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Judicial 12 Mayo 2011 - 10:04 pm

La economía de los paramilitares, nuevo estudio de la Corporación Nuevo Arco Iris

Las redes de corrupción 'para'

En 524 páginas, ocho investigadores detallan cómo operó el esquema económico de los grupos paramilitares.

Por: Redacción Judicial
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    http://www.elespectador.com/noticias/judicial/redes-de-corrupcion-articulo-269471
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Foto: Archivo

Los recursos de la salud, el sistema cooperativo, el despojo de tierras, el chance, las licitaciones públicas o los atractivos capitales de las regalías, entre otros negocios de fachada legal, fueron algunos de los escenarios económicos en los que el paramilitarismo fundamentó su proyecto de reconfiguración de la sociedad y del Estado. Esta es la principal conclusión del estudio “La economía de los paramilitares, redes de corrupción, negocios y política”, que fue realizado por la Corporación Nuevo Arco Iris.

Este nuevo trabajo de una organización cuyos estudios fueron determinantes para consolidar las investigaciones del llamado escándalo de la parapolítica, aborda uno de los aspectos menos documentados del mundo de las autodefensas. Cómo hicieron para desarrollar un auténtico portafolio de negocios con la mirada indiferente de las autoridades o incluso con su colaboración, hasta consolidar un imperio económico al que pudieron sumarle sus enormes ganancias por su participación activa en el tráfico de estupefacientes.

En primer término, la investigación detalla de qué manera la transformación del sistema de salud y su privatización “ofreció oportunidades que fueron aprovechadas por actores legales e ilegales, los cuales formaron enjambres de corrupción. Un solo ejemplo basta para demostrar esta política. La forma como el bloque Norte de las autodefensas penetró los ámbitos local y regional en la Costa, sobre todo en el campo de la salud. El Hospital Materno Infantil de Soledad o el San Juan de Dios de Magangué, son dos claras evidencias.

Otro ejemplo lo constituyen el binomio Dieb Maloof-Enilse López. El estudio de la Corporación Nuevo Arco Iris revela cómo Maloof, además de médico, fue un empresario de la salud que a través de cooperativas de trabajo asociado fraguó un sistema para quedarse con los recursos de la salud. Así, fue beneficiario de las contrataciones de la ESE José Prudencio Padilla. Al mismo tiempo, Maloof estaba unido al poder en ascenso ilegal y violento de las autodefensas.

El caso de Enilse López, alias La Gata, es más conocido y su poder económico se derivó de su red de locales de apuestas en Bolívar y Sucre. Aunque La Gata fue absuelta de los delitos de peculado y lavado de activos, la Fiscalía sí pudo establecer que a través de la cooperativa Caribe Salud se capturaron las finanzas del Hospital San Juan de Dios de Magangué y mucha parte de esos dineros fueron a parar a la empresa Uniapuestas en Barranquilla, de propiedad de Enilse López.

Otro de los escenarios evaluados en la investigación es el de las regalías. Al respecto, advierte que el saqueo a estos recursos públicos fue posible gracias a la corrupción administrativa y que las ‘paracooperativas’, que dominan espacios tales como el transporte, las centrales de abastos o el comercio informal, son ahora fuentes de enriquecimiento ilícito de las llamadas bandas criminales. Pero el modus operandi con la monopolización de los mercados o la penetración de las administraciones locales es un invento del paramilitarismo.

El trabajo incluye la evaluación de dos escenarios más: la forma como fueron capturadas las rentas públicas en una región como los Llanos Orientales, directamente interviniendo en la contratación pública o a través de la consolidación de “un orden extractivo subordinado a proyectos criminales”. Y el fenómeno de empresas multinacionales como Drummond o Chiquita Brands, que terminaron aportando significativas sumas de dinero a frentes paramilitares en la región de Urabá y el Cesar.

La segunda parte del trabajo está dedicada a uno de los temas cruciales de la política actual: el despojo de las tierras. Para nadie es un secreto que uno de los objetivos del paramilitarismo fue consolidar su poder terrateniente. Y lo hizo desplazando campesinos, apropiándose de sus tierras y desarrollando proyectos económicos paralelos de fachada legal. Un ejemplo claro y bien documentado es el sucedido en la región del bajo Atrato, donde las propiedades de las comunidades negras pasaron a dominio de cultivadores de palma.

Pero el trabajo no se limita a evaluar el tema del Chocó, sino que también examina casos similares de despojo de tierras en departamentos como Sucre, Nariño o Guaviare. En algunas partes por el boom minero, en otras por sustracción de la reserva forestal y también con el apoyo de sectores oficiales, se documentan varios espacios en los cuales el paramilitarismo logró hacerse a zonas de reserva o territorios de enorme proyección económica. Los eslabones de un negocio nacional que apenas hoy se visualiza.

En síntesis, el estudio “La economía de los paramilitares”, de la Corporación Nuevo Arco Iris, promete un debate que permite entender que así como el proyecto paramilitar necesitó de una plataforma política sobre la base de un objetivo llamado la refundación de la patria, también tuvo una estructura económica para capturar capitales legales. Y que en escenarios como la salud pública, los movimiento de tierras o las regalías, logró mezclar sus dineros de origen ilícito con aquellos capitales públicos y privados que fortalecieron su imperio.

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