“Es una infamia que se diga que Rodrigo Escobar decide mi voto”

El magistrado habló duro y sin tapujos contra quienes quieren enlodarlo en ese oscuro capítulo del soborno de Fidupetrol.

El magistrado de la Corte Constitucional Luis Guillermo Guerrero. /Gabriel Aponte
Los estragos del escándalo de corrupción en la Corte Constitucional tienen al país estupefacto. Jorge Pretelt tiene a sus ocho colegas diciéndole “debes irte”; Víctor Pacheco —el sinuoso lobista que denunció que Pretelt le pidió $500 millones para favorecer a Fidupetrol— salió del país con destino a Chile y algunos apuestan a que no volverá; sobre el exmagistrado Rodrigo Escobar se sospecha que el soborno se pagó a través de una asesoría de $200 millones que le dio la fiduciaria y, para rematar, el fiscal Montealegre se declaró impedido en este caso porque en 2010 Fidupetrol le pagó $80 millones por un concepto jurídico.

Entretanto, el gobierno Santos ya no disimula sus gestos con Pretelt: “debe irse” le pidieron los ministros Juan Fernando Cristo y Yesid Reyes. En ese tropel de versiones cruzadas, el nombre del magistrado Luis Guillermo Guerrero salió al baile. Víctor Pacheco contó que Pretelt le dijo, palabras más, palabras menos, que Rodrigo Escobar era el dueño de las decisiones de Guerrero, que podía manejarlo, que su voto era de él y que todo eso se explicaba porque Guerrero había sido su subalterno durante ocho años.

Cansado de que su nombre siga rodando por los medios de comunicación, el magistrado Guerrero aceptó una entrevista con El Espectador. Y se despachó así para defender su honra:

Su magistrada auxiliar Claudia Escobar es familiar de Rodrigo Escobar, su jefe durante ocho años. ¿Él se la recomendó?

No. Me mandaron varias hojas de vida, entre ellas la de Claudia Escobar. Tenía un perfil extraordinario por su preparación académica y trayectoria profesional. Además, es de la Javeriana como yo. Vine a saber del parentesco lejano con Rodrigo cuando la iba a nombrar. Entiendo que es hija de un primo del papá.

¿En su hoja de vida ella puso como referencia a Rodrigo Escobar?

Sí. Revisando veo que fue así. Yo me doy cuenta de su parentesco cuando ya he decidido nombrarla en el despacho.

¿Rodrigo Escobar no le pidió que la contratara?

No. Él después de este proceso me llamó y me dijo: “Sé que en tu despacho está Claudia Escobar, que es una persona extraordinaria”. Le respondí: “No necesito que me la recomiendes, ya he tomado la decisión de nombrarla, ella se recomienda sola con su estupenda hoja de vida”.

Sin embargo, en este coyuntura las suspicacias están ahí, ¿no? Algunos dirán que quizá fue nombrada para dejar feliz a su exjefe.

Es razonable esa inferencia y el escepticismo que puedan producir mis respuestas, pero esta es la verdad: no me la recomendó Rodrigo. Basta ver su hoja de vida para concluir que es una profesional impecable. Incluso no le vi nada de malo. Pensé: “Qué bueno que tiene alguna consanguinidad con Rodrigo”. Un hombre con el que trabajé durante ocho años con un sentimiento de profunda lealtad y del que no tengo reparos.

¿Qué tanto le ayudó Rodrigo Escobar para llegar a la Corte?


Me ayudó con contactos con senadores de la U y de Cambio Radical. Recuerdo que me dijo en 2012: “Mira, Luisgui, acá hay una oportunidad para que seas magistrado, tienes todos los méritos y toda la capacidad. Yo quiero ayudarte y tengo contactos con algunos senadores, te puedo colaborar en esas aproximaciones”. Y así lo hizo.

¿Es usted el magistrado de bolsillo de Rodrigo Escobar, como aseguró Víctor Pacheco?

¡Eso es una infamia! Uno no es dueño de lo que digan las personas de uno, pero quien quiera que diga eso es un infame. Nadie es dueño de mi voto, no faltaba más. A mí me convencen con argumentos, no con amiguismos.

¿Tiene una amistad íntima con Rodrigo Escobar?

No diría que una amistad íntima. Con él fuimos compañeros en la Javeriana. En esa época no éramos amigos, pero teníamos afinidades ideológicas. Nos dejamos de ver durante años, pero me llamó a trabajar cuando lo eligieron en la Corte en 2001. Nuestra relación siempre fue cordial y se mantuvo en los términos profesionales. Luego me ayudó en la campaña a la Corte y hablábamos. Pero nunca hubo realmente una amistad. Soy de pocos amigos, vivo muy centrado en mi familia.

Ahora su exjefe Rodrigo Escobar fue llamado a interrogatorio. ¿Él lo maneja a usted, como le dijo Jorge Pretelt a Víctor Pacheco?

Esa afirmación tan grave es lo que me motiva a conceder esta entrevista. Eso es una absoluta infamia. Me niego a pensar que alguna persona pudiera haber afirmado eso. En mi corazón quisiera creer que Pretelt no lo dijo. Porque nadie, ni Pretelt, ni Escobar ni nadie, puede decir que mis votos no son míos. En las salas de la Corte planteo mis tesis.

¿Desde que se posesionó en la Corte ha llamado a Rodrigo Escobar para algún tipo de consulta jurídica?

Jamás he hablado con él de ningún tema relacionado con la Corte. Sobre la tutela de Fidupetrol, le digo que ni la conocí. No participé en el proceso de selección y cuando Mauricio González la lleva a Sala Plena y se decide, yo estaba en Corea en una comisión. Por eso estoy muy tranquilo. Lo que pasa es que, al parecer, se utilizó mi nombre para decir: “Es que nosotros podemos incidir en ese voto”. ¡Nada que ver conmigo!

¿Cree que eso pasa mucho?, que hay abogados rondando la Corte y asegurándoles a sus clientes que pueden tocar a los magistrados...

Es un tema que sí inquieta y que habría que revisar. O sea, en qué momento uno conoce a alguien o lo saluda y luego ese alguien dice: “Es que soy amigo de tal magistrado, yo lo manejo”. Un ejercicio de pura especulación. Y se la juegan. Si la tutela sale bien, dicen: “Yo lo logré. Págueme”. Y si sale mal, dicen: “Se hizo hasta donde se pudo, el tipo no pudo. No le jugaron bien los otros”.

¿Ese cartel de mentirosos existe?

No diría que hay un cartel. Pero sí puede haber gente así. Con lo que está sucediendo, me pregunto: ¿Cómo se defiende uno de una cosa como esta, que cualquiera por ahí diga que maneja mis decisiones, mis votos? Gente que ni siquiera me conoce. No podrán hablar así de mí, porque jamás me han insinuado cosas y porque, como se sabe, la gente sabe a qué palo se arrima.

¿Como magistrado ningún abogado se le ha arrimado para decirle “ayúdeme con esto”?
 
No. A veces uno recibe abogados que dicen: “Aquí hay una tutela muy importante...”, y yo invariablemente les contesto que la Corte tiene unos filtros de selección y los despacho.

¿Usted se va a constituir en víctima en este caso? ¿Qué va a hacer para reivindicar su buen nombre?

En principio esta entrevista. Aquí advierto que contra mí no hay una sindicación. Veo, sí, que hubo un uso indebido de mi nombre. La justicia debe aclarar esto.

Pero, ¿le pedirá a la Comisión de Acusación que lo escuche?

Estoy en disposición de hacerlo. Para reiterar que nadie puede pensar que influencia mi voto en la Corte Constitucional. Nadie distinto del debate jurídico interno. Aquí hablan de bloques como si en la Corte no hubiera magistrados sino bancadas. Yo voto por convicción.

¿Hay muchos pachecos rondando las cortes?

Sé lo que han publicado los medios. Yo no recibo prácticamente a nadie. Yo coincido aquí en este piso con Jorge Pretelt y un par de veces vi al señor Víctor Pacheco. Pero por mi oficina nunca.

¿Habló con él?

Lo conocí en Barranquilla en el Encuentro de la Jurisdicción Constitucional (en 2012).

¿Es verdad que Pacheco los invitó a un paseo por el río Magdalena?

No sé. A mí me invitaron y yo fui. Creo recordar que Pacheco estuvo en ese paseo. Pero no tengo idea de quién pagó eso. El paseo fue la culminación de unas jornadas académicas muy intensas. “Antes de que regresen a sus tierras, aquí hay un paseo en un planchón por el río”, se dijo.

¿No les falta prudencia a los magistrados en eso? ¡Cómo van aceptando invitaciones de gente cualquiera!

Eso habría que mirarlo con cuidado. La Corte hace este tipo de encuentros constitucionales cada año, y es bueno porque nos permite ir a las regiones, sacar la Corte de Bogotá. Pero qué ocurre: que nosotros carecemos de una base logística y aquí le toca al presidente con su equipo bandearse para ver cómo organiza esos eventos. No tenemos recursos y entonces hay que gestionarlos. Eso es indeseable por lo que usted menciona, cualquier persona puede aparecerse y uno no sabe.

Está claro que ustedes deberían tener más cuidado con eso. Mire lo que pasó con Ascencio Reyes...

Deberíamos tener más cuidado y debería haber algún tipo de financiación adicional. Si uno considera que esos encuentros son importantes y que la Corte debe realizarlos, que haya presupuesto y una oficina de logística que permita que eso se haga. Que no tenga que aparecer nadie a decir: “Yo les colaboro”. Así eliminamos la tentación de los lobistas y de los aprovechados.

El ministro Yesid Reyes le pidió la renuncia a Jorge Pretelt. ¿Coincide con el ministro?

Sí hay una preocupación en el país sobre el impacto que está generando esto en la Corte. Él debería evaluar seriamente este tema. Esto ha conmocionado al país. Que alguien se retire en estas circunstancias, en nada implica un reconocimiento de culpabilidad. Yo creo que uno no debería permitir que la Corte sufra más. La Corte se ha visto maltratada y, sin embargo, es una institución que le ha aportado demasiado al país. Creo que no hay forma de que la Corte salga bien librada si no se le separa de esos señalamientos.

¿Ese comentario que le hizo Rodrigo Escobar a Mauricio González es indecoroso? Eso de decirle a un magistrado: “Ojo, que hay una tutela ahí”.

No conozco las circunstancias. Pero no me gusta eso. Definitivamente no me gusta el comentario. Yo no recibo comentarios.

¿Ni siquiera informativos, como dijo Rodrigo Escobar?

No.

Dijo el magistrado Luis Ernesto Vargas que la “Corte está de luto” y, agrego yo, estamos viendo el entierro de la Corte en directo...

Esto les produce un profundo dolor a todos los colombianos. Creo que los colombianos quieren a su Corte. No se puede olvidar la trayectoria y el reconocimiento de este alto tribunal. ¿Que la Corte está de luto? Yo diría que no, la Corte lo que tiene que hacer es que reaccionar pronto en orden a recuperar esa credibilidad para mantener su trabajo y sus decisiones.

 

jlaverde@elespectador.com