El socio de Mancuso

El Espectador revela cómo está el proceso en contra del socio clave del jefe paramilitar.

El empresario Giorgio Sale se encuentra detenido.  /  Semana
El empresario Giorgio Sale se encuentra detenido. / Semana

Las múltiples menciones que hizo de él Salvatore Mancuso, distintos informes contables de su patrimonio, sociedades y negocios; el arqueo a sus cuentas en Colombia y en Italia; grabaciones comprometedoras con sus enlaces y otros expedientes contra sus hijos Stefano, Cristian y David, tienen ad portas de una acusación por el delito de lavado de activos al polémico empresario italiano Giorgio Sale.

El mismo que a punta de catas de vinos y finos regalos pronto se fue ganando la confianza de magistrados de las altas cortes, pero que, una vez en desgracia, con una condena a cuestas por narcotráfico en Italia, ya nadie parecía reconocer.

La Procuraduría acaba de pedirle a la Fiscalía que Sale sea acusado de lavar dineros de la mafia del extraditado capo del paramilitarismo Salvatore Mancuso. El inusitado crecimiento de su círculo empresarial y el éxito comercial de negocios como Made in Italy, la Casa Romana, Inversiones GO, la Vinería Italiana o la cadena de restaurantes L’Enoteca ocurrieron, en criterio del Ministerio Público, gracias al sustancial aporte financiero de Mancuso, cuya ascendencia italiana también fue un factor a la hora de sellar su alianza con Sale.

El Tribunal de Reggio Calabria documentó entre 2001 y 2005 no sólo los negocios cruzados entre Mancuso y Sale, sino los movimientos de otros enlaces en Italia que terminaron enredados en una gigantesca operación judicial en noviembre de 2006 contra el narcotráfico. Allí fueron detenidos Giorgio Sale y sus tres hijos. Simultáneamente se produjeron detenciones en Italia, España y Colombia. De las grabaciones de este caso, a las que tuvo acceso El Espectador, se desprende que los planes de Mancuso lejos estaban de reparar a las víctimas de su barbarie y, en cambio, pretendía mover su fortuna a Italia, saldar pronto sus cuentas con la justicia y pasar de agache.

La justicia italiana comprobó que los hombres de confianza de Sale y de Mancuso para evadir la justicia eran Francisco Obando y Celso Salazar, ambos ya condenados por un juez colombiano por el delito de lavado de dinero. Las autoridades establecieron que cuando querían hablar de millones de euros para lavar, hablaban de “camisas y pantalones”. Por eso las cuentas de Sale sencillamente no le cuadran a la Procuraduría. Así se documentó que Celso Salazar fue el delegado de Mancuso en Europa en múltiples operaciones bancarias producto de dineros de la mafia del paramilitarismo y que además fungió como representante del capo en el negocio de L’Enoteca. La inversión fue de $5.750 millones.

Giorgio Sale siempre ha declarado su inocencia e, incluso, se ha atrevido a señalar que todas las acusaciones que lo rondan son una persecución perversa por parte de la justicia italiana. Para él, la inyección financiera de 30 millones de euros correspondientes a un crédito que gestionó con la Banca Popolare di Intra, en Italia, explican sus abultados movimientos financieros. Pero, según la Procuraduría, existen demasiados elementos en su contra. Por ejemplo, el decomiso de 100 mil euros a David y Stefano Sale en Madrid, en una operación de la Policía de España realizada a mediados de 2004.

Y también figura el antecedente de las gestiones realizadas por Giorgio Sale, en febrero de 2002, para evitar que se procesara a los ciudadanos italianos Brigida Troiano, Roberto Di Giovandoménico y Davide Di Bitetto, detenidos en el aeropuerto El Dorado de Bogotá. Los tres tenían en su poder casi $900 millones que no registraron ante la DIAN. Todas estas evidencias le permitieron concluir a la Procuraduría que Sale debe ser enjuiciado por el delito de lavado de activos. La Fiscalía se apresta a tomar una decisión en este caso.