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Judicial 30 Dic 2012 - 8:40 pm

Durante este año se arrestaron narcos, juzgaron oficiales (r) y se cometieron crímenes atroces

Los 12 malos del 2012

Personajes que marcaron negativamente el 2012. Asesinos, paramilitares, un falso psiquiatra, narcotraficantes y hasta generales (r) forman parte de este perverso y penoso grupo.

Por: Santiago Martínez Hernández
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Respectivamente, alias “Giovanni”, alias “Martín Llanos”, alias “Caballo", Camilo Herrera,Javier Velasco, el General (r) Mauricio Santoyo, alias “Fritanga”, alias “Sebastián”.General (r) Rito Alejo del Rio, alias “Loco Barrera”, alias “Mi Sangre”. / EFE, Policía, El Heraldo, El Tiempo y Archivo.

Cae el telón de este 2012 repleto de noticias judiciales: la caída de los principales capos del narcotráfico; un falso psiquiatra que durante 10 años emitió conceptos en Medicina Legal con apenas dos semestres de estudios; los atroces crímenes de Rosa Elvira Cely y Viviam Urrego, y sus asesinos, hoy, condenados por la justicia; el bochornoso expediente por su colaboración con el narcoparamilitarismo del primer general en la historia del país extraditado a Estados Unidos, y la condena de quien fue llamado hace tres lustros El pacificador de Urabá, por el homicidio de un campesino en 1997. Apenas un brochazo de episodios en un país judicial como Colombia, donde un escándalo tapa al que sigue y donde no pareciera haber tiempo para digerir tanta barbarie.

El año judicial comenzó con la muerte el 1° de enero de 2012 del jefe de la banda criminal Los Urabeños, Juan de Dios Úsuga, luego de un operativo de la Policía en la finca Casa Verde en Acandí (Chocó). Entre los nuevos desarrollos del expediente por el carrusel de la contratación en Bogotá, se fue el mes de enero sin mayores novedades, hasta que el seis de febrero fueron detenidos en Venezuela los hermanos Héctor Germán y Nelson Orlando Buitrago, alias Martín Llanos y Caballo, respectivamente, y los comandantes de las Autodenfensas Campesinas de Casanare que se trenzaron en una guerra a muerte con el Bloque Centauros de Miguel Arroyave que habría dejado no menos de 3.000 víctimas.

El 17 de febrero se descubrió que el supuesto médico psiquiatra, Camilo Herrera Triana resultó ser un embustero que durante una década emitió conceptos especializados en 1.909 casos en Medicina Legal. Su hoja de vida estaba repleta de falsedades y acreditaciones que nunca tuvo, pero que le permitieron desde 1987 ejercer como médico en distintos centros asistenciales o de rehabilitación e incluso en el Bienestar Familiar. Un recorrido de falsedades y adulteraciones que lo llevó a presidir la Asociación Colombiana de Medicina Legal y a ser nombrado presidente del Fondo de Empleados del Instituto de Medicina Legal. Nunca nadie verificó sus certificados educativos hasta que la justicia probó sus múltiples mentiras que hoy lo tienen preso y condenado.

El 31 de marzo, en la plazoleta de comidas del centro comercial Gran Estación en Bogotá, Giovanny Ceballos atacó a su esposa Viviam Urrego con su navaja y le propinó 20 puñaladas ante la mirada atónita de los padres de ella, la madre y el primer hijo de él y la hija de ambos. Fue el epílogo de una relación cruzada por el maltrato y las golpizas, desde que se casaron en el año 2008. Poco antes de morir, ella lo abandonó, pues quería divorciarse, pero él no se lo permitió. A 45 años de prisión fue sentenciado por el horripilante asesinato de Viviam. Casi dos meses después otro homicidio dejó estupefacta a Colombia por el grado de barbarie: el de Rosa Elvira Cely.

Violada, torturada y empalada, en la madrugada del jueves 24 de mayo, la vendedora ambulante fue encontrada agonizante por la Policía. Con las escasas fuerzas que tenía dio pistas sobre su verdugo, para morir cuatro días después. Le encontraron residuos vegetales y tierra en su estómago. El 3 de junio fue capturado su asesino Javier Velasco Valenzuela, un criminal que en 2003 también había asesinado a machetazos a Dismila Ochoa, pero que alegando trastornos mentales sólo estuvo de paso durante seis meses por un centro psiquiátrico. Después vino a saberse que también abusaba de sus dos hijas. En esencia, el rostro de un matón que burló la justicia desde hace una década, pero que hoy purga una pena de 48 años de cárcel, porque su saldo con la humanidad estaba al debe.

En junio, estalló el escándalo del general en retiro Mauricio Santoyo. Una corte federal de Estados Unidos lo acusó de colaborar con las autodefensas entre 2001 y 2008 y de recibir pagos millonarios por ser el Soplón de la mafia. Buena parte de su apoyo a esta organización se dio mientras era el jefe de seguridad de la Casa de Nariño, durante el gobierno de Álvaro Uribe. Al principio negó cualquier vínculo, pero el 3 de julio viajó a EE.UU. para buscar un acuerdo. Finalmente, fue condenado a 13 años de cárcel y a pagar una multa de 125.000 dólares, luego de haberse declarado culpable de colaborar con el narcotráfico.

Una ostentosa fiesta fue el siguiente lunar en el año judicial colombiano. Camilo Torres, alias Fritanga, durante la celebración de su matrimonio en la isla Múcura en el Golfo de Morrosquillo, fue detenido. Las “narcoextravagancias” de su parranda de $2.500 millones, incluyeron la participación de 11 orquestas que durante una semana festejaron la unión. Algunos actores fueron invitados al jolgorio. Cuando la Policía allanó el lugar, los invitados creyeron que se trataba de otro acto circense promovido por Fritanga. Incluso algunos aplaudieron a la Fuerza Pública.

Los crímenes en el Urabá, azotado por el paramilitarismo, ya empezaron a tener responsables en las Fuerzas Armadas. El asesinato del campesino Marino López Mena, durante una incursión de las AUC en Riosucio (Chocó) el 26 de febrero de 1997, fue la mancha negra que sentenció a 25 años de prisión al general (r) y excomandante de la Brigada XVII del Ejército, Rito Alejo del Río, como coautor del hecho. Al excomandante se le acusó de facilitar el desplazamiento de paramilitares en la zona durante 10 días, mientras su comando, supuestamente, hacía operaciones para evitar que grupos ilegales atacaran poblaciones civiles.

Tres capos del narcotráfico que durante años evadieron a las autoridades finalmente fueron capturados: Érickson Vargas, alias Sebastián, jefe de la Oficina de Envigado; Daniel Barrera, alias el Loco Barrera, el último gran líder del crimen organizado, y Henry de Jesús López, alias Mi Sangre, cabecilla de “Los Urabeños”. El pasado 8 de agosto en el municipio de Copacabana (Antioquia), Sebastián, tras años de seguimientos fue arrestado en un operativo que causó la muerte de su hombre de confianza y puso en jaque a su organización criminal.

Las operaciones de la Policía Nacional no cesaron y en un trabajo conjunto con autoridades venezolanas dieron con el paradero del Loco Barrera en la ciudad de San Cristóbal del vecino país. Sin pensar que una llamada desde una cabina telefónica sería su error, el capo más buscado de los últimos tiempos y que tenía conexiones con paramilitares y guerrilleros cayó sorprendido en manos de las autoridades. El narco intencionalmente se quemó sus huellas digitales de sus manos, para evitar ser identificado, pero al final se reconoció que era el mafioso más buscado.

La última captura importante del año afectó directamente a “Los Urabeños”. Mi Sangre fue nuevamente detenido por la justicia Argentina y hoy se encuentra en el pasillo de extradición a Estados Unidos.

La justicia en el 2012 cierra entonces con aciertos y errores. Entre el paro y penas ejemplares a los personajes más malos, termina el año judicial.

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