Reglamentos escolares no son una camisa de fuerza

Dos madres entutelaron a un colegio de Medellín por separar a sus hijas gemelas en salones diferentes, situación que les habría generado depresión y ansiedad. Aunque la Corte Constitucional no halló riesgos para las niñas, le ordenó al plantel que de existir una amenaza verificable reubicará a las niñas en una misma aula.

Aunque los manuales de convivencia o reglamentos escolares se convierten en un contrato entre la institución educativa y los padres de familia, desde el momento en que se firma la matrícula, los mismos no son una camisa de fuerza y pueden ajustarse en ciertos casos especiales.

Así lo precisó la Corte Constitucional al resolver una acción de tutela interpuesta por dos madres de familia contra un colegio de Medellín que prohíbe que los hermanos que cursan igual grado sean ubicados en el mismo salón. Las demandantes alegaban que con esa norma la institución educativa La Salle de Campoamor les violaba a sus hijas los derechos fundamentales a la integridad física y mental, al libre desarrollo de la personalidad, al debido proceso y a la educación.

Según las progenitoras, las dos parejas de hermanas gemelas, entre los siete y ocho años, nunca habían sido separadas y tildaron de “arbitraria” la decisión del colegio. Inclusive, un psicólogo particular concluyó que las menores padecían un cuadro de depresión, trastorno de apego reactivo y un comportamiento irresistible de arrancarse el cabello y los vellos de su cuerpo.

Al contestar la tutela, la rectora del colegio –Blanca Builes- argumentó que la decisión estaba justificada “en políticas internas del plantel para contribuir con su proceso de formación, autonomía y capacidad de adaptación a nuevos ambientes” de las niñas y que la misma estaba guiada por una sugerencia de la Secretaría de Educación de Medellín, entidad que confirmó lo dicho por la educadora y añadió que “la solución adoptada por la institución educativa obedecía a una política institucional orientada a formar estudiantes íntegros, autónomos y responsables”.

Tras analizar los estudios y conceptos enviados por las universidades Pedagógica Nacional, la Nacional y la de Antioquia, la Corte Constitucional concluyó que en este caso “no es posible llegar a una respuesta definitiva sobre la conveniencia o no de mantener a los hermanos múltiples en un mismo salón de clases, puesto que es necesario estudiar cada situación específica para identificar las diferentes dinámicas que involucran la relación de las niñas gemelas, en conjunción con otros elementos sociales y actores, como profesores, compañeros de clase y familiares. En ese sentido, no existe una fórmula concluyente o recomendación general a aplicar, por lo que debe analizarse el caso en concreto con sus características contingentes, evitando adoptar formas preliminares o deterministas inflexibles, que desconocerían la praxis educativa”.

La Corte admitió que si bien muchas de las normas de los manuales de convivencia pueden estar confeccionadas sobre unos términos categóricos o absolutos y que, en esa medida, descuidan la regulación de ciertas situaciones inusuales, ello no obsta para que, a la luz de una interpretación ajustada a los límites constitucionales, los operadores escolares apliquen aquella norma que se muestra inflexible con una mayor apertura frente a determinados casos que así lo exijan.

El máximo tribunal constitucional ha insistido en que si bien “(…) los estudiantes y padres de familia al momento de inscribir la matrícula están aceptando de forma tácita las pautas establecidas en [los reglamentos de convivencia de la institución], (…) [dicho] compromiso adquirido no significa que la voluntad quede anulada totalmente, ya que puede variar conforme a las necesidades específicas de cada estudiante.”

A falta de una solución definitiva, y aunque la Corte no concedió la tutela a las demandantes al estimar que la medida de separación aplicada a las menores “no involucró afectaciones a sus derechos fundamentales (…) ni implicó en últimas ninguna amenaza”, le advirtió a la institución educativa que, en el evento en que existan necesidades específicas de hermanos múltiples que hagan necesaria su ubicación en un mismo salón de clases, el colegio debe interpretar con suficiente apertura la norma prohibitiva en cuestión (“en ningún caso los hermanos que cursan el mismo grado serán ubicados en el mismo grupo”) de forma que atienda a las necesidades de cada caso, cuando ello implique un riesgo verificable a la integridad personal, a la salud o a otro derecho fundamental.