“Tenemos que hacer una paz verbal y cambiar el tono”: Ernesto Yamhure

El periodista, que publicará esta semana un libro sobre el caso Jorge Pretelt, cree que el magistrado fue “condenado previamente y las pruebas no existen”.

Desde el escándalo de Natalia Springer se ha dedicado a investigar temas de política nacional. ¿Por qué se metió con ese tema en particular?

De algo sirvió estar convaleciente. Yo venía con la historia de Natalia Springer desde antes de enfermarme, pero cuando estaba enfermo, que no podía hacer nada distinto a estar en cama, volví a contactar la fuente que venía entregándome información al respecto.

¿Por qué estuvo convaleciente?

Tuve un accidente y estuve bastante tiempo en cama. Me tocó aprender nuevamente a caminar y use bastón por mucho tiempo.

Usted también ha denunciado otras contrataciones de la Fiscalía. ¿Por qué decidió centrarse en esta entidad?

De tiempo atrás venía escuchando que ahí se estaba manejando el presupuesto a las patadas, ahora estoy trabajando en lo que hay detrás de la captura de Eduardo Benavides, novio de Cristina Plazas, directora del ICBF.

Hay quienes podrían decir que es una reacción ante las investigaciones que tiene la Fiscalía en contra suya.

No es reacción de nada, la Fiscalía me investigó y precluyó la investigación que me adelantaba. Eso fue en septiembre de 2013.

¿Por qué seguir investigando y estar tan pendiente de lo que pasa en Colombia?

Porque no he dejado de ser colombiano. En estos días empiezo a escribir una columna en el portal de KienyKe.

En redes sociales se le ve a usted muy activo en la dinámica partidista del uribismo. ¿Está usted vinculado a ese movimiento político?

Yo nunca he ocultado mi simpatía por el uribismo, ahora estoy en un mundo complejo porque muchos de sus seguidores, personas cercanas a Óscar Iván Zuluaga, me ven como un enemigo. Yo creo en las ideas del presidente Uribe, hay otras que no y lo he manifestado, pero en términos generales, soy uribista.

Eso que pasa con usted es la demostración de la división que hay dentro del uribismo. ¿Cuáles son las divergencias que existen entre ustedes?

Hay matices frente a la seguridad democrática, hay unas más dogmáticas que otras, yo hago parte de ese sector que lidera José Obdulio Gaviria. Yo creo que algunos sectores se equivocan al decir que el uribismo es amigo de la guerra, porque si alguien buscó condiciones para la paz fue Uribe. Él nunca estuvo en contra de buscar la paz. A mí me parece muy preocupante que gente del partido no tenga claro eso.

¿Qué es lo que usted y la facción uribista a la que pertenece plantean sobre el proceso de paz?

Aportar lo que tenemos que decir, que es muy importante. No es sumarnos a lo de Santos, es plantear nuestros puntos que son claves para el momento que vive el país. Tenemos que hacerlo, no podemos quedarnos de manera obtusa peleando contra la realidad.

Hablando de su cuenta en Twitter, lo más reciente dicho por usted es que al hampa hay que perseguirla, refiriéndose a Miguel Samper, candidato a la Defensoría del Pueblo. ¿Usted tiene pruebas de lo que dice?

Me parece una persona bastante enredada que tiene que dar explicaciones. Ese paso por el Ministerio de Justicia y esos contratos que tuvo en la Fiscalía después de salir del Viceministerio son bastantes cuestionables. No olvidemos que él le firmó el presupuesto multimillonario a Montealegre para que hiciera las fiestas de contratación que hemos criticado.

Usted está “ad portas” de publicar un libro sobre la Corte Constitucional. ¿Cuál es la línea de investigación de su texto?

El libro debe salir esta semana, se llama Magistrado en la mira. Cuando salió el escándalo de Pretelt yo fui muy crítico con el magistrado, pero después empecé a estudiar el expediente y analizar las publicaciones sobre el tema, es un ejercicio interesante para ver cosas bastante feas que pasan en la Corte Constitucional.

¿Y en ese ejercicio a qué conclusión llega?

Pretelt ya está condenado por la sociedad, no importa qué se diga al final de su proceso. Pero en la narración que hago van a ver unas contradicciones profundas de las pruebas en el expediente. Se van a sorprender y a dar cuenta de que las cosas no son como las estamos viendo.

¿Usted concluye que Pretelt no es culpable?

La conclusión la tiene que sacar el lector.

¿Y cuál es su conclusión?

La mía es que a Pretelt lo condenaron previamente y las pruebas no existen. La prueba reina con la que “condenan” a Pretelt es una supuesta reunión, y digo supuesta, porque no existió.

¿Por qué estando lejos escribió un libro sobre lo que pasa en la Corte Constitucional?

Porque no he dejado de ejercer mi profesión. Mire, la diferencia entre un exiliado y un emigrante es que el emigrante se va porque quiere, el exiliado se va forzado. Yo sigo pensando todos los días en mi país. Lo que más me gusta del libro es que me retó, en medio de mi recuperación, porque en un principio no podía ni usar el teclado.

Además del caso Pretelt, ¿en el libro se habla de otras problemáticas dentro de la Corte Constitucional?

Sí, dentro del expediente encontré que hay unos comportamientos irregulares de muchos magistrados. Hay una estrategia de desviar la atención hacia Pretelt, para salvar la responsabilidad de otros.

Sobre su labor de periodista, ¿qué garantías tiene la gente que su ejercicio como periodista no es un mandado para un sector político?

Si defender unas ideas y tener unas opiniones propias es hacer mandados, estamos perdidos. ¿Qué tal que yo dijera que aquellos que defienden a Santos le están haciendo mandados a él? Si estamos en un proceso, no podemos seguir diciendo que el que no piensa de acuerdo con la mayoría está haciendo mandados. Yo toda la vida he escrito bajo una línea de pensamiento.

¿Qué tiene que ver el proceso de paz?

Si queremos construir un país en paz, no podemos meter en el paquete de paramilitar a todo aquel que no está de acuerdo en cómo se está llevando el proceso de paz, porque estaríamos formando una bomba atómica. A mí todos los días me dicen “paraco”, ya no me afecta, tristemente me acostumbré a eso.

Si eso es así, ¿cuándo se van a desarmar política y verbalmente en el uribismo?

No se equivoque, yo no hago parte del Centro Democrático ni soy mandadero del uribismo. No hay que caer en las teorías de la conspiración, a mí no me llama el presiente Uribe a decirme nada. Pero sí creo que todos tenemos que empezar a desarmar nuestros corazones si queremos reconciliación.

¿Empezando por usted que es bastante ácido y agresivo a nivel verbal?

Estoy dispuesto a que hagamos una paz verbal, es cierto que tenemos que cambiar el tono.

Entrando al debate, ¿plebiscito o constituyente?

El plebiscito se va a caer en la Corte Constitucional. Si hoy fuera la votación, se hunde. Yo soy amigo de la constituyente.

Hay sectores del Centro Democrático que dicen que la verdadera negociación de paz sería en una constituyente de la que hagan parte las Farc y miembros del uribismo…

La paz se construye con la ciudadanía desarmada, no con los actores armados.

¿Cree que va a haber constituyente?

Yo creo que tarde o temprano habrá constituyente, porque para las Farc también es importante la seguridad jurídica. Un plebiscito no la genera, no se puede dejar un proceso de paz dependiendo de eso.

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El proceso contra Yamhure

Hay quienes podrán decir que sus acusaciones tienen poca validez después de haber estado metido en un lío judicial por tener contactos con Carlos Castaño…

La Fiscalía me investigó por más de dos años, mi abogado pudo establecer que mi contacto con Castaño fue en el marco del proceso de paz con las Auc Fue absolutamente legítimo, en tanto que lo autorizó el alto comisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo.

¿Y la injerencia editorial de Carlos Castaño en sus columnas?

Esa historia es chimba, mis columnas nunca fueron modificadas y eso lo pude probar con las que fueron publicadas. Castaño era mi fuente y como tal me daba información, pero las columnas publicadas tanto en El Espectador como en El Nuevo Siglo no recogieron los comentarios de Castaño, así lo demostré en EE. UU. cuando solicité el asilo que me dieron.