"Todo el mundo va a tener que pedir perdón": Álvaro Leyva

Cada vez que el exministro se refiere a la paz, crea polémica. Esta vez habló con María Elvira Arango, directora de ‘Los Informantes’ del canal Caracol, y no fue la excepción. No ve la diferencia entre un cilindro bomba y una bomba de precisión.

Álvaro Leyva ha sido un estudioso de los procesos de paz y del conflicto armado en Colombia. / Andrés Torres

¿Qué recuerdos tiene de niño?

Una familia estupenda. Soy el tercero de ocho hijos. Mi papá siempre vinculado al gobierno. Primero con Mariano Ospina y después con Laureano Gómez. Pero  viene el golpe del 13 de junio de 1953 y cambia todo porque en esa época existía el destierro. Se le aplicó a Laureano Gómez y su familia, y a mi papá Jorge Leyva con la suya. Después de diez días se encontraron en Nueva York. Allá estuvimos varios años. Yo tenía 12 y fue un vuelco total, aunque siempre hubo en casa una tendencia muy marcada por la música. Yo me dediqué al violín durante muchos años y estuve en el conservatorio de Nueva York. Desde entonces tengo  inclinación por la música clásica. Hubiera preferido ser violinista a político. (Vea: Álvaro Leyva Durán cuenta infidencias y detalles del proceso de paz)

¿Usted desarrolló el oído para la música, pero también para la diplomacia, incluso para escuchar a los grupos al margen de la ley o al gobierno?

La gente no lo conoce a uno y terminan señalándolo de cosas rarísimas. Pero soy muy buen oidor, sobre todo de gente mayor, de todas las condiciones sociales y en todos los sitios.

Con todo respeto, la gente dice que usted es un bicho raro. Criado en la rancia aristocracia bogotana, con todas las oportunidades, viajado por el mundo, pero ejerciendo un papel que pocos entienden.

El raro no soy yo, es el país que tiene a un general de la República en manos de la subversión, a dos horas de Miami, con alzados en armas en el siglo XXI. Un fenómeno extraño en el contexto de la historia universal. Si usted ha ido al Chocó últimamente eso es Ruanda, es Burundi. Si va al Putumayo lo están descubriendo. Nadie volvió a acordarse de Cartagena del Chaira que se descubrió a raíz de la devolución de unos soldados hace 16 años. La gente convive con eso y le parece normalísimo.

¿Usted es amigo de las Farc, cuál es en definitiva su relación con ellos?

Conocí a Manuel Marulanda hace 30 años por una solicitud que me hizo Alfonso López Michelsen porque un amigo de él estaba secuestrado. Conocí también al  cura Pérez del Eln, que ya nadie sabe quién es, y a Francisco Caraballo del Epl que ya pagó su pena y me llama con alguna frecuencia para hablar de paz. Conocí a los del Quintín Lame, los del PRT. Una actividad que termina haciendo uno sin quererlo, para analizar el futuro y establecer salidas.

¿Y hoy, cuál es su papel con las Farc? ¿Los asesora?

Ni oficial ni extraoficialmente. He hecho más vueltas a los gobiernos en secreto de lo que la gente sabe. Por ejemplo, en 1993, cuando atentaron contra Aurelio Iragorri y suspendieron los diálogos, voy a decirlo por primera vez porque le prometí a De la Calle que nunca lo haría pero ya pasaron 20 años, él me llamó y me dijo: “No podemos romper porque vienen las elecciones, ayúdenos”. Aunque el gobierno Gaviria no me podía ver ni en pintura hice la vuelta. Hablé con ellos y, como componedor, fui con Alfonso López y luego lo dejé en Cartagena, donde él presidió una manifestación en la que dijo: "vengo de Caracas y reanudamos los diálogos. Hice un oficio para un gobierno que no me quería, en cabeza de un jefe como Alfonso López que recogió la cosecha del éxito de la reanudación de las conversaciones.

¿Cómo lo logra?

Solo. No soy asesor de nadie, lo que soy es un hombre experimentado, alguna gracia tiene uno que tener en la vida. Soy un referente de cosas y conocedor de antecedentes. Tengo el hilo histórico completo y estamos frente a una guerrilla histórica. Fíjese usted el último episodio. Para el Estado fue un secuestro, para los guerrilleros un general que de forma descuidada  termina siendo prisionero. Luego vienen grandes debates, paso por encima de los adjetivos y busco la solución.

¿En el marco de la legalidad?

Pues claro, completamente, a mí no me gusta hacer las cosas a las escondidas, hablo con el que me llame y yo pueda ser útil. Todos los gobiernos en algún momento me han buscado y me han pedido favores.

¿Le incomoda que este gobierno no lo haya hecho?

Para nada. No me molestan las vanidades de los demás. No importa quién se tome la foto al final si en el recorrido ha intervenido mucha gente y yo soy uno de ellos. El expresidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez me mandó a su ministro de justicia porque le habían secuestrado a un cuñado y lo hice con gusto. Eso sí, tengo una disciplina, en boca cerrada no entran moscas y cuando adquiero un compromiso lo cumplo. Al entonces presidente Uribe le mandé una carta alrededor de unos temas complicados y aún guardo la reserva. A lo mejor el día en que se me reconozca lo que he hecho ni siquiera esté en este planeta, pero he empujado el proceso de la paz con profunda satisfacción.

¿Por qué estuvo Ingrid Betancur ocho años secuestrada y tantos otros enterrados en la selva?

Estuve dos veces en  la selva buscando la solución y me buscaron los franceses en España. Aún tengo los correos que Raúl Reyes me mandó y cuando se estaba precipitando el día del encuentro de Francia con Reyes para la liberación de Ingrid salió la noticia de que la iban a entregar en Brasil. Por eso se frustró y yo cogí un avión, fui a París, de Ecuador a Paris a hacer el reclamo.

¿Y en el caso de los diputados del Valle?

El intercambio estuvo aprobado, pero las vanidades, los conflictos internos, los cortos circuitos, allá no entro. Tenga la seguridad que esas vidas estuvieron salvadas en un momento. Lo que pasa es que uno no es dueño de las decisiones finales. Aquí la memoria colectiva es de corto plazo y esos episodios los conoce poca gente. Yo no creía en los bombardeos y fui a verlos. En San Vicente de Chucuri quise ver cómo se disparaba desde el aire y vi cómo la gente cogía sus cajas y se iban. He visto gente desplazada, gente llorando, he visto cadáveres. Aquí todo el mundo habla sin conocer la realidad, todos son  teóricos de la guerra, aquí no hay noticias sobre los bombardeos que todas las noches suceden en Colombia. Llegué a un sitio, me recogió una persona vinculada a Ecopetrol pero simpatizante de la guerrilla. Para que usted vea parte de la realidad nacional que no se conoce.

Usted fue amigo del presidente Juan Manuel Santos, ¿por qué usted no está formando parte del llavero?

Porque cada quien tiene sus vanidades, cada torero tiene su cuadrilla, yo fui de la cuadrilla pero usted ha visto que a los jugadores también los sientan en la banca. Él hoy es un pequeño rey en sus cosas, ni siquiera lo cuestiono.

¿Y Ernesto Samper, cree que juega algún papel en estos diálogos?

Él opina de la paz pero no lo veo como agente determinante. Lo decisivo son los temas de la agenda, por fuera de ella todos son declaraciones vacuas, ganas de hacer presencia.

¿La posibilidad de lugares de concentración con comisión de verificación le suena posible?

No porque ¿cómo se agrupan? ¿Dónde los meten? Inteligencia militar sabe dónde están. Los frentes corresponden también a un entorno social, no es como los paramilitares. Son más de 50 años con arraigo en las zonas, con familias. Si uno no aproxima incluso el cese de hostilidades con esa visión, está creando mitos y formulando soluciones que no corresponden. Aquí se manejan cifras de forma caprichosa. Que hay tantos niños, ¿cuándo los contaron?

Hablemos de narcotráfico

Sugerí que convocaran a la Agencia de Naciones Unidas con sede en Suiza que maneja el problema del narcotráfico y conoce cómo corren los flujos de dinero en el mundo. Insinué una serie de cosas que no fueron tenidas en cuenta.

Lo siento muy pesimista doctor Leyva

Pesimista no, muy realista, me reduzco a la agenda

¿Ya está el presidente Uribe dentro del proceso de paz?

No lo sé porque no puedo adivinar su pensamiento, aunque creo que él debe vincularse estrechamente. Creo que una persona que representa al 47% de la población tiene títulos suficientes para estar porque la paz es con todos.

Hay un afán por negociar la paz por parte del gobierno Santos y le quedan dos años, ¿ese tiene que ser el tiempo?

Lo importante es que la paz coincida con el cuatrienal del presidente Santos, que es distinto a que tenga que estar lista para el día de la elección de diputados y alcaldes. Hay un afán de atar la paz al resultado electoral pero lo importante no es eso. Lo importante es que las cosas se hagan a tiempo y bien.

¿Cuál es su opinión sobre el tema de la justicia?

Son muchos los agentes que han intervenido, hay mucha gente de cuello largo que al aplicársele la misma visión tienen que pagar cárcel. Hay  responsabilidades históricas. Soy conservador y creo que a mí partido también hay que llevarlo a que pida excusas. La Iglesia igualmente. Todo el mundo va a tener que pedir perdón. Para llegar a una visión de la paz final y de justicia tenemos que preocuparnos también por la suerte de los militares.

¿Los trata como iguales? ¿Es lo mismo un general que un comandante de frente?

No le sé decir pero el cadáver huele igual. Un cilindro de gas es igual a una bomba de precisión. Lo digo como científico del proceso de paz, como lector de las normas internacionales. Es que la violencia tiene dos caras.

¿Qué quiere decir cuando afirma que hay gente de cuello largo igual de responsable?

Financistas. En Urabá, por ejemplo, ¿usted quien cree que ponía la plata? Hay una gran ignorancia, no solo de las formas para solucionar los conflictos sino de la historia misma de Colombia. Desde la época de Belisario Betancur no se enseña en los colegios.

Pero se me está saliendo…

No me estoy saliendo. En Alemania se dio la responsabilidad colectiva o si no todavía estarían colgando gente. En ninguna parte se habla de la suerte de los militares detenidos. Se habla de la obligación del Estado de revisar la situación jurídica de sus miembros investigados, juzgados y detenidos. Yo se los dije: eso no puede ser para ustedes solamente.

¿Qué piensa de la extradición?

Depende de la solución frente al problema del narcotráfico en Colombia. Yo creo que el proceso de la Habana es una coyuntura específica para aproximar temas de solución de situaciones que van más allá de nuestras  fronteras. Existe una gran potencia universal admirada por todos, donde además yo me crié, pero que hoy tiene un problema fronterizo muy grande. La extradición es una forma de sancionar en el exterior pero el tema hay que tocarlo en La Habana.

¿Usted ha estado amenazado de muerte?

Me hicieron cinco intentos de asesinato. Pero si uno toma conciencia de lo que  hace ni siquiera apela a la seguridad. Yo camino, tengo una moto, doy vueltas, regreso, voy con la familia el fin de semana. No sé lo que es la seguridad, no me interesa, lo mío es diferente, tengo seguridad moral por encima de todo. El problema es que hay un conflicto que se sigue extendiendo y hay que resolverlo.

¿Le suena una ley de punto final?

No es una ley de punto final, es un candado grandotote.

¿Que para usted se llama constituyente?

Claro porque además se requieren modificaciones institucionales que lleven a que no hayan pretextos futuros para alzamientos de ninguna naturaleza.

¿Se va a firmar la paz pronto?

 

Espero verla.

 

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