Yidis Medina: "ahora yo estoy libre y ellos, en el banquillo"

Habla de su vida en la cárcel, de las vecinas de su celda, dos exfuncionarias del DAS, una de las cuales participó en un montaje en su contra.

/ Andrés Torres - El Espectado
/ Andrés Torres - El Espectado

¿Qué actitud tuvieron los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacio, y el exsecretario Alberto Velásquez, cuando usted llegó a declarar en contra de ellos en la Corte?

El exministro Sabas Pretelt se acercó y me saludó. Los otros dos no hicieron ningún gesto. Ellos siempre me han tratado mal. Imagínese que después de todo lo que ha pasado, en la audiencia del día anterior a mi declaración el señor Velásquez afirmó que yo no era nadie cuando voté la reelección. Cuando el fiscal relacionó esa frase en la audiencia a la que asistí, respondí que en Colombia los que somos nadie, somos más que los que se sienten algo y que me sentía orgullosa de ser parte de la mayoría. Y añadí que cuando yo “no era nadie”, ellos me buscaron para conseguir mi voto por la reelección. Debe ser porque sí era “alguien”.

¿Qué le dijo el exministro Pretelt cuando la saludó?

Extendió la mano y me preguntó cómo estaba. Después, dirigiéndose a mi abogado, le dijo: “Doctor, eso que hicieron con Yidis Medina en el caso del secuestro, es una canallada”.

Seguramente quiso dar a entender que no sabía nada sobre el montaje del secuestro.

Tengo que reconocer que desde el punto de vista social, Sabas Pretelt ha sido un señor.

¿Vio la foto de un periódico en la que usted aparece mirando al exministro Pretelt con una semisonrisa?

Sí. Fue cuando saludó. En realidad, en ese momento estaba pensando en las vueltas que da la vida: ahora yo estoy libre y ellos, en el banquillo.

¿Cuál fue la reacción del exministro Diego Palacio?

Él menosprecia a los otros y se siente por encima de todos. Se siente intocable hasta para la justicia.

Palacio sostuvo que el proceso contra él tenía muchos elementos políticos. Eso la incluye a usted. ¿Qué opina?

¿Elementos políticos? Lo que he hecho es contarle la verdad a la Corte. Lo que sí tuvo motivaciones políticas fue el odio del expresidente Uribe a los magistrados que, en el segundo semestre de 2007, fueron enlodados por él cuando estaban investigando la parapolítica y la yidispolítica, los dos escándalos que afectaron su gobierno.

¿Qué la impactó más en esa audiencia?

Lo que me pareció más impactante fue que estuviéramos todos en el mismo escenario: la Corte que fue perseguida por el gobierno pasado. Yo, que tenía que rendir testimonio sobre la conducta de dos exministros, y un secretario presidencial. Y los funcionarios del gobierno que protagonizó los seguimientos y ‘chuzadas’ contra la Corte y contra mí. Ese día, mirando al exministro Palacio, pensaba que una parte del informe de inteligencia que el DAS hizo contra mí, le llegó a él, según consta en el proceso. Me pregunto por qué le dirigían ese tipo de documentos al ministro de Protección Social que, aparentemente, no tenía nada que ver con el tema; y por qué él tenía interés en conocer datos en mi contra dos o tres días después de que rendí declaración sobre mi voto y sobre las prebenda que me ofrecieron, entre otros, él.

Palacio sostiene que nunca tuvo que ver con usted.

Diego Palacio ha intentado siempre quitarme credibilidad. Por ejemplo, me denunció porque yo había enviado a mi hija menor ‘Darelis’ Durán a un seminario de derechos humanos en Perú, según dijo, con dinero y tiquetes del Congreso. Lo que no sabía el ministro era que en el momento que él relacionaba, mi hija menor, que no se llama como él dijo sino Yidis Daniela Durán, tenía cuatro años. Fue tan absurdo ese cuento que la Corte ordenó la preclusión del caso de una vez. Si nunca tuvo que ver conmigo, ¿por qué se preocupa tanto por desacreditarme?

¿No se sintió intimidada con el ambiente tenso que se vivió en esa audiencia, en que se notaba hostilidad contra usted de parte de los procesados y sus abogados?

No. No soy persona que baje la cabeza. Y menos si estoy contando la verdad. Mientras decía lo que tenía que decir, miraba de frente a Diego Palacio, a Alberto Velásquez y a Sabas Pretelt. Y también a sus defensores. Pero no me sentí hostilizada por el fiscal ni por los magistrados.

Usted estuvo detenida en su casa tres años, y dos y medio en El Buen Pastor. ¿Quiénes fueron sus compañeras de prisión?

Paradójicamente, tuve al lado de mi celda a dos exfuncionarias del DAS, la agencia que hizo los montajes en mi contra. También estuvieron en el mismo lugar conmigo dos exalcaldesas, una exfiscal de Neiva, la detenida de la DIAN y unas condenadas por parapolítica.

¿Cuáles exfuncionarias del DAS eran sus vecinas de celda?

Martha Leal, subdirectora de operaciones de Inteligencia y quien tuvo mucho que ver con los montajes y chuzadas contra mí, y Jacqueline Sandoval, directora seccional del DAS en Antioquia.

¿Cómo fue la convivencia con ellas dos?

En general, fue una convivencia pacífica, entre otras razones porque decidí mantenerme lejos, leyendo la Biblia y organizando el observatorio de derechos humanos de El Buen Pastor. Hubo problemas derivados de la rutina, pero eran superables.

De todas maneras debe ser difícil tener cerca todos los días a quienes lo espiaron a uno. ¿No lo sintió así?

Jacqueline Sandoval no tuvo nada que ver con los montajes contra mí. Ella estaba presa por el caso del grupo clandestino G3, que se creó para hacerles seguimientos a las ONG, a unos abogados y a periodistas. Con ella no tuve ningún inconveniente y, por el contrario, congeniamos a pesar de que venía de la entidad que me persiguió. Tuve la oportunidad de hablar con ella sobre lo que pasó y me pidió perdón. Jacqueline es una gran persona y me ayudó espiritualmente.

Supongo que tuvo mayores prevenciones con Martha Leal, la exsubdirectora de inteligencia que confesó haber ordenado los seguimientos en su contra.

La traté con cordialidad a pesar de que tenía reservas sobre ella. Sin embargo, sólo me di cuenta de la verdadera dimensión de lo me habían hecho en el DAS cuando se me reconoció el carácter de víctima en el proceso adelantado por la Fiscalía por las ‘chuzadas’. Fue cuando me mostraron unas cajas con información sobre el caso. Así me enteré de que Martha se había reunido con el Tuso Sierra (extraditado posteriormente), con el hermano del expresidente Uribe, Santiago, y con el abogado Sergio González (hoy condenado por el montaje contra el exmagistrado Iván Velázquez en el caso Tasmania) para preparar varios montajes. Algunas de esas reuniones tuvieron lugar en la cárcel de Itagüí.

Leal confesó ante la justicia la participación de ella y sus subordinados en los seguimientos de la época. ¿Habló con usted sobre este tema?

 Martha reconoció en sus declaraciones que a través de su oficina le pagaron $20 millones al fotógrafo Jesús Villamizar quien, en rueda de prensa citada por la jefa de Martha, María del Pilar Hurtado, aseguró que tenía unas fotografías mías vestida como guerrillera. El testimonio de Villamizar hizo parte del proceso que acaba de caerse. Fue por eso que supe que Martha intervino en los montajes en mi contra.

¿Nunca hablaron sobre lo que habían hecho el DAS y ella contra usted?

Paradójicamente no lo habíamos hecho, pero faltando ocho días para que me dieran la noticia de que el proceso por el que me habían condenado a 32 años de cárcel se había caído y que quedaba en libertad, pasó algo extraordinario: estábamos en un grupo de oración y ella contó que cada vez que la llevaban detenida a las instalaciones de Aquimindia, volvían y la trasladaban a El Buen Pastor. Y que ella se preguntaba por qué tenían que asignarle una celda, preciso, al lado de la de Yidis. Dijo que ella le decía a Dios que por qué le sucedía eso, hasta cuando creyó entender que tenía que sincerarse conmigo. Así fue como hablamos y admitió que participó en acciones contra mí. Me pidió perdón y lloró. Yo también lloré. Fue un acto de grandeza de Martha, que le agradezco.

En ese momento también se dijo que el fotógrafo les había entregado fotos suyas a unos paramilitares. ¿Fue cierto?

Sí. A Jesús Villamizar también lo llevaron a la cárcel de Itagüí en donde estaban presos alias el Tuso y alias Tasmania y, según el expediente, él les pidió $30 millones para entregarles las fotos. Al parecer le dieron esa plata el Tuso, Julián Bolívar y Ernesto Báez. Y Villamizar les entregó una foto en la que se ve a una mujer gordita, vestida como guerrillera. Pero la fotografía no tiene cabeza, es decir, está tomada del cuello para abajo, lo cual, por supuesto, demuestra que no tenía nada. El fotógrafo no actuaba solo. Todo estaba arreglado para presentar varios testigos y hacerme condenar, como ocurrió en un juzgado. Solo que no contaron con que las contradicciones y las mentiras iban a hacer que el tribunal tumbara la condena.

¿Leal le reconoció que ella misma le pagó al fotógrafo los $20 millones? ¿De dónde salió la plata?

Sí. Ella me contó que ese dinero salió de las cuentas de gastos reservados del DAS y que para que su oficina le pudiera pagar al fotógrafo se inventaron un operativo contra las Farc para maquillar la salida del dinero y que no quedara registro del verdadero motivo del pago. Sé que Martha declaró esto ante la justicia para que se le conceda el principio de oportunidad.

Según lo que dijo, ¿a ella le constaría que los montajes en su contra y contra algunos magistrados se hicieron con la participación y conocimiento de José Obdulio Gaviria, Santiago Uribe y el exsenador Mario Uribe?

Sí, porque la misma Martha se reunió en Medellín con los Uribe y con el Tuso Sierra. Y éste reconfirmó ya esa versión en sus declaraciones ante la Corte.

Y en cuanto a los seguimientos y espionaje, ¿qué le contaron Leal y Sandoval, la otra exfuncionaria del DAS?

Tanto Jacqueline como Martha dicen que hay unos inocentes que están pagando cárcel y que unos culpables están libres. Se refieren a María del Pilar Hurtado y a otras personas que están en el exterior. Martha reconoce que se cometieron muchas equivocaciones y que la mayoría de sus compañeros se dejó llevar por la consigna que les repetían desde el gobierno casi todos los días: hágalo para salvar la patria.

¿En algún momento usted y Leal discutieron o se reprocharon lo sucedido?

No, pero ¿le cuento la verdad? Cuando el juez me condenó a 32 años de cárcel por el supuesto secuestro que ella junto con otros funcionarios del gobierno me habían montado, la miraba y me provocaba pegarle. Pero enseguida me arrodillaba y le pedía a Dios que me diera control y que me enseñara a perdonarla. Me costó mucho trabajo entender que ella, que había participado en la persecución y los montajes contra los supuestos enemigos del gobierno, estuviera pagando ocho años. Y que yo, que era la víctima de ella, fuera a quedarme encerrada 32. Por eso me encerré y lloré, lloré y lloré. Hoy sé que la justicia puede funcionar y que puedo perdonar.

¿A la hora de despedirse se dieron la mano?

Aunque no lo crea, la despedida fue triste, porque uno es solidario con sus compañeros. Cuando empecé a caminar hacia la salida, mis vecinas de celda se agolparon en la ventana para ver cómo me iba. No miré para atrás para no llorar viendo las lágrimas de ellas. Fue una sensación de felicidad por la libertad, pero de tristeza por dejar en el encierro a otras personas que han cometido errores como yo.

¿Cree que la cárcel la transformó?

Creo que hoy soy un mejor ser humano. Crecí espiritualmente y me reencontré con Dios.

Un trago amargo

Tuvo lugar, en la Corte Suprema, la audiencia para la primera declaración de la exrepresentante Yidis Medina en contra de tres de los más altos y cercanos funcionarios del expresidente Álvaro Uribe por las prebendas que estos le habrían ofrecido a ella en el año 2004, como pago por su voto a favor del cambio constitucional con el que sería posible la reelección del jefe de Estado en ejercicio, una figura hasta ese momento prohibida por la Constitución. La audiencia era llamativa, no sólo por la confrontación entre sus protagonistas, sino porque era la primera aparición pública de Medina después de quedar en libertad, cumplida su condena por esos mismos hechos y recién fallada la revocatoria de otra condena contra ella, por un supuesto secuestro que habría ordenado. El Tribunal Superior de Bucaramanga encontró graves inconsistencias en los testimonios y sugirió que este último proceso tuvo móviles políticos. En la audiencia fue notorio el intento de los investigados de continuar restándole credibilidad a sus afirmaciones pero también la actitud del fiscal y de la Corte, de permitirle que hablara sin presiones. Mañana se presentará otra nueva audiencia para que los procesados y sus abogados le contrapregunten a Medina.

“Ni odio ni rencor, pero sí impotencia”

Hace unos días se reencontró con sus denunciados, los exministros Pretelt y Palacio y el exsecretario Velásquez ¿Cuánto hace que no los veía?

Hace más de cinco años y aunque fue una situación muy incómoda, no dudé en ir a la Corte a rendir testimonio en el proceso que les siguen a ellos por el delito por el que pagué cárcel. Fue duro porque después de ese tiempo me encontraba frente a los que me hicieron tanto daño y quisieron hacerle creer al país que yo era una psicópata, una guerrillera, una paramilitar o una secuestradora para desprestigiarme cuando decidí contar la verdad de mi voto por la reelección de Álvaro Uribe.

¿Qué sintió en ese momento?

No era odio ni rencor, pero sí impotencia porque la justicia no ha actuado contra ellos.

En todo caso, usted acaba de recibir una buena noticia: la otra condena en su contra, a 32 años por secuestro, se cayó.

Cierto. Revocaron la condena por un proceso que se inventaron para castigarme. Tal vez, los tres exfuncionarios de presidencia esperaban que cuando me tocara rendir testimonio contra ellos, lo hiciera en calidad de condenada por secuestro. ¿Cuál credibilidad iba a tener mi declaración en esa condición? Pero no contaban con que ese fallo se cayera antes de la audiencia.

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