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Judicial 7 Ene 2012 - 9:49 pm

De Castaños, Rendones y Úsugas

Hermanos de 'sangre'

Al mando del binomio conformado por Dairo Antonio Úsuga, alias ‘Otoniel’, y Henry de Jesús López, alias ‘Mi Sangre’, sobrevive una organización mafiosa que continúa intimidando al país.

Por: Redacción Judicial
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    http://www.elespectador.com/noticias/judicial/hermanos-de-sangre-articulo-319880
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El Gobierno ordenó aumentar el pie de fuerza en los territorios en los que hacen presencia ‘Los Urabeños’ y designó 16 fiscales para judicializarlos./Luis Benavides

El primer error es definirlos como simples jefes de una banda criminal con influencia en algunas regiones llamada ‘Los Urabeños’. El segundo es aceptar que constituyen un movimiento llamado Autodefensas Gaitanistas de Colombia y que tienen una intención social para mantener sus armas. Las autoridades lo saben y el país empieza a entenderlo: son delincuentes de vieja data y su único interés es sostener su condición de narcotraficantes amedrentando a todo aquel que quiera oponerse a su imperio.

A finales de los años 80, cuando el cartel de Medellín desataba el terror en Colombia y una generación de grandes líderes era borrada a sangre y fuego, los hermanos Dairo y Juan de Dios Úsuga eran guerrilleros del Epl. Y precisamente Urabá y Córdoba fueron las zonas donde aprendieron a secuestrar y asesinar a sus anchas. En 1991, cuando la organización entregó sus armas, como buenos mercenarios cambiaron de bando y no tardaron en sumarse a las autodefensas que ya se expandían por el país.

En ese momento, el máximo líder del paramilitarismo era Fidel Castaño, pero dos de sus hermanos ya cumplían labores esenciales: Carlos era el justiciero por excelencia y, como él mismo lo admitió, dirigía la autodefensa urbana dedicada a asesinar a líderes de la izquierda. Después tomó el mando de la organización, al menos ante los medios. Su hermano Vicente siempre fue narcotraficante y desde octubre de 1989 ya existían varios requerimientos de la justicia internacional para capturarlo.

Luego cayó Pablo Escobar en 1993 y los Castaño reconfiguraron su violencia. Al tiempo que las Convivir terminaron convirtiéndose en una fachada del paramilitarismo, Carlos Castaño asumió la vocería de la organización desde Córdoba y su hermano Vicente escogió territorio donde expandir su barbarie: los Llanos Orientales. Junto a ellos estuvieron dos hermanos, como los Castaño, también naturales de Amalfi (Antioquia): Freddy y Daniel Rendón Herrera, El Alemán y Don Mario, respectivamente.

El Alemán se volvió la sombra de Carlos Castaño y en calidad de jefe del bloque Élmer Cárdenas fue el responsable del baño de sangre en Urabá en los 90. Su hermano, Don Mario, tras las huellas de Vicente Castaño, se desplazó al Meta y Casanare, y junto con Miguel Arroyave fue el gestor del tenebroso bloque Centauros. En uno y otro frentes se repartieron los hermanos Úsuga. Juan de Dios se quedó en Urabá y Dairo marchó a los Llanos. Sólo faltaba el tercero: Henry de Jesús López, alias Mi Sangre.

Este último, natural de Medellín, como integrante de la ‘Oficina de Envigado’, tenía claro cómo funcionaba este esquema criminal y, más temprano que tarde, se unió con Arroyave, Don Mario y los Úsuga para darle estructura al apéndice del bloque Centauros: el bloque Capital. Buena parte de los crímenes de la organización en Bogotá desde finales de los años 90 pasaron por esta alianza delincuencial que comenzaba en el Meta, pasaba por Cundinamarca y terminaba en los Sanandresitos de la capital.

Cuando vino el proceso de paz del gobierno Uribe con las autodefensas, todos replantearon su estrategia. Los Castaño se mataron entre sí; El Alemán quedó encerrado y confesando a medias; y su hermano Don Mario volvió a la guerra para tratar de aglutinar las fuerzas dispersas. Pero no lo hizo en el Meta, sino en Urabá. Y se llevó consigo a los hermanos Úsuga, no sólo porque ellos conocían muy bien la región desde sus tiempos de guerrilleros en el Epl, sino porque sabían cómo funcionaba el narcotráfico.

Así nacieron, primero las Autodefensas Gaitanistas en 2008, y después el cuento de ‘Los Urabeños’, tras la captura de Don Mario en abril de 2009. Su fondo siempre fue el mismo: los dineros de la droga. Con la diferencia de que ahora cuentan con uno de los más astutos y sofisticados criminales de los últimos tiempos: alias Mi Sangre. Su poder, como quedó demostrado esta semana, no sólo se mueve e intimida en Urabá, sino extiende sus tentáculos hasta Santa Marta, Medellín, Montería o Quibdó.

Es la misma historia que se repite desde hace 25 años. El narcotráfico y sus nuevos herederos. En la resaca del Año Viejo, en Acandí (Chocó) cayó abatido el domingo pasado Juan de Dios Úsuga, alias Giovanni, y en un acto de desafío al Estado esta semana ‘Los Urabeños’ decretaron un paro armado en cinco departamentos de su zona de influencia. Suficiente demostración de la intimidación que ejercen. De alguna manera conocen de tiempo atrás el oficio de amedrentar y reacomodarse. ¿Podrá el Estado derrotarlos pronto?

Hace un cuarto de siglo era el imperio naciente de los hermanos Castaño, desdoblado en su violencia rural, urbana y de ajustes entre mafias. Después vinieron los Rendón Henao, que aún deben muchas historias de menores reclutados, despojo de tierras, masacres y droga. Los sucedieron los Úsuga y el reciclaje de su violencia clandestina. Hoy queda el binomio de Dairo Úsuga y Mi Sangre comandando una organización que hace presencia en 181 municipios del país y que no es otra cosa que la misma cadena de violencia y gatillo que ha ensangrentado a Colombia.

$2.000 millones por Dairo Antonio Úsuga

El viernes, durante el primer consejo de seguridad del año en Santa Marta, el presidente Juan Manuel Santos ofreció una recompensa de $2.000 millones por información que permita la captura de la nueva cabeza de ‘Los Urabeños’, Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, y la suma de $1.000 millones por alias Ariel y El Gavilán.

Asimismo, se dispuso la asignación de 16 nuevos fiscales en Medellín, Córdoba y Santa Marta para investigar a esta y otras bandas criminales que operan en esas regiones del país. La orden fue perentoria: la persecución de los cabecillas de esta organización y el mensaje de que ningún grupo ilegal puede intimidar al Estado.

El jefe de Estado le pidió a la ciudadanía su colaboración para delatar a los jefes de estas bandas criminales, aseguró que la Fuerza Pública seguirá combatiéndolas sin tregua, insistió en que se reforzará el pie de fuerza de las autoridades para garantizar la seguridad y lanzó un mensaje de tranquilidad.

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