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Judicial 6 Abr 2013 - 9:00 pm

Las vidas de dos generales que pasaron por la Casa de Nariño

Los destinos cruzados de Santoyo y Buitrago

Ambos nacieron en Boyacá, son expertos en lucha antiextorsión y apenas se llevan un año de diferencia. Santoyo ya fue condenado. Buitrago está hoy bajo sospecha gracias a ‘El Papero’.

Por: María del Rosario Arrázola
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Respectivamente Marco Antonio Gil, alias ‘El Papero’, el general (r) Flavio Buitrago, Mauricio Santoyo, condenado en EE.UU. y Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’.

Ambos fueron expertos en la lucha antisecuestro, nacieron en Boyacá y durante los dos gobiernos del expresidente Álvaro Uribe le cuidaron la espalda en la Casa de Nariño. Hoy cada uno por su lado vive su viacrucis mientras capotea su pasado. Se trata de los generales en retiro de la Policía Mauricio Santoyo y Flavio Buitrago. El primero ya ha sido condenado a 13 años de prisión en Estados Unidos porque entre 2001 y 2008 se volvió el soplón de la Oficina de Envigado de Don Berna y sus secuaces. El segundo está ad portas de enfrentar a la justicia colombiana por sus nexos con Marco Antonio Gil, alias El Papero, el señalado jefe del cartel de Bogotá detenido el pasado 16 de marzo.

Santoyo nació en el municipio de San José de Pare. Buitrago en Pauna, a escasos 102 kilómetros. Sus destinos se cruzaron por primera vez a finales de los años 70, cuando ingresaron a la Escuela General Santander. Santoyo se graduó como subteniente en octubre de 1978. Buitrago, en noviembre de 1979. Sus carreras como oficiales de la Policía escalaron de forma paralela. En los azarosos años 80, cuando los llamados Extraditables llenaron el país de carros bomba y sicarios, Santoyo empezó su ascenso en Bogotá; luego pasó por Medellín, Cauca y Antioquia. Siguiendo sus pasos, Buitrago pasó por idénticas regiones, con la diferencia de Cundinamarca y Cesar.

Con dos estilos muy distintos, el de Santoyo menos tropero que el de Buitrago, ambos fueron ascendiendo en la jerarquía de la Policía mientras terminaban de decantarse hacia su especialidad: los grupos antiextorsión. Ambos con conocimientos en investigación e inteligencia, cruzaron sus caminos en 1996 cuando Santoyo oficiaba como comandante del Gaula de Medellín, en los tiempos de la gobernación de Álvaro Uribe Vélez, y Buitrago hacía lo propio en Bogotá. Allí vino el primer escándalo para uno de ellos. Trascendió que dos miembros de la ONG Asfades que terminaron desaparecidos fueron chuzados ilegalmente. Años después, ese episodio le costaría la cabeza a Santoyo en la Casa de Nariño.

No obstante, a finales de los 90 el asunto no pasó de la denuncia, y entre los avatares del proceso de paz de Andrés Pastrana en el Caguán se fueron yendo los años y su responsabilidad pasó de agache. Entretanto, Buitrago comenzó a cosechar éxitos en su lucha antiextorsión y entre rescate y rescate fue ganando simpatías con el Gobierno y vínculos con sus rescatados. Fue en 1997 cuando su camino se cruzó con el de Marco Antonio Gil, El Papero, al ser secuestrada la hija de éste, Adriana Gil. Tardó nueve meses para rescatarla porque la tenían en un páramo en Santander, con botas pantaneras y uniformada. Un desmovilizado del M-19 fue el cerebro del plagio.

Amigos cercanos de Buitrago le dijeron a este diario que en su momento el general retirado investigó a Gil y que no halló una sola cosa sospechosa. “Fueron nueve meses y medio en los que habló casi a diario con ellos. Así terminaron de amigos. La amistad se estrechó y solían verse en la casa de Buitrago o la de Gil para compartir asados. El general y su esposa fueron al matrimonio de la hija de Gil en el club El Nogal, en Bogotá, porque Gil era socio”, le contó a El Espectador un oficial que trabajó con Buitrago. La misma fuente indicó que Gil no tenía chofer, que siempre manejaba su carro, que no era ostentoso y que cuando le contó al general que era socio del constructor Pedro Gómez, el oficial decidió invertir en un local del Unicentro de Villavicencio.

“Como no tenía tanta plata, un familiar suyo metió plata en el negocio y así lo compró. Imagínese, si estaba Pedro Gómez cómo no iba a ser buen negocio”, añadió otro amigo de Buitrago. Hoy, ese negocio y su amistad con El Papero lo tienen enredado en la Fiscalía y en el radar de los estadounidenses. No obstante, cuando se selló el negocio en 2003 no le vio mayor lío.

En esa época Mauricio Santoyo ya oficiaba como jefe de seguridad en Palacio. A pesar de haber sido sancionado por la Procuraduría por el caso de Asfades en Medellín, interpuso un recurso ante el Consejo de Estado, que dejó el fallo en el limbo, y a contracorriente y con el respaldo del uribismo en pleno y la bendición del Senado fue ascendido en 2007 a general.

Ya llevaba dos años por fuera del Gobierno y estaba en el servicio diplomático. Precisamente le había entregado su cargo en Palacio al general Flavio Buitrago en 2005. Al margen de los rumores que circulaban sobre ambos, ninguno tuvo enredos mayores o protagonismos en estrados judiciales hasta que acabó el gobierno Uribe en 2010. Hasta entonces Santoyo sumaba 136 felicitaciones, condecoraciones o reconocimientos por más de 30 años de servicio. Flavio Buitrago acumuló 128 en el mismo lapso. De hecho, en una ceremonia Álvaro Uribe dijo de los dos: “No tengo palabras para hacer llegar a ellos mis sentimientos de gratitud”.

Hoy los destinos de Santoyo y Buitrago han vuelto a cruzarse en expedientes judiciales. El primero ya purga una sentencia en una cárcel federal de Estados Unidos y tiene el deshonroso título de haber sido el primer general de la Policía, en 120 años de historia, condenado en ese país; la razón: haber colaborado con la temible Oficina de Envigado en tiempos en los que estaba asignado para proteger al presidente Uribe. El general Buitrago pasó al retiro la misma semana de la captura de El Papero. En un comunicado dijo que apenas lo conocía porque rescató a su hija. Luego El Tiempo reveló los nexos comerciales de su esposa, Elba Pulido, con Marco Antonio Gil. Una vez expuesto, en círculos privados reconoció su amistad sin rodeos, pero insistió en que tiene cómo justificar cada peso de su patrimonio.

El caso Santoyo ya quedó suficientemente documentado. El de Buitrago apenas pide pista para aclararse. En los próximos días él y su esposa serán llamados por la Fiscalía. Igual suerte tendrá que correr el prestigioso empresario Pedro Gómez, quien constituyó una sociedad con El Papero para desarrollar el Unicentro de Villavicencio, el centro comercial Amazonas y un proyecto de apartamentos en la 136 con 7ª, en Bogotá. A Marco Antonio Gil la Fiscalía lo acusa de traficar cocaína con el capo Fabio Ochoa Vasco y de lavar su fortuna en negocios de flores y construcción. Las carreras de Santoyo y Buitrago terminaron saldándose con la justicia de por medio. A uno le comprobaron sus nexos con la Oficina de Envigado. El otro está bajo sospecha por sus vínculos con Gil.

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