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Judicial 13 Ene 2013 - 9:00 pm

Siguen las pesquisas por el crimen en la finca La Piscina

'Sebastián' habría ordenado masacre

Investigadores del Valle de Aburrá creen que uno de los exjefes de la ‘Oficina de Envigado’ habría orquestado los asesinatos desde la cárcel.

Por: María del Rosario Arrázola
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Miembros del CTI en la finca La Piscina, horas después de la masacre. / Luis Benavides

Para las autoridades, armar el rompecabezas de lo que ocurrió en la reciente masacre de Envigado (Antioquia) ha sido una tarea tan ardua y compleja como se lo esperaban, tras conocer que cinco hombres y cuatro mujeres habían sido acribillados el 31 de diciembre en una finca conocida como La Piscina. Desde entonces, Policía y Fiscalía andan detrás de varias pistas que les permita saber quién ordenó la matanza y cómo se ejecutó, y varias hipótesis han salido a flote. La principal: que se trataría de una vendetta entre bandas criminales que pretenden reemplazar a la poderosa empresa criminal, la ‘Oficina de Envigado’.

Se evaluó también si Jorge Mario Pérez Marín, El Morro, estaba negociando con Estados Unidos su entrega. O si acaso el crimen colectivo había sido producto de la retaliación de un narcotraficante del Valle. Sin embargo, esas teorías han empezado a disiparse: para los investigadores, es claro que el homicidio múltiple fue una especie de venganza interna protagonizada por los mismos integrantes de la ‘Oficina de Envigado’. “Lo que pasa es que todos quieren su porción de poder, y alias El Morro también la quería, luego de la captura de alias Sebastián y de que Valenciano desapareciera de la escena”, le dijo a El Espectador uno de los oficiales que hoy manejan el caso.

Ericson Vargas Cardona, identificado con el sobrenombre de Sebastián, fue capturado en agosto pasado en Copacabana (Antioquia). Las autoridades, no obstante, creen que él, en asocio con dos hombres conocidos como John Jairo Ramírez, alias Pichi , un desmovilizado del bloque Héroes de Granada, y Fredy Colas, son los verdaderos autores de la masacre. “Lo que nos estaría indicando, ni más ni menos, que la masacre se habría ordenado desde la cárcel”, le dijo a este diario un alto oficial también involucrado en la investigación.

Así las cosas, crece y crece una gran preocupación entre autoridades judiciales y algunos sectores del Gobierno: la ‘Oficina de Envigado’, a pesar de los golpes que ha recibido, no desaparece. Y lo peor: sigue funcionando como una especie de abastecedora de sicarios y de narcotráfico. “Si capturamos a uno de ellos o es dado de baja, al minuto siguiente están reorganizándose y escogiendo a un nuevo jefe”, anotan investigadores del Valle de Aburrá.

Y esa nueva acomodación de fichas sobre el tablero, precisamente, es lo que estaba ocurriendo las últimas semanas. El Morro, un hombre de unos 41 años y “dueño” de una escuela de sicarios ubicada en una finca de Copacabana, venía perfilándose como el nuevo patrón de la oficina de cobros. Como la mayoría de los miembros de la ‘Oficina de Envigado’, fue empleado de Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna —extraditado a EE.UU. en 2008—, e inclusive participó en la entrega de armas del bloque Cacique Nutibara, en Medellín, en el año 2003.

Dejar las armas, sin embargo, no fue más que un acto simbólico. Al finalizar el proceso de desmovilización, El Morro se volvió a poner al frente de su “oficina” de gatilleros y se convirtió en una especie de “surtidor” de sicarios en Bogotá y Cali principalmente. De hecho, a él lo sindicaban de ser el autor del crimen de alias Monoteto en Buenos Aires, el cual habría sido ordenado por Daniel El Loco Barrera. Ese homicidio bastó para que las alarmas de los cercanos a Sebastián se dispararan: El Morro podría venderse al mejor postor y, así mismo, facilitar que la ‘Oficina de Envigado’ pasara a manos de El Loco.

Desde entonces la desconfianza entre Sebastián y El Morro estaba latente pues, lo sabían los investigadores judiciales, “este último no ocultaba su deseo de quedarse con el control absoluto de la ‘Oficina’”. Sabían también que El Morro ya estaba buscando establecer alianzas con ‘Los Urabeños’ y acrecentar así su influencia en la organización criminal.

Sus propósitos, no obstante, empezaron a enredarse. El Morro no se había percatado de que dentro de la misma ‘Oficina’, muy cerca a él, había un personaje que desde la captura de Sebastián ya había creado su propio “combo” y empezaba a tener fricciones con su antiguo jefe. Un hombre conocido como alias Pichi. Sin embargo, yendo más lejos, las autoridades elaboraron otra hipótesis: Pichi sólo se distanció de Sebastián en papel, como una estrategia. Y si éste no fue quien ordenó la masacre, al menos sí ha estado enterado de lo que ha ocurrido.

Los agentes estatales que le siguen la pista a la temible ‘Oficina de Envigado’ detectaron que, una vez capturado Sebastián en Venezuela, el grupo criminal se atomizó casi de inmediato. Cinco bloques surgieron, “copiando el modelo de la guerrilla, pero a nivel urbano”, le dijo a este diario un alto oficial de la Fuerza Pública, quien aseguró que esa forma de estructurarse no la habían previsto las autoridades. Los tomó por sorpresa, pues el radio de acción de los sicarios de la ‘Oficina’ se dispersó y ésta, que siempre había sido un solo blanco, pasó a convertirse en cinco objetivos a la vez para la Fuerza Pública.

Dicha atomización podría ser otra de las razones para la masacre, que cobró incluso la vida de dos modelos y del cuidandero de la finca. El Espectador conoció que un bloque era liderado por alias Mono Pepe; el segundo, por El Morro; el tercero, por Pichi; el cuarto, por Carlos Pesebre, y el quinto, por Fredy Colas, hoy capturado, quien creció en el mismo barrio y la misma calle que alias Sebastián . Colas, además, es un aficionado a la música electrónica y era quien distribuía éxtasis en los bares y fiestas de ese estilo.

“Lo cierto es que los nuevos jefes de la ‘Oficina de Envigado’, que tienen entre sus filas a desmovilizados de las autodefensas, demostraron con la masacre de La Piscina que están en la capacidad de volver a sembrar el terror”, señaló uno de los oficiales a cargo de la investigación del crimen. El uniformado agregó que si, efectivamente, Sebastián está detrás de la matanza, quedaría al descubierto que no hay entonces controles efectivos para estos sujetos. Ahora las autoridades andan detrás de Pichi, otro sicario que, aunque ostenta un rango menor en comparación con El Morro o Sebastián, se perfila ahora como el hombre que quiere agrupar a los cinco bloques en que se ha dividido la ‘Oficina’.

Otro hecho que llama la atención de quienes rastrean a esta organización ilegal en el Valle de Aburrá es que estos sicarios, que empezaron robando motos y carros y ahora son asesinos profesionales y narcotraficantes asociados con otras bandas e incluso con la guerrilla, han utilizado en los últimos dos o tres años los mismos métodos que usaba Pablo Escobar para ganarse el favor de la gente, sobre todo en sectores deprimidos: “Regalan tenis, ropa de marca y hasta motos. No queremos imaginar lo que eso pueda generar. Y ahora que están federalizados podría tener un impacto tremendo en Medellín y en otros sitios”, expresó un funcionario de alto nivel que conoce de cerca lo que está ocurriendo en la capital de Antioquia.

Así las cosas, las alarmas están encendidas: la vendetta del 31 de diciembre pasado dejó al descubierto que la llamada ‘Oficina de Envigado’ está actuando y copiando, por un lado, modelos de organización de la guerrilla, y, por el otro, de infiltración y chantaje al estilo de Pablo Escobar en las comunas y en las entidades del Estado.

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