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Judicial 27 Mar 2013 - 9:40 pm

Huaco, el incorruptible

UN PERRO LABRADOR DE OCHO AÑOS DE EDAD, estrella de los operativos antidrogas en la cárcel Modelo, de Bogotá, acaba de jubilarse con honores. Por su cabeza la delincuencia ofrecía hasta $20 millones .

Por: JUAN DIEGO ALVIRA
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Foto: Cortesía
Huaco, en su primer día de descanso, luego de tres años de servicio, durante los cuales ayudó a 488 judicializaciones por transporte de alcaloides.

Desde que llegó a trabajar al penal Huaco fue la peor pesadilla para los jefes de la red de tráfico de droga dentro de la cárcel Modelo de Bogotá. No había caleta o 'mula' que no fuera detectada por su potente olfato, entrenado para localizar en los lugares más recónditos e insospechados los olores de los alcaloides: marihuana, cocaína y bazuco. Hasta le pusieron precio a la cabeza del perro: 20 millones de pesos para quien lo matara.

No es para menos. Su guía, el guardián Juan Morales, todavía recuerda al pie de la letra uno de los operativos más sorprendentes. Hace dos años, las directivas del penal tenían conocimiento de un expendio de droga que venía creciendo dentro del pabellón quinto y emprendieron inspecciones, todas fallidas. Hasta que decidieron echar mano del olfato de Huaco. El animal husmeó cinco minutos y finalmente pegó su nariz al ladrillo de una pared recientemente pintada de blanco. "Era un ladrillo removible. Perfectamente adherido y pegado con plastilina. Una caleta perfecta. Al quitarlo encontramos más de diez kilos de cocaína", dice Morales.

Su impresionante récord de 'positivos' lo puso a encabezar la lista de enemigos públicos de la mafia dentro del penal. En apenas tres años, hizo que 488 personas fueran judicializadas por el delito de transporte de narcóticos y que fueran condenadas a cinco o seis años de prisión. "Ese perro le aguó la fiesta a más de uno aquí", dice José Castañeda, un interno que lleva cinco años purgando condena .

Buena parte de su trabajo consiste en requisar con su olfato a los cerca de 4.600 hombres y mujeres que en promedio entran al centro carcelario en un día de visitas. Como por razones de dignidad está prohibido que los guardias hagan requisas intrusivas y los detectores de metal no siempre son tan efectivos, todos los visitantes son olfateados por los perros mientras están sentados y esperan su turno para ingresar al penal.

"Si por alguna razón el perro se sienta o husmea con intensidad sobre una persona está dando una señal de alerta", dice Juan Morales. De inmediato, el sospechoso es retirado de la fila y se da aviso a la policía judicial. "Si acepta que esconde algo ilícito se procede a la judicialización. Si no, igual es llevado ante la URI para que las autoridades competentes hagan las inspecciones del caso", agrega Morales.

Pero ¿por qué alguien se atreve a intentar meter droga a los centros de reclusión? ¿Por qué la gente se expone a convertir una visita al penal en causal de detención prolongada tras las rejas? El negocio de la droga dentro de la cárcel no sólo no es un secreto sino que es de las actividades más prósperas de los reclusorios, paradójicamente. "Diez gramos de cocaína en la calle valen cien mil pesos, pero dentro de una cárcel pueden valer hasta 600 mil pesos. Y al que la entra le pagan 100 mil pesos", afirma Morales.

Se trata, en la gran mayoría de los casos, de mujeres y hombres de escasos recursos que por unos cuantos pesos hacen lo que sea. Por ejemplo, usar las partes más íntimas de su cuerpo como caleta. Y entre más grande el cargamento que puedan entrar, naturalmente hay más plata. "Se introducen en la vagina o en el recto tacos o balones repletos de droga", dice Morales, mientras muestra varios de los que se han incautado gracias a Huaco y que son del tamaño de una pelota de béisbol o hasta de microfútbol.

"Depende del tamaño o contextura de la persona", agrega. Inclusive, se supo de una mujer que usó "pitocín", un suero que se usa normalmente para acelerar el parto pero que empleó para dilatarse el útero e introducirse varios balones.

Conscientes de la efectividad de perros como Huaco, las 'mulas' se valen de tácticas adicionales a los escondites dentro del cuerpo como usar sustancias extrañas para despistar al animal. Una vez una mujer roció de azufre el balón de droga y lo forró con papel aluminio pero el olfato de Huaco no comió cuento.
Desde cachorro, este labrador dorado mostró que iba a llegar lejos por su talento para olfatear. "Lo recluté desde pequeño. Lo analicé y me di cuenta de sus condiciones innatas y lo sometí a un test especial. Una condición clave es que no se asuste", asegura Morales, su entrenador. Frente a si es o no verdad que a perros como Huaco los vuelven adictos a la droga para que sean efectivos, el entrenador dice categóricamente. "Eso es mentira. Se trata de un entrenamiento especial a base de premios y estímulos con caricias o juguetes cada vez que hace bien su trabajo".

Con ocho años de edad y 36 kilos de peso, Huaco acaba de ser condecorado por la policía como el Animal Héroe de Colombia. Pasó a retiro forzoso. Y tiene pinta innegable de jubilado.

Datos: 

Hace dos años, ‘huaco’ descubrió 10 kilos de cocaína en una pared, camuflados con plastilina.

Dado que a los guardias del penal les está prohibido realizar requisas intrusivas, el control al ingreso de drogas depende en buena medida de la labor de perros como ‘huaco’.

Una de las modalidades para el ingreso de droga a la modelo es su ocultamiento en las partes íntimas. La vagina y el ano son medios de transporte para los narcos.

Hay mujeres que, sin estar embarazadas, dilatan su vagina con fármacos, como si quisieran acelerar un parto, para ingresar al penal una mayor cantidad de droga.

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