“Si un niño es gay, no es malo”: Juliana Martínez, coordinadora de proyectos Sentiido

El Espectador habló con Juliana Martínez, coordinadora del proyecto de Sentiido, para entender los resultados de la encuesta sobre lo que viven los jóvenes LGBT en los colegios.

Martínez es profesora de género y bisexualidad y literatura y cine latinoamericano en la American University en Washington. / Cortesía

¿Por qué es importante esta encuesta que trata de un tipo de matoneo tan específico?

Porque no hay información. Sabemos que hay un problema y es que los niños que son gais o aparentan serlo, por ejemplo, son víctimas de bullying. No hay cifras ni datos que nos muestren la magnitud del problema o sus dinámicas. Estamos prácticamente adivinando. Así es difícil la aplicación de políticas y programas, porque no sabemos cómo se comporta este problema. Vemos además que los estudiantes no tienen el apoyo necesario y muchas veces no se reconoce este matoneo como violencia. A los estudiantes les dicen que es su culpa que los insulten o tratan mal. (Lea más aquí sobre la encuesta)

¿Por qué dice que los jóvenes no tienen apoyo?

Porque, cuando se trata de temas de género y diversidad sexual, no existe. Lo que vemos es que las soluciones en los colegios y en las familias van dirigidas a cambiar a los niños y no a tratar el tema cultural que es lo que los violenta y discrimina. Por eso, este bullying tiene unas dinámicas muy específicas que se extienden a la vida adulta. Ni siquiera los adultos lo reconocen. Cuando se va a los colegios, te dicen que no tienen ese problema. Pero basta ver algunas cifras de la encuesta: el 60 % de los estudiantes nunca reportó un episodio de acoso en el colegio. Lo mismo pasa con los padres de familia. Es un problema invisible para los adultos.

¿Colombia cómo está en comparación con países vecinos?

Es bastante similar. Comparados con Asia, por ejemplo, estamos mejor. Pero en Latinoamérica es parecido. La única estadística que sobresale es que los estudiantes colombianos tienen más resiliencia en términos de acoso por homofobia y expectativa educativa. Es decir, a pesar de que sufren el bullying, no pierden la esperanza de seguir. Eso no pasó en ninguna otra parte de Latinoamérica. Tal vez, al ser un país en guerra, creen que, aunque esta situación sea mala, puede mejorar. Es una hipótesis que manejamos. (Vea aquí cifras sobre la violencia que viven los jóvenes LGBT en el colegio)

Y en términos de políticas y jurisprudencia, ¿cómo está el país?

El caso más adelantado es Argentina. En Colombia estamos muy mal en términos de educación. Nuestras políticas han fracasado y hoy en día los jóvenes no tienen la suficiente información para el desarrollo autónomo y responsables de su sexualidad.

El principal problema que tenemos es que las leyes no se han traducido en hechos.Parece que la regulación sobre estos temas sólo se da cuando algo grave ocurre; por ejemplo, el caso de Sergio Urrego. ¿Tiene que haber más casos como el de él para que en Colombia realmente algo cambie?

Ya nos pasó lo que nos tenía que pasar. Sacrificamos a Sergio Urrego y su muerte no puede quedar en vano. Su fallecimiento generó un precedente constitucional muy importante para esta lucha. Ahora lo que necesitamos es un cambio cultural. Lastimosamente, en Colombia, esos casos tan graves no son suficientes para cambiar nuestra cultura. Nos falta memoria y se nos olvidan las tragedias. Por ejemplo, el caso de Rosa Elvira Cely: existe una ley (contra el feminicidio), pero las estadísticas muestran que diariamente se violan 26 niñas en el país. El cambio que necesitamos toma más tiempo y requiere un ejercicio educativo importante. (Lea más sobre el caso de Sergio Urrego aquí)

¿Cómo cambiar esa situación?

Tenemos que entender que esto es un tema cultural. No podemos pretender que el problema se transforme en las altas cortes. Este cambio se debe dar en las escuelas. El bullying, finalmente, es el reflejo de lo que pasa en la sociedad colombiana. Cambiar a nuestros niños no es la solución. Mire otra cifra de la encuesta: el 67 % de los estudiantes temen ir al colegio. Se está castigando a los jóvenes por ser como son. Esto es inaceptable y se lo estamos haciendo a nuestros niños.

Usted habla de que se trata de una transformación cultural. Eso implica meterse con valores tradicionales. ¿Cree que el país está preparado para ese cambio?

Sí. Aunque nuestra cultura hace ver que el panorama es difícil, hemos avanzado. Creo que ha sido lento el cambio pero en Colombia si se está dando esa transformación cultural. Lo vemos, por ejemplo, en términos legislativos y en los medios de comunicación. Creo que es absolutamente posible. La gran mayoría de la población colombiana quiere la paz y los jóvenes están más abiertos a entender que la diversidad, en general, es una parte fundamental para la vida. Pero hay muchos retos importantes.

Pero algo del cambio del que habla se intentó hacer en agosto pasado con las cartillas del Ministerio y eso acabó muy mal...

Es que estamos en un momento en el país en el que la ideología de género parece un chiste. No hay referentes en el día a día que muestren que las personas LGBT son normales, que comen lo mismo, salen a correr, van a trabajar. No tenemos una idea normal de la ideología. La televisión, los cuentos en las familias o en el barrio nos dicen que eso es indeseable o algo que no es bueno. Nosotros aprendemos la homofobia en la escuela y en la casa. Escuchamos decir: “¡Maricón!”, como si fuera un insulto, o “¡Ay, no sea nena!”, como si ser mujer fuera malo. Ese rechazo se aprende.Mire, por ejemplo, esta cifra: el 67 % de los estudiantes afirmó escuchar comentarios homofóbicos de parte de sus propios profesores o del personal administrativo.

¿Cuáles serían los retos de los que usted habla?

Por ejemplo, necesitamos más conversaciones y establecer puentes con los grupos religiosos. La gran mayoría no son radicales. No podemos permitir que una minoría se tome la vocería del discurso religioso. También con los colegios católicos, que en Colombia hay muchos. Hay que aclarar que la libertad del culto se garantiza mediante la norma constitucional. Los colegios tienen el derecho a formar en sus valores, pero tienen el deber de no violar la Constitución. Esa conversación es fundamental. Hay que escuchar. Si no se logra este diálogo, vamos a crear más división y los primeros que salen perdiendo son los niños.

¿A qué asuntos hay que darles prioridad para evitar el miedo de ir al colegio?

Uno de los puntos más importantes es aclararle a la sociedad que informar sobre identidad de género no es corromper o promover la homosexualidad. Cuando se habla del respeto por la diversidad en orientación sexual y de género no se está promoviendo la homosexualidad. Sólo se promueve el respeto. Hay que entender que, si un niño es gay, no es malo ni tampoco se transmite por tener más información. Este tema ya forma parte de la realidad de los colegios y los adultos creemos que podemos ignorarlo. Pues ya es imposible. (El colegio es el tercer escenario donde más se violenta a los menores)

¿Qué otros retos deben asumirse al respecto

Defender las reglas ya vigentes. Lo que este año vimos es que hay mucha resistencia para aplicarlas. Tenemos leyes que nos permiten crear colegios más seguros para todos, pero algo estamos haciendo mal. Además, tenemos que involucrar a los adultos en estas conversaciones: a los papás, a los profesores, a los que se encargan del área administrativa. Todos. Esta responsabilidad no se la podemos dejar sólo a los profesores.

¿Qué opina sobre la polémica que se desató con las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación?

El Gobierno manejó muy mal ese tema porque se retractó. El país estaba en un momento histórico muy importante y los cristianos aprovecharon el tema para manipular el tema de las cartillas con los resultados del plebiscito. El Gobierno se dejó manipular y eso es terrible porque manda un mensaje nefasto: dicen que los derechos de la población LGBT y los de las mujeres pueden ser manipulables en coyunturas políticas. No debe haber una discusión: estos derechos son fundamentales y punto. Tenemos que participar activamente en democracia. Tenemos que hacer del tema de género y diversidad de un factor de peso político. Esto es otro de los retos. Hay que mejorar en cómo comunicamos Las cestos temas y cómo podemos tener conversaciones con las personas que no piensan con nosotros. Hay que establecer acuerdos con las iglesias. No vamos a estar de acuerdo con todo. Pero hay que hacerlo.